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lunes, 19 de mayo de 2014

con cuánto afecto fraternal y Fe y Sumisión a la Iglesia de Dios escribe Gastón Cornejo a propósito del retorno a casa del Pastor Tito Solari. nos relata el escenario en la Catedral Metropolitana repleta de creyentes y del sermón del Arzobispo. Gracias Gastón por compartir tan histórico momento.

Monseñor Tito Solari ha vuelto a su grey, a su Cochabamba querida, y los cochabambinos lo reciben alborozados aplaudiendo el retorno feliz de su pastor. Vuelve a su hogar, restablecido de temporales falencias pero enhiesta su alma cual bandera triunfante, presta a enarbolar sus selectos mensajes de santidad, humildad y amor.

Tuve la feliz oportunidad de asistir a su primera misa consagrada por él mismo en Cochabamba. Había que llegar temprano a la Matriz para lograr ubicación preferencial, para estar próximo a nuestro santo, al cristiano que más honramos en este tiempo de banalidad y frustración en valores humanos. Él es el hombre símbolo del mensaje de Jesús Dios, de la Iglesia renovada de Francisco Papa¸de la trascendencia espiritual de Leonardo Boff, del sacrificio de Salvador Romero y Luis Espinal, del mensaje profundo de Alejandro Gasset, Luis Lozada, Gregorio Iriarte, Miguel Manzanera y de tantos seres excepcionales que nos circundan y por los cuales merecemos llamarnos pueblo de Dios.

El enorme recinto catedralicio se llenó totalmente de fieles; mis ojos ubicaron al frente la Virgen Dolorosa y el apóstol Juan a los pies del Crucificado; a la espalda sentí la viva presencia de la Virgen Heroína, la de Hamiraya y la Coronilla. Muchos pequeños se preparaban para cantar salmos de gozo y alabanza. Cuando ingresó el Arzobispo rodeado de los suyos, todo el pueblo aplaudió de pie con los ojos húmedos de emoción y de gratitud al buen Dios que nos lo devuelve con el mismo rostro de simpatía y bondad. Incienso, oraciones, ritos simbólicos de significado religioso. Indudable, en la atmósfera había penetrado el Espíritu Santo.

En sus palabras, fue remarcable su agradecimiento a Dios, a los varones de la Iglesia, a las oraciones de todos los fieles. Yo en mi interioridad le agradecí desde el fondo del alma porque sentí el amor limpiando mis nubes negras, la sola presencia de Solari limpió mi corazón de tormentas. Todos los congregados respiramos ese cálido afecto. Finalmente la paz, la paz en el espíritu y los abrazos entre los presentes y los ausentes.

Cuánta diferencia vivencial con otros eventos celebrados en el mismo recinto religioso, el aniversario patrio, el departamental, la misa en favor de algún célebre político o cívico donde los asistentes se congregan más por curiosidad que por afecto. Quizá sólo en dos oportunidades se llenó la Catedral completamente y en los cuales el pueblo asistió conmovido de sentimiento: en las defunciones del General Carlos Blanco Galindo y del Gral. René Barrientos Ortuño, siendo distantes los personajes en el tiempo y en valores humanos personales, pero el pueblo acogió su partida con respeto y sentimiento antes de que entraran a la eternidad y a la historia.

Yo escribí a Monseñor representando a la Unión de Poetas y Escritores, informados de su mejoría en salud. Todos sus miembros pidieron le envíe sus saludos y los deseos de ventura, salud, sus oraciones para que Dios lo bendiga. Él respondió agradecido, y a propósito de la institución afirmó: “Es muy precioso el ministerio de cantar la belleza y de embellecer el mundo”. 

Yo le respondo ahora: ¡Su ministerio de amor bendice nuestras vidas, nuestra Cochabamba y la Patria de nuestros amores! Gracias por su testimonio y gracias por existir Arzobispo Tito Solari.

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