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martes, 14 de mayo de 2013

tuvo que ser Cajías de la Vega uno de los historiadores más próximos al Régimen que se encargara de puntualizar "la enorme importancia de los franciscanos" en la conservación, preservación del patrimonio religioso cultural de Bolivia. su conocimiento avala a los religiosos


El robo de joyas pertenecientes a la Virgen de Copacabana, a más de la pérdida patrimonial que significa y la que todos lamentamos, ha tenido también consecuencias sociales profundas. Una de ellas, por demás injusta, ha sido poner en duda la encomiable labor de los franciscanos en defensa y custodia de nuestro patrimonio cultural.
Para comprender esa labor, es importante recordar antecedentes sobre la producción del patrimonio y la gestión de ese patrimonio. En cuanto a lo primero, la Iglesia Católica ha sido y es una de las instituciones que ha producido más bienes de patrimonio artístico, histórico e inmaterial. No por nada, cinco de los patrimonios bolivianos, declarados patrimonio de la humanidad, tienen relación con la fe católica: Potosí, Sucre, las Misiones de Chiquitos, el Carnaval de Oruro y la Fiesta de San Ignacio de Moxos.
Ese patrimonio en obras de arquitectura, pintura, escultura, orfebrería, platería, libros, manuscritos y tantos otros es enorme y está disperso por toda la geografía de nuestro país.
Por ello, desde hace décadas, la gestión de ese patrimonio es mixta. Las medidas de salvaguarda (inventario, catalogación, registro, conservación, restauración, difusión, transmisión, formación, concienciación y  aprovechamiento turístico) han sido y son asumidas por el Estado, la Iglesia Católica y la comunidad. Un ejemplo, entre miles, la iglesia de Calamarca ha sido restaurada, arquitectónica, escultórica y pictóricamente por el entonces Viceministerio de Culturas, gracias a la cooperación internacional, el municipio también da su aporte; la Iglesia y la comunidad que nombra cada año un ecónomo para el cuidado, se encargan de la conservación.
Según el caso, el énfasis de la responsabilidad de la gestión recae en una de las tres instancias. En los sitios patrimoniales, donde se mantiene la fe viva, la Iglesia tiene a su cargo la mayoría de las tareas. Así, por ejemplo, en las iglesias de las Misiones Jesuitas, la mayor responsabilidad ha recaído sobre la Iglesia que es la que más ha invertido en la restauración, pero no por ello el Estado ha dejado de cumplir con tareas como la catalogación y las últimas restauraciones, a través del Plan Misiones, que es un claro ejemplo de gestión mixta.
Lo mismo pasa con el Santuario de Copacabana, uno de los sitios de más devoción religiosa en América Latina. Devoción, que tiene como una de sus manifestaciones populares más difundidas, regalar joyas y vestidos a la Virgen, como muestra de agradecimiento y para que vista como reina.
El cuidado de ese patrimonio, pero sobre todo la labor pastoral, han sido encomendadas a la orden franciscana, cuya valiosa labor ha sido puesta en duda por algunas personas, amigas del juicio fácil.
Por ello es necesario recordar que la orden de los franciscanos es una de las instituciones que más trabaja en la gestión cultural de nuestro patrimonio. Baste mencionar la Biblioteca y Museo Franciscano de Tarija; el Museo Franciscano de Potosí; el Museo Franciscano de La Paz; la Biblioteca y Museo de La Recoleta de Sucre y el propio Museo de Copacabana. Inclusive intervinieron en la restauración de las Misiones de Chiquitos, tanto que en un mensaje iconográfico en la iglesia de Concepción, está el mensaje: “construido por los jesuitas, restaurado por los franciscanos”.
Frente a los defensores del patrimonio están los destructores y entre ellos están las mafias internacionales que se dedican al saqueo y a la comercialización de los bienes patrimoniales;  bienes que, desgraciadamente, tienen un amplio mercado internacional. Por esa razón, es que existen en la actualidad numerosos convenios internacionales para luchar contra la apropiación indebida.
Todos esperamos que pronto se recuperen las joyas y se identifiquen a los verdaderos culpables; pero, lo más importante, es que se restablezcan la confianza y las buenas relaciones en el Santuario, que se eviten las generalizaciones y que se reconozca la enorme labor que hacen los franciscanos en beneficio del patrimonio cultural y por su labor de apostolado; por la cual muchos han renunciado al disfrute de la belleza de su región de origen (la Toscana o Eslovaquia, por ejemplo), para cumplir esa labor en Bolivia.
Finalmente, no hay que olvidar que cuando algunas malas autoridades y la parcialidad indígena Urinsaya de Copacabana, se oponían a la entronización de la imagen de la Virgen de Copacabana, los franciscanos apoyaron a Francisco Tito Yupanqui para que termine la bella imagen y la reciban en Copacabana.

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