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martes, 2 de octubre de 2012

imitar a Jesús. camino, verdad, vida con humildad y compromiso. Obispo Scarpellini. no basta ser autoridad.


El sólo hecho de ser autoridad o detentar el poder no implica ser dueño de la verdad,   señala el Obispo Auxiliar de El Alto, monseñor Eugenio Scarpellini, al indicar que los bautizados deben ser “piedra de escándalo”, imitando a Jesús en favor del indefenso y fomentando la tolerancia en toda instancia y momento.
El Secretario General Adjunto de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB)   afirma que “es importante ser discípulos de Jesús “piedra de escándalo”, pues, “Jesús tiene el valor de ir contracorriente, se enemista con los fariseos porque son hipócritas y legalistas, no juzga, sino que se sienta a comer con publicanos y pecadores, proclama que el culto espiritual es superior a los sacrificios de animales”.
En ese sentido, “ser hoy “piedra de escándalo positiva” significa actuar con amor donde el mundo procede por interés, con la luz de la verdad frente a las mentiras, los engaños y las manipulaciones de la verdad; significa salir de las sacristías, superar el miedo para ser protagonistas, profetas de Dios para un mundo nuevo”.
¡BASTA DE SEGREGACIÓN!
“No podemos criticar, discriminar o demonizar al otro sólo porque piensa o habla diferente. No podemos tildar de malo o peor, callar como sea a quien tiene otra visión de la realidad y de la situación”, señala monseñor Scarpellini.
“La verdad no es monopolio de nadie; no es automático el binomio, la relación “autoridad = verdad”, señala al subrayar que “no porque uno tiene un rol, una responsabilidad en la comunidad, automáticamente todo lo que dice es verdad y bueno”.
“Necesitamos humildad y  sabiduría para aceptar que entre todos podemos construir una comunidad, una sociedad más justa, más fraterna y solidaria”, señala al puntualizar que la inclusión debe ser la moneda corriente en todos y cada uno de los grupos que se forman, pues, es naturaleza del ser humano el deseo de “unirse, construir lazos de amistad y de fraternidad”, venciendo “la tentación de encerrarnos en estos mismos grupos”.
Con la certeza de que “el Espíritu del Señor sopla donde quiere y no podemos encerrar su acción”, el prelado señala que “es cierto que Dios ha querido que haya instituciones que sean lugares de  encuentro y acción privilegiada de su Espíritu, como el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, la Iglesia, los sacramentos, los pastores, el sacerdocio hoy, pero no se ha encerrado de manera exclusiva a todo eso”.
“La libertad de Dios, su acción, su amor son tan grandes que ninguna realidad o persona pueden adueñarse exclusivamente de Él”, remarca al mencionar a las “personas que sin nombrar a Cristo o declararse creyentes, luchan para el crecimiento del Reino de Dios y para que sus valores, verdad, justicia, amor, igualdad y solidaridad se difundan en la sociedad”.
“Esto nos enseña, a los discípulos de Jesús, a practicar y crecer en el respeto y en la tolerancia: debemos superar los celos, los prejuicios y mirar con confianza a quienes actúan con sinceridad en bien de los hermanos, de la justicia y la paz”, subraya al indicar que esta forma de actuar tiene que ampliarse a todos los ámbitos, desde el familiar hasta el grupal y nacional.
MÁS FÁCIL MÁS ATRACTIVO
Enseñando que  “el dinero fácil, el placer inmediato atraen más que la honestidad, la honradez, la laboriosidad y la coherencia de vida”, el Obispo Auxiliar de El Alto indica que es necesaria una “conversión personal”, puesto que es del “corazón del hombre que salen toda clase de maledicencia, impureza, engaños, rivalidades y egoísmos”, como indica la Carta de Santiago.
En ese sentido, “es importante asumir con humildad y compromiso las exigencias de la fe, mirar e imitar a Jesús “camino, verdad y vida”, por lo tanto, “ya no podemos declararnos discípulos y ser insensibles frente a las necesidades y sufrimientos de los hermanos”.
Tampoco, seguir como “cínicos e incoherentes frente a las situaciones de injusticia, callados en situaciones que claman la verdad en defensa de quienes son más débiles y no tienen la fuerza de decirla o la oportunidad de ser escuchados”.
De igual manera, señala monseñor Scarpellini, “es necesaria también una conversión comunitaria”, puesto que “las instituciones públicas, las organizaciones deben recuperar su identidad de servicio para el bien común. De manera especial deben tener una mirada privilegiada con los más pobres y marginados”.  //JTI//

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