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domingo, 5 de abril de 2015

El Deber se hace eco del mensaje de Francisco por Semana Santa "sin vanidad, ni orgullo ni éxito" sino darse a los demás sin egoísmo, ni soberbia ni intereses materiales. todo para construir una "Iglesia másalegre y mas cercana al pueblo"


El papa Francisco ha planteado en esta Semana Santa varias reflexiones fundamentales para los cristianos y el mundo. La primera de ellas, que el mensaje central de Jesucristo, muerto en una cruz por los pecados de los hombres y resucitado gracias a la gracia divina, es su voluntad de dar la vida por los demás. Sin miramientos, sin egoísmos, sin cálculos mundanos. Somos más como personas cuando nos damos a los otros. Especialmente, cuando nos ponemos en el lugar de los desvalidos, de los vulnerables y de las víctimas de los abusos del poder.


Esa generosidad plantea un desafío existencial enorme para todos los seres humanos, incluso más allá de propio credo del cristianismo. La misión de Cristo, además de divina, fue fundamentalmente humanística. Y, más allá de todas las vicisitudes que plantea ese acercamiento a los otros, el papa Francisco señala que esa misión tiene que cumplirse con alegría y con humildad. No es posible acercarse a los otros con egoísmos, soberbia e intereses materiales. Esta acción requiere un renunciamiento a nosotros mismos y una decisión de servicio concreto en las condiciones de vida en que se encuentran los demás. “El camino de Cristo no es el de la vanidad, el orgullo y el éxito”, señala con precisión el pontífice latinoamericano.

En esta Semana Santa quizá valga la pena pensar en quien está a nuestro lado. En nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo o estudio, en nuestro diario caminar hacia nuestros hogares y en aquellos que viven supuestamente lejos de nuestros esquemas mentales y sociales. Romper esos muros que nos separan de los otros, es el desafío humanístico y divino que nos plantea Jesucristo.

Finalmente, el papa Francisco ha vuelto a reflexionar a los miembros del clero católico, sacerdotes, obispos y cardenales, para que lo ayuden a construir una Iglesia más alegre y más cercana al pueblo de Dios. “No queremos sacerdotes aburridos y con cara de vinagre. No queremos pastores quejosos que se molestan todo el tiempo”, sentenció. Ojalá el mensaje del pontífice cale hondo en los líderes católicos para que se comprometan más con los más necesitados y sean más consecuentes con el mensaje del Jesús crucificado y del Jesús resucitado. Jesús lava los pies a los apóstoles. “¿Estamos dispuestos a servir también nosotros así a los demás?”, preguntó Francisco en un mensaje de Twitter esa semana. Todo un desafío. No solo para los católicos, sino para toda la humanidad.

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