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domingo, 6 de marzo de 2011

el sincretismo religioso permitió mezclar en un producto común las antiguas creencias paganas con el cristianismo. Oruro y su carnaval son un claro ejemplo que persiste. (La Patria, diario de Oruro)

Los componentes de los 48 conjuntos reafirmaron su fe y devoción a la Virgen del Socavón, tras recorrer por aproximadamente cuatro kilómetros bailando rumbo al Santuario, mostrando hermosos trajes con diversos colores al compás de los sones de diabladas, morenadas, incas, zampoñeros, caporales, cullawadas, tinkus, llameradas, conjuntos autóctonos y estilizados.

La mayoría de los danzarines lucieron trajes con innovaciones en los que los colores violeta, plateado y fucsia fueron los predominantes, aunque la variedad de colores fue diversa como el arco iris que brilla después de la lluvia.

A pesar de estar prohibida la demostración coreográfica de los conjuntos, muchos se dieron modos para utilizar los espacios como la Avenida Cívica "Sanjinez Vincentti" o la Plaza 10 de Febrero, y presentar espectáculos retrasando así el paso de los demás conjuntos.

Las diabladas con su paso imponente que representa la lucha del bien dieron inicio al ingreso de cada uno de los seis grupos en los que están distribuidas las 18 especialidades de danza.

En las cinco diabladas se observaron la presencia elegante de los ángeles y por detrás el grupo de luciferes, satanaces, diablos, chinas, diablesas que son esenciales personales de la principal danza del Carnaval de Oruro.

A continuación de cada diablada, el turno fue de las morenadas que con su paso cansado representan a los esclavos encadenados que realizaban trabajos forzosos en viñedos y minas.

Posteriormente ingresaron los incas representación que se realiza del calvario sufrido por los primeros habitantes de nuestro territorio cuando llegaron los españoles conquistando el imperio incaico.

Los caporales, un conjunto ágil que gusta a los jóvenes hizo bailar a muchas personas a su paso, por ser una danza alegre, además de mostrar una vestimenta que llama la atención año tras año en la que los y las diseñadoras crean modelos con objetos muy propios de nuestro país.

Asimismo, se observó la presencia de los tobas, que representa a las tribus que no fueron doblegadas o conquistadas por los españoles que les permitió conservar sus expresiones culturales.

La danza del tinku, que es un tributo a la Pachamama, es también conocida como "encuentro" y logró hacer bailar a los espectadores con su canto y gritos ante la participación de gente joven en cada uno de los conjuntos de esta especialidad.

Este año los negritos innovaron el uso de caretas de esclavos, para representar de mejor forma a estos personajes y al capataz como un ser inhumano que lleva como principal característica el chicote en sus manos, signo de autoridad.

Las canciones dedicadas a las llameradas, como "quién te ha dicho que me quieras siendo guagua todavía…", lograron emocionar al público que cantó junto a ellos durante la ruta de la Entrada de Peregrinación.

Otra de las danzas que impactó fue la cullaguada, que significa la actividad de hilanderos y tejedores aymaras, que en los últimos años logró atraer con su danza y música a niños, jóvenes y adultos.

Otras danza más originarias como los potolos, khantus, tarqueadas y zampoñeros se llevaron consigo el aplauso de los espectadores tras mostrar una danza ágil y muy autóctona.

Finalmente, los conjuntos de danza estilizada ahora denominadas danzas urbanas de origen autóctono como anta wara, ahuatiris, inti llajta, suri sicuris y wititis, mostraron la belleza de sus trajes confeccionados con tela de aguayo muy tradicionales de la región occidental.

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