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viernes, 17 de julio de 2015

analiza el triple rol de Francisco. como el Pastor, como Pontífice y como Jefe de Estado lo aplica la reciente visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay concluyendo que fue extraordinario, eficiente y prudente y que pueden mostrar resultados variables y hasta diferentes. autor Carlos Sánchez desde USA.

El Papa, el líder mundial, el padre espiritual de los católicos, el Vicario de Cristo, el Sumo Pontífice romano, el sucesor de San Pedro en el Gobierno universal de la Iglesia Católica, es su cabeza visible y el Jefe del Estado Vaticano. Sus homilías, mensajes, discursos, viajes,  encíclicas, comunicaciones, generan impresiones y efectos diferenciados, dependiendo de la posición o el interés del público. Esta posición de extraordinario poder e influencia representa el ejercicio de por lo menos tres funciones o condiciones: el pastor, el Pontífice y el Jefe del Estado.
Papa “es la voz para llamar al padre”, en el latín clásico representa “tutor o padre”. Es la denominación exclusiva del Romano Pontífice desde el siglo XI. También se le da el significado de un acrónimo del latín “Petri Apostoli Potestatem Accipiens: el que sucede al Apóstol Pedro”, recordando que en el Evangelio de Mateo, luego que Pedro afirma que Jesús es el Cristo, éste lo instituye como “la piedra sobre la que edificaré mi iglesia”.
El Papa como PASTOR es reconocido como el padre espiritual de los fieles católicos, la máxima autoridad que cuida la congregación de creyentes. Este rol está fundado en la fe que es “el conjunto de creencias de una religión”, y que en el catolicismo es “la primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios propuesta por la iglesia”. Es el “siervo de los siervos de Dios” y sin duda, ésta es la principal función que genera y refleja la confianza, creencia y seguridad de los católicos en su líder máximo.
El Papa como PONTÍFICE es “el prelado supremo de la Iglesia Católica Romana”, el Jefe Supremo de la estructura eclesiástica que comprende a todos los ordenados y la congregación de fieles.  El Sumo Pontífice es el “jefe del Gobierno eclesiástico general”, en un sistema que determina la organización y jerarquías de la religión. Es el jefe “infalible” de una organización con capacidad legal, patrimonio e intereses, que se relaciona con otros sujetos sociales, políticos, civiles, privados y estatales en todo el mundo. Ejerce en la Santa Sede que “es la expresión con la que se alude a la posición del Papa como cabeza suprema de la Iglesia Católica”.
El Papa como JEFE DE ESTADO, es la autoridad máxima del Estado de la Ciudad del Vaticano, “el estado independiente más pequeño del mundo”, que nació con el Tratado de Letrán firmado entre la Santa Sede e Italia el año 1929. Su forma de gobierno es la “Monarquía Absoluta” y el Papa “como Jefe de Estado tiene plenos poderes legislativo, ejecutivo y judicial”, que puede delegar. Ejerce la representación y relaciones con los demás Estados y organismos internacionales.
Recordando esta “trinidad” tenemos herramientas para el análisis, con las que podremos establecer si los mensajes son pastorales, pontificios, estatales, o una mezcla de ellos; observar quién, con qué interés o propósito actúa, a quién y por qué dirige tal o cual señal. Si estamos en el campo solamente de la fe, como católicos, escucharemos al Pastor sin objeciones e incluso con obediencia; si interesa analizar las relaciones de la Iglesia Católica y de sus intereses con gobiernos y organizaciones, veremos acciones del Sumo Pontífice; y si reparamos en las relaciones y política internacionales observaremos al Jefe de Estado.
Las concentraciones y misas multitudinarias en Ecuador, Bolivia y Paraguay demostraron que la popularidad del Papa Francisco supera en mucho la de los gobernantes visitados y fueron el escenario para el Pastor. En sus homilías en Ecuador destacan: la invocación papal a favor de “la familia como la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir”; la “educación como una herramienta de responsabilidad social”;  y la notable “alerta sobre los sectarismos” y la “tentación de dictaduras y liderazgos únicos”.
Las reuniones privadas con los jefes de gobierno son el escenario del Pontífice y del Jefe de Estado. Evo Morales declaró el año 2009 que “la Iglesia Católica es un símbolo del colonialismo europeo y por lo tanto debe desaparecer de Bolivia”, suplantó la constitución y borró a la religión católica; suprimió licencias de radiodifusión, acotó convenios de educación y salud a la Iglesia Católica; se confronta con obispos y sacerdotes que defienden la libertad; impulsa el cobro de impuestos a los templos y limosnas a la Iglesia… planteando desafíos para el Sumo Pontífice, lo mismo que el resto de las dictaduras del socialismo del siglo XXI, Ecuador, Cuba, Venezuela… donde violan los derechos humanos y acosan a la Iglesia Católica cuando los defiende. Conflictos entre gobierno y la Iglesia por la realidad que muestra perseguidos, presos y exiliados políticos.
El Papa pidió en Paraguay “que nunca más existan guerras como la de la triple alianza”. En Bolivia mencionó el tema del mar aunque en el vuelo de retorno a Roma, explicando su condición de Jefe de Estado, dijo que no intervendría al estar pendiente una acción del tribunal internacional. En los tres países los gobernantes llenaron de regalos al Jefe de Estado, incluido el “crucifijo comunista” que le dio Morales.
Los hechos indican que en el viaje que terminó, el Pastor fue extraordinario, el Pontífice eficiente y el Jefe de Estado prudente. Las acciones del Papa analizadas en sus funciones de Pastor, Pontífice y Jefe de Estado, pueden mostrar resultados y efectos variables y hasta diferentes.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy.

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