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martes, 5 de abril de 2016

Pastoral de la Iglesia, reacción de LT horas después,. El Deber y El Dia uno tras otro, hoy el turno es de OPINION los Obispos deberían ser esuuchados y en lugar de molestarse el Gobierno debería exponer una estrategia real contra lo narco y un plan para reestructurar la Policía.

Quien lea las 48 páginas de la Carta Pastoral que la Iglesia católica lanzó el último viernes se dará cuenta de que, en realidad, se trata de un llamado a todos los niveles del Estado y de la sociedad para que dejemos de lavarnos las manos y abandonemos nuestro conformismo para debatir sobre cómo recuperar nuestras sociedades de todos los males que la aquejan, sobre todo de aquellos que el narcotráfico ha ido alimentando como la violencia, los secuestros, las pandillas, etc. Y, en esa labor, de forma autocrítica la Iglesia reconoce que puede hacer más.

La Carta Pastoral hace notar desde un principio que desde hace 34 años viene hablando con preocupación sobre la problemática del narcotráfico, el que ha ido en aumento logrando penetrar en las estructurales estatales. Pero en esto, no solo culpa al Gobierno u otros órganos del Estado, sino que hace notar que absolutamente todos debemos movilizarnos para luchar contra este mal. “Debemos rechazar la tentación de pensar que la solución al problema de las drogas está solo fuera de nosotros: en el Gobierno, en el sistema judicial, en la Policía, en los organismos internacionales u organizaciones sociales de base, entre otros. Cada uno de nosotros debemos movilizarnos y asumir la responsabilidad que nos toca, siguiendo el ejemplo de quienes han respondido con conciencia y tenacidad”.

Esto que ha sido considerado un ataque de la Iglesia al Gobierno de Evo Morales debiera ser visto, más bien, como una nueva actitud de sacerdotes a los que a nivel internacional el papa Francisco jaló las orejas por su costumbre de mirar de palco los problemas en los países. Pero también debiera ser visto como un llamado a todos, en vez de ingresar en las arenas de las susceptibilidades porque, en realidad, los casos mencionados por los obispos vinculados al narcotráfico en Bolivia se produjeron el año pasado y, efectivamente, debiera ser motivo de preocupación el hecho de que policías estén metidos en casos oscuros, situación que, además, se da más seguido de lo que se quisiera escuchar en Bolivia.

Por ello, más que molestarse, el Gobierno debiera pensar si en alguna parte del texto los obispos no tienen alguna razón. ¿Conocen los bolivianos alguna estrategia de lucha contra el narcotráfico por parte del Gobierno?, ¿conocen los bolivianos alguna estrategia de seguridad ciudadana por parte del Ejecutivo?, ¿conocen los bolivianos algún plan de reestructuración de la Policía?

De hecho, estos temas prácticamente estuvieron ausentes en el último informe presidencial al país por cuanto la seguridad fue resumida a unas cuantas cifras vinculadas a cierta dotación de equipamiento y punto, y en el caso del narcotráfico, normalmente todo se resume a determinado número de laboratorios de droga intervenidos. Sin embargo, todos estaremos de acuerdo en que eso no refleja estrategia alguna.

Lo triste del caso es que en mucho de lo que dicen los obispos parecen tener la razón. Los tentáculos del narcotráfico suelen penetrar en todos los niveles si se lo permite. Nadie está exento, ni siquiera los hogares de sano desarrollo porque los hijos de los que no lo son pueden terminar atentando contra los otros. Por tanto, nadie parece estar a salvo.

Y así parecen sentirse de hecho las familias en Cochabamba porque ellas dicen que no se sienten seguras para caminar por la noche. Ese fue el reporte último del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano en Bolivia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. ¿Qué significa esto? ¿Ahora se dirá que esto también es mentira? La población sabe bien cómo se siente, cuáles son sus miedos y por qué teme salir por la noche. 

En verdad, ojalá todos reflexionáramos sobre cuál es mi nuestra cuota en todo esto.

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