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miércoles, 17 de agosto de 2011

Gregorio Iriarte oblato de M.Inmaculada rinde homenaje a Mauricio Lefebre otro oblato que murió asesinato cuando atendía a los heridos en la toma de poder de Bánzer. Conocí a Mauricio en Radio Pío XII. Simpatía y bondad.

El P. Mauricio Lefebvre llegó a Bolivia con los primeros Misioneros Oblatos canadienses el año 1953. Como misionero participó en el trabajo pastoral y social en el Distrito Minero de Catavi, Llallagua y Siglo XX.

Al cabo de unos años, sintió la necesidad de conocer mejor la realidad de Bolivia y de América Latina y para ello viajó a Roma para estudiar sociología.

Volvió a Bolivia tres años después repleto de ideales y soñando con una nueva sociedad más justa y más fraterna.

Entró como catedrático de sociología en la Universidad de La Paz y en ella fundó la Carrera de Sociología pensando en la formación de hombres nuevos solidarios con los marginados de nuestra sociedad. En sus clases en la UMSA contagiaba a los jóvenes estudiantes con su entrega y con su optimismo jovial. Buscaba lograr que sus alumnos tuvieran hambre y sed de justicia y que no se limitaran a aprobar sus exámenes.

Cuando en agosto del 1971, el coronel Hugo Bánzer Suárez tomó el poder a “sangre y fuego”, Bolivia toda se estremeció, sobe todo, por las numerosas víctimas inocentes de ese golpe de Estado.

Atendiendo a un pedido clamoroso de la Cruz Roja Boliviana, el padre Mauricio fue a socorrer a los heridos que yacían en la calle. Iba en una camioneta cubierta con la bandera de la Cruz Roja, acompañado de un médico y de una enfermera.

Se acercó hasta los heridos en medio de los disparos y una bala mortal le atravesó el pecho. Cayó de su movilidad y quedó tirado en la calle, desangrándose.

Intentaron socorrerle pero el fuego de los fusiles y las ametralladoras era constante. Cuando oscureció pudieron retirar su cuerpo pero ya sin vida. Tenía 48 años de los cuales 18 había pasado en Bolivia.

Se pudieron constatar 32 impactos de bala sobre su movilidad. Esto quiere decir que su heroica muerte no fue un accidente causada por una bala perdida…

El recuerdo imperecedero de Mauricio ha de quedar vivo para siempre en la historia de Bolivia, su Patria de adopción: por su vida y por su muerte, por su palabra y su acción, por su pensamiento y por su testimonio, se le ha de recordar a Mauricio siempre como modelo de hombre, de sacerdote, de sociólogo y de revolucionario. 

Su muerte heroica no fue un simple accidente, ni una pura casualidad, ni un destino fatal, ni un regalo del Cielo… Fue una consecuencia lógica de su vida, fue lo que normalmente tenía que ser. 

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