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martes, 23 de septiembre de 2008

carmen pérez rodríguez desde periodismo digital religión nos habla de la Fe y la Razón

Yo creo que a solas con nosotros mismos sentimos la gran realidad de nuestra vida: la razón y la fe. Y como nuestra riqueza es la gran apertura de nuestra razón a lo que llamamos el misterio, Verdad, Bien, Belleza, Amor, y nuestro continuo aprender y crecer. Quizás nos perdemos más cuando oímos cosas o críticas, cuando nos lo plantean desde fuera. Porque hay cuestiones que nadie nos las puede arrancar, y nuestras preguntas no cesan. Sea sobre el sentido de nuestra vida, sea sobre lo que acontece, o por el sentido del sufrimiento, o por las personas o situaciones que nos invaden; porque nos va bien, o porque nos va mal. Cada uno sabemos lo que nos orienta, y aclara. Si lo pensamos podemos ser conscientes de que lo importante es nuestra actitud ante lo ocurre, somos nosotros los que damos el sentido concreto a las situaciones que se nos presentan, cada uno contestamos al requerimiento del momento, y podemos transformarlo en algo que nos enriquece, madura, y hace vivir con intensidad. La gran realidad de mi razón es que yo puedo conocer la verdad. Y cuando digo “verdad”, no digo nada abstracto sino la verdad de mi vida y en mi vida. Y cuando oigo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, comprendo que en estas palabras está expresada la pretensión fundamental de la fe cristiana. Cristo es realmente, de hecho, verificablemente el camino, la verdad y la vida. Sólo si la fe cristiana es verdad, afecta a todos los hombres. No es una variante cultural. Hannah Arendt ha planteado este realidad vital de la razón y la fe de una manera muy bella: "Del mismo modo que el arco iris une al cielo con la tierra, y trae a los seres humanos su mensaje, así, el pensamiento y la filosofía unen al cielo con la tierra” Fuera miedos y complejos.Al abrir esta ventana lo hice con una reflexión que llamé: lo razonable. La mentalidad moderna ha reducido la razón a una serie de categorías en las que la realidad se ve obligada a entrar, lo que no entra en esas categorías se tacha de irracional. Esta limitación se ha ido radicalizando. Pero es que esta radicalización, que excluye de la “razón” lo que algunos “ideólogos” determinan, unida al reduccionismo del “nada más que”, está siendo dañina. La razón es la que nos define como personas, por eso hace falta una verdadera pasión por la capacidad de razonar. Nos tenemos que atrever a pensar, ser consecuentes y escuchar en nuestro interior esa voz de la razón que nos muestra lo uno necesario. El Papa Benedicto XVI está realizando una apología de la razón y pidiendo una apertura de la razón. En su lección en la Universidad de Ratisbona toma como punto de partida la frase ya mundialmente famosa: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. Dios es “logos”, el cristianismo se funda en la fe, don y misterio, pero susceptible de ser razonada. No solo no es incompatible con ella, sino que la necesita. No se impone por la fuerza y menos por el extremo de la violencia.Siendo el Papa cardenal Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, le oí una conferencia en Madrid en el Palacio de Congresos con este título Fe, verdad y cultura, fue la presentación de la Encíclica Fe y Razón de Juan Pablo II. Un auténtico referente para la vida tanto en la dimensión personal, como familiar y social en todos los campos. Nada de fundamentalismos en la proposición de nuestra capacidad para la verdad. No se solucionan los problemas con el relativismo tan fuerte que estamos respirando. La fe tiene que ver inevitablemente con la razón. La fe no es algo caído del cielo como un meteorito. La desorientación en la vida se ha convertido en ira, en ataque feroz contra la fe y el anhelo de verdad. El que “de hecho” otras religiones y sistemas no investiguen los caminos de la razón y se obstinen en mitos, privados de consistencia no tiene que influirnos. En contra de lo que postulan la absoluta independencia de la fe respecto de la razón, asume el legado de Santo Tomás centrado en el acuerdo intrínseco entre la razón y la fe. Para preguntarnos acerca de Dios en todo lo que acontece en nuestra vida, tenemos, queramos o no, que recurrir a medios que son razonables. La verdad si está dada deber ser, además, encontrada, lo que supone poner en uso tanto la razón como el entendimiento y la reflexión. La razón nos ha sido dada para vivir con pleno sentido nuestra vida, abrirnos a la fe y encontrarnos con el Dios que nos ha creado, nos ama y quiere nuestra decisión de decir un sí rotundo a Cristo como nuestro camino, verdad y vida. Experiméntemoslo.

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