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martes, 21 de julio de 2015

suma Alvaro Riveros su protesta a otras ya publicadas. "grotesco espantajo obsequiado a Francisco" para significar que comunismo y catolicismoson compatibles. al papa lo han venido atosigando con símbolos para que se pronuncie. Francisco eludió por ej., el caso de la coca, que no se llevó a la boca, como los masista insinuaron....

Jesús crucificado sobre la Hoz y el martillo, símbolo inequívoco del comunismo ateo,es un grotesco espantajo que al ser obsequiado al Papa Francisco ha debido impactarsobre sus sentidos con la misma fuerza que el epígrafe de este artículo, ocasionándole un desconcierto tal, que sólo se limitó a decir: “no está bien eso”.

De ahí que tratar de explicar dicho acto, involucrando en su elaboración al finado sacerdote jesuita Espinal, más que una impostura, constituye una afrenta a la inteligencia de los bolivianos, pues dicha excusa simplista se traduce, como si un rabino judío se diese a la tarea de esculpir una estrella de David sobre una esvástica. 

De la misma manera la explicación brindada por un ministro, de que la imagen del obsequio de marras significa que el comunismo y la iglesia son compatibles, al margen de anacrónica esincongruente y Marx, Lenino Stalin se estarían retorciendo en sus tumbas,al oír semejantedisparate.

Desconocer o ignorar el significado de los símbolos es contravenir las leyes de la Semiótica, que es la ciencia que trata precisamente del estudio de éstos, como la expresión tangible de una ideay el poder que éstosejercen sobre lospueblos. Los gobiernos populistas que rigen sobre las sociedades que los eligieron, suelen echar mano frecuentemente a los símbolos para aglutinar adeptos en torno a ellos y tratar de sustituir aquellos que la religión ha aplicado desde hace miles de años atrás.

Desde su llegada a El Alto de La Paz, el Papafue agasajado con innumerables presentes que tenían fines determinados, como la chuspita de coca colgada a su cuello, no bien hubo descendido de las escaleras de la aeronave que lo trajo a Bolivia. Pese a las reiteradas e intencionadas proposiciones de que se lleve a los dientes la hoja sagrada, acto que habría simbolizado una suerte de comunión con esa costumbre ancestral, él no lo hizo, posiblemente advertido por quienes llevan la política del Vaticano, por la simple razón de que con ello echaba por la borda los convenios de Viena y los esfuerzos de las Naciones Unidas defrenar el tráfico de drogas, a través de la reducción del acullicu y el cultivo de esta planta.

En lo referente al crucifijo de marras, pese al revuelo mundial que se armó por ese acto tan chabacano, ha tenido que suceder algo muy similar. Como lo cortés no quita lo valiente, la decisión fue meter el espantajo dentro de la chuspitay llevarse a Roma al Cristo comunista.

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