Páginas vistas en total

viernes, 19 de abril de 2013

Pedro Shimose destaca y agradece la ingente labor apostólica de un Obispo que se va Luis Casey impulsó la Catedral de Riberalta


Dentro de cinco días, el martes 24, Riberalta se vestirá de fiesta. Monseñor Eugenio Coter (Gazzaniga, Bérgamo, Italia, 11/07/1957) será ordenado obispo en una ceremonia solemne celebrada por el cardenal Julio Terrazas y concelebrada por monseñor Tito Solari, arzobispo de Cochabamba, y por monseñor Luis Casey, obispo cesante del Vicariato Apostólico de Pando. El nuevo vicario –monseñor Coter– llegó a Bolivia en calidad de misionero adscrito a la arquidiócesis de Cochabamba (1991) y un año después ejerció funciones parroquiales en Sacaba, Villa Tunari y Condebamba. Desarrolló labores administrativas y pastorales (1992-2012) hasta dirigir el Seminario San Luis, de Cochabamba. A partir de la próxima semana, se enfrenta a un nuevo reto.
Quien se jubila es monseñor Luis Casey (Potosí, Missouri, EEUU, 23/06/1935), a sus 77 años de edad, 45 de apostolado y 29 de obispo al servicio de Bolivia. Con la salud quebrantada por la diabetes y con el corazón herido por dos infartos, este obispo merece nuestro afecto y nuestra gratitud. Cuando llegó a Riberalta, le precedía la fama de su admirable obra pastoral en el altiplano boliviano. Aprendió español y aimara, fue cura párroco en Viacha, obispo auxiliar de La Paz, vicario de El Alto y presidente de Caritas/Bolivia, institución que dirigió con maestría, equidad y cordura.
Fiel a la doctrina de la Iglesia, monseñor Casey no se desentendió de la defensa de los derechos humanos en tiempos de dictaduras y en “tiempos de cambio”. A partir de 1984 se empeñó en construir una catedral en Riberalta, ciudad populosa de la provincia Vaca Díez  (Beni).
Al comienzo, entregó la gestión de su proyecto a los laicos del vicariato, pero estos lo defraudaron. Los fondos de la Fundación Pro Catedral de Riberalta fueron expoliados y malversados dos veces. Ante este panorama desolador, monseñor Casey tomó las riendas del proyecto hasta dar por terminada la construcción de la bella catedral, fruto de sus desvelos.
A mí me conmovió su Informe sobre la construcción de la catedral de Riberalta: rindió cuentas hasta el último centavo. También edificó iglesias, capillas, colegios, complejos deportivos y unidades sanitarias en Pando y parte del Beni, pero su gran obra no es material ni económica. Nos lega una gran labor pastoral, de gran calado civilizador entre los indígenas de la región y entre la gente humilde –siringueros, campesinos y castañeros– que lo recordarán por siempre. Por todo esto, muchas gracias, monseñor Casey. // Madrid, 19/04/2013 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

invitación a comentar lo publicado. la única restricción está en un lenguaje pulcro, directo, sin insultos ni palabras soeces que dañen la dignidad