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miércoles, 29 de junio de 2011

cuánta gratitud de Benedicto XVI por la vocación sacerdotal. cumplió 60 años como sacerdote católico desde un humilde cura de almas, prelado, cardenal y Jefe de la Cristiandad

CIUDAD DEL VATICANO- La celebración de ayer de San Pedro y San Pablo tuvo un significado especial para la Iglesia, pues la conmemoración del martirio de los dos apóstoles coincidió con el 60 aniversario de la ordenación como sacerdote de Benedicto XVI. Por ello el Papa recordó la raíz «divina» de la vocación sacerdotal y agradeció el apoyo, las oraciones y las muestras de afecto recibidas estos días. «Os lo agradezco a vosotros y sobre todo al Señor por su llamada al ministerio», dijo el Pontífice desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico a los peregrinos congregados en la plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus.


Durante la misa celebrada en la basílica vaticana, Benedicto XVI impuso el palio a 41 arzobispos metropolitanos. Esta estola de lana blanca simboliza la comunión de los prelados con el Papa «en la misión de guiar al pueblo de Dios hacia la salvación», como recordó el propio Pontífice. El palio «nos puede recordar ante todo el suave yugo de Cristo que se nos pone sobre los hombros», el cual es «idéntico a su amistad». Entre los obispos presentes había 17 latinoamericanos y un español, Luis María Pérez de Onraita Aguirre, titular de la archidiócesis angoleña de Malanje, de reciente creación.

Durante la homilía, el Santo Padre recordó las palabras que el cardenal Faulhaber le dedicó a él y a los otros sacerdotes que fueron ordenados hace sesenta años. «Ya nos os llamo siervos, sino amigos», les dijo el entonces arzobispo de Munich el 29 de junio de 1951. «Yo sabía y sentía que ésta no era sólo una palabra ceremonial y era también algo más que una cita de la Sagrada Escritura. Era bien consciente: en este momento, Él mismo, el Señor, me la dice a mí de manera totalmente personal. Él me llama amigo», recordó Benedicto XVI.

Calidad y paciencia
Utilizó el Papa la metáfora del vino para preguntarse por el fruto que Dios espera de los hombres. «Para que una buena uva madure, se necesita sol, pero también lluvia, el día y la noche. Para que madure un vino de calidad, hay que prensar la uva, se requiere la paciencia de la fermentación, los atentos cuidados que sirven a los procesos de maduración», dijo el Pontífice, preguntándose luego si ésta no es una imagen de la vida humana y, en particular, de la vida sacerdotal. Por ello hacen falta «sol y lluvia», «dificultades y alegrías», pues en todas situaciones se «reconoce la presencia del amor» divino. En su larga homilía, el Papa recordó que «verdadero fruto» que Dios «quiere de nosotros» es el amor hacia Él y al prójimo. Dicho amor «requiere que se cumpla siempre, también en el sufrimiento», pues es así como «crece la verdadera alegría». «En el fondo, la esencia del amor, del verdadero fruto, se corresponde con las palabras sobre el ponerse en camino, sobre el salir: amor significa abandonarse, entregarse por completo», concluyó Benedicto XVI.

1 comentario:

  1. Hola, me ha gustado mucho el tema que tienes en tu blog, me parece muy bonito.

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