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jueves, 17 de junio de 2010

que SS admitiera la responsabilidad de la Iglesia en los pecados de los religiosos es muestra de su entereza. la pedofilia ha hecho grave daño.

El Santo Padre ha dado una vez más prueba de su compromiso con la verdad y con la responsabilidad del alto cargo que ocupa, ante la Iglesia Católica y ante el mundo entero.

El viernes último, el Papa pidió perdón públicamente: hizo un "mea culpa" ante 15.000 sacerdotes, en la misa solemne con la que cerró el Año Sacerdotal, en la Plaza de San Pedro, en Roma. Por primera vez, y en forma explícita, Benedicto XVI pidió perdón a Dios y a las víctimas de los abusos contra menores, que han venido sucediéndose desde hace ya varios años, y prometió hacer "todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder nunca más".

Fue la ocasión perfecta para que el mundo supiera que el escándalo de pedofilia en la Iglesia era reconocido y asumido en toda su gravedad, un escándalo que ha dañado a la institución justamente en un año que debía haber sido de gran felicidad. "En este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en todo lo contrario", destacó el Papa.

De esta manera, aun ante aquellos que justificadamente no se desdicen de sus críticas a la actitud que hasta ahora había adoptado la Iglesia ante las denuncias de abusos, Benedicto XVI ha optado por salir a enfrentar los hechos con un sincero reconocimiento de culpas.

La alegría que manifestaron de mil formas los que oían sus palabras en San Pedro también se multiplicó en el resto del mundo, y no fue sólo la de los fieles católicos. También la compartieron todos aquellos que, con justa razón, nos horrorizamos ante el descubrimiento o la constatación de la verdad inocultable de los abusos.

Que Su Santidad haya admitido con claridad, franqueza e insistencia la responsabilidad que le cabe a la institución que preside ha sido también un primer gesto necesario para empezar restañar las heridas antiguas y las actuales, para prevenir males futuros y para reconciliarse con la sociedad globalizada, porque los abusos cometidos contra los niños se han cometido también contra toda la humanidad.

Al dar finalmente testimonio, como verdadero pastor que es de su grey, de que reconoce y se avergüenza (un concepto en el que insistió de distintas maneras), el Papa ha vuelto a dar ejemplo de su entereza como Pontífice. Y también de que es la persona indicada para enfrentar tanto mal como el que se ha cometido y como el que también se quiere cometer cuando se le niega a la Iglesia la posibilidad de arrepentirse frente a lo que han hecho los seres humanos que la integran, y a los cuales debe juzgarse con todo el peso de la ley de los hombres y en sus respectivos países.


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