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sábado, 2 de marzo de 2013

"la sede vacante" o la silla vacía. así funciona la Iglesia sin su jefe visible. qué duda cabe que Jesucristo su fundador está allí Presente (El mundo.es)


El periodo de sede vacante no significa que la actividad vaticana permanezca paralizada. En todo caso, hay cuestiones que, a partir de ayer y hasta el nombramiento del nuevo Pontífice, tendrán que esperar durante este hiato en el que la Iglesia carece de una cabeza visible. Así, el gobierno provisional del Vaticano sí podrá atender problemas menores, como el alojamiento de los cardenales que participarán en el cónclave o la compleja organización litúrgica de estos días; pero por otro, cualquier visita diplomática, y no digamos ya la promulgación de leyes, quedan aplazadas hasta después de la fumata blanca. Y es que todo se rige por el principio «nihil innovetur»: nada debe innovarse. A continuación, estos serían los pasos a seguir para la gobernación, durante estos días, del Vaticano.
Cese de todos los cargos
Todos los jefes y miembros de los dicasterios de la Curia cesan en sus cargos: jefes de los dicasterios de la Curia romana, el cardenal secretario de Estado, los cardenales prefectos y los presidentes arzobispos, etc. Con todo, están cesados en funciones, pero en la práctica, se podría recurrir a los ministros vaticanos si se les necesita. De hecho, lo lógico sería que el nuevo Pontífice renueve de nuevo estos cargos nada más hacerse cargo de la barca de San Pedro. «Este cese es un signo de que nada se innova», explica Javier Otaduy, profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra. Con todo, dos cargos «sobreviven»: el cardenal camarlengo, Tarcisio Bertone, y el penitenciario mayor, Manuel Monteiro de Castro.
Mandan los cardenales
Tanto Bertone como Monteiro de Castro «siguen ocupándose de los asuntos ordinarios, sometiendo al Colegio de los Cardenales todo lo que debiera ser referido al Sumo Pontífice», según el artículo 6 de la Constitución Pastor Bonus. Así, mientras esté vacante la sede apostólica, el gobierno de la Iglesia quedará confiado al Colegio de los Cardenales «sólo para el despacho de asuntos ordinarios o inaplazables» y «para la preparación de todo lo necesario para la elección del nuevo Pontífice», estipula el artículo 2 de la Constitución Domini Gregis. «El gobierno vaticano lo lleva el Colegio Cardenalicio, que se reúne en las Congregaciones Generales de forma diaria hasta que se ponga en marcha el cónclave para elegir al nuevo Papa», apunta Otaduy. Así, el camarlengo Bertone se limitaría a presidir las reuniones plenarias de los cardenales, liderados por Angelo Sodano. Con todo, su primera decisión es especialmente trascendente: la elección de fecha para la reunión del cónclave. La primera congregación se celebrará el próximo lunes 4 de marzo, según anunció ayer el cardenal de Nápoles (Italia), Crescenzio Sepe. Es probable que, tal vez, ya ese día se anuncie la fecha del cónclave.
Una pequeña «cúpula»
Pero, junto a la Congregación General, también hay una Congregación Particular, formada por el camarlengo, el vicecamarlengo y tres cardenales asistentes, que debe «cuidar y administrar los bienes y los derechos temporales de la Santa Sede». «Esta congregación despachará cuestiones más inmediatas y menores», dice Otaduy. Hay que señalar que, tradicionalmente, una de las labores más conocidas realizadas por el camarlengo era la de verificar la defunción del Papa a través de los tradicionales golpes de martillo, así como sellar el estudio y la habitación personal del fallecido.
¿Y durante el cónclave?
A esta extraordinaria situación se suma una dificultad más. Hasta ahora, hemos repasado quién gobierna la Iglesia durante el período vacante. Pero, ¿qué ocurre durante el cónclave que tiene la misión de elegir al sucesor de Benedicto XVI? No en vano, ésta es su misión exclusiva durante el periodo que separa el «extra omnes» del «habemus papam». Y tanto Bertone como Sodano estarán ausentes para otros asuntos. Por ello, la Domini Gregis explica que la gobernanza vaticana estaría entonces en manos del sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Angelo Becciu; el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti; y los secretarios de los Dicasterios de la Curia romana, que conservan la dirección de sus oficinas «y responden de ello ante el Colegio de los Cardenales».
En caso de crisis...
Las constituciones vaticanas no reflejan en ningún caso un «sustituto» temporal del Santo Padre. Ni siquiera en casos extremos. ¿Y si, por ejemplo, una nunciatura se viera amenazada en un país extranjero? ¿Y si se produjera un conflicto internacional en el que un representante de la Iglesia debe pronunciarse? La excepcionalidad de la situación actual provoca que este tipo de cuestiones estén abiertas. «El camarlengo podría tomar una decisión, pero también están las nunciaturas de cada país. Y sería la Congregación General quien realizaría peticiones formarles o pediría ayuda», señala Otaduy. «El camarlengo tiene cierta capacidad de decisión, pero a la vez está muy atado por la normativa. Por ejemplo, si durante estos días llegara un embajador al Vaticano, no habría ningún equivalente al Santo Padre que pudiera recibirle», opina por su parte Francisco Varo, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (UNAV) y capellán mayor.

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