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martes, 22 de marzo de 2011

ante la tumba de Pedro renovar la Fe. Creo en Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Qué bendición Señor poder creer!

La Eternidad de Roma

Mauricio Aira
Llegarse hasta la tumba del apóstol Pedro y encomendar a la Patria a los designios insondables de la Providencia Divina, reclama profunda fe y amor a la tierra natal. Estar como uno más de los miles de peregrinos que rondan tantos lugares sagrados y las reliquias históricas de la Ciudad Eterna, resulta un privilegio, una gracia especial para retomar nuestros conocimientos de la Institución que vive 2006 años, y tomar de la mano a sus actores que inspirados por el Espíritu Santo enarbolaron la Cruz justamente sobre la Urbe más poderosa, más cruel y paganizada que la historia pueda recordar y quién lo hubiera creído este signo sepultó al imperio, dió paso al surgimiento de la era cristiana que lejos de envejecer se renueva, se “aggiorna” preparándose para aceptar los nuevos retos que otro imperio también paganizado y desnaturalizado amenaza hoy con sepultar los valores de la religión cristiana.
Roma es simplemente sorprendente por sus tres mil años de existencia; la cultura que surgió de su seno; las artes y estilos arquitectónicos, su influencia como epicentro del Imperio y luego como la Santa Sede del Pontífice escuchado y obedecido en los confines del globo. Si su origen todavía está en discusión, lo cierto es que La República que incubó el imperio nos ha dejado instituciones de auténtica democracia como el Tribuno de la Plebe (defensor del pueblo) contra el abuso del poder. Sus líderes como César Augusto, Nerón, Calígula, Claudio extendieron sus límites imperiales.
Justamente cuando en el interior del Panteón, estamos erguidos sobre las tumbas de los emperadores que se conservan en este monumento excepcional y que merced al celo de los Pontífices, ya convertido en el Templo de los Mártires se ha conservado a través de los siglos en forma admirable.
Se estremece el cuerpo y se nubla la mente ante el portentoso testimonio de todas estas ruinas que uno recorre atento al mínimo detalle y repasa los hechos de la decadencia y corrupción del imperio, el establecimiento de Pedro y sus seguidores, las persecusiones y el martirio cristiano “esta es mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos” para permitir el triunfo de la verdad, el reconocimiento de la libertad de culto por Constantino y su proclamación como religión del imperio por Teodosio. Recordamos a Alarico y Atila a la cabeza de sus bárbaros atravesaron Roma a fuego y espada, si perdió primacía, la recuperó como cabeza del catolicismo. Descontando los anos que los papas residieron en Avinon, Francia, no descuidaron su preocupación por el florecimiento de monumentos y obras de arte de excepcional esplendor por la obra de Bramante, Miguel Angel, Rafael y los constructores de iglesias y palacios como Bernini y Barromini.
Parte vital es Ciudad del Vaticano el estado más pequeño del mundo que conserva su autonomía y soberanía, independiente de los gobiernos cambiantes, tan efímeros y controvertidos como en los últimos cien años en medio de guerras e incidentes que sin embargo no lograron restarle autoridad. Un recorrido por la Basílica de San Pedro con toda su grandiosidad y atributos sin igual en sitio alguno, marca a todo creyente o no que no puede cerrar los ojos ante la magnificencia de su arquitectura externa como interior, así como de los museos y de la indescriptible Capilla Sixtina cuyos frescos que Miguel Angel pintara por el 1500, acaban de ser restaurados, revelándose un color purísimo, rico en efectos tornasolados sobre todo en el conjunto referido al Juicio Final que muestra al artista en su múliple disciplina de escultor, pintor y arquitecto, que asumió la monumental empresa de estas construcciones que no acaban de maravillarnos.
Habiendo recorrido el Foro Romano y el Coliseo, por calles y plazas famosas, algunos puentes y fuentes de agua, llegamos ante esa sublime y armoniosa grandiosidad de San Pedro, 210 metros de longitud, con su cúpula mayor a los 136 metros y contemplamos La Piedad esculpida por Miguel Angel cuando aún no había cumplido 25 anos, y ante la estatua venerada del Primer Papa y el Baldaquino de bronce de Bernini sostenido por las inconfundibles columnas salomónicas precisamente sobre su tumba. Aquí traemos el conjunto de nuestras intenciones, las de nuestra familia y la comunidad de amigos de aquí y de allá, y una fervorosa oración por Bolivia. Porque ese su andar de tiento en tiento, de peregrinación sin fin que lleva ya 180 años, de la búsqueda incesante de su destino termine para bien con el disfrute de todos los bienes que encierra su geografía, sus ríos y montañas, su flora y fauna y sus recursos naturales que sin duda alguna deben destinarse a producir bienestar y riqueza de todos los bolivianos, y porque su Unión con Cristo se consolide también con nuevas leyes que se escribirán mañana como hace dos siglos, en una Nueva Constitución que enmarque su destino de unidad, de grandeza, de justicia para todos.

Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se 

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