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domingo, 17 de agosto de 2014

gratitud al Pastor. Entre Santa Cruz y Cochabamba, Tito Solari, ha servido 26 años al pueblo de Dios. se ha pasado 40, en Bolivia siempre como hijo de Don Bosco, atento a su misión de educador y de pastor...Tito se ha ganado el corazón de los bolivianos.

Después de más de dieciséis años a cargo del Arzobispado de Cochabamba, monseñor Tito Solari Capellari anunció su despedida. Fue durante el tedeum del 6 de agosto, cuando dijo vivir esa Eucaristía con mucha alegría y gratitud a Dios, “pues creo que es la última vez que celebro con ustedes las fiestas patrias”. 




 Ante la sorpresa y pena de su grey, Solari argumentó que, al cumplir 75 años, los obispos deben presentar su renuncia al santo padre, tal como lo establece el Código de Derecho Canónico. “Todo es parte de un procedimiento normal”, subrayó el carismático prelado, que, por más de una década, fue también obispo auxiliar de Santa Cruz, donde dejó huella indeleble. La suya ha sido una existencia marcada por grandes retos, angustias y alegrías. Ordenado como sacerdote salesiano en 1966, monseñor Solari tenía 34 años cuando un superior le preguntó si estaba dispuesto a venir a Bolivia. Él respondió que sí, aunque no conocía nada del país, tampoco del idioma. En la emergencia estudió algo de castellano y aprendió la palabra “tranquilo”. Entonces concluyó que “con esto me voy, esto me sirve no solo para aprender, sino para estar tranquilo”. Recogiendo y asimilando experiencias, el espíritu sereno y sólido de Solari no se alteró cuando, por ejemplo, en noviembre de 2010 y en medio de acusaciones y amenazas altisonantes fue declarado ‘persona no grata’ por los cocaleros de las seis federaciones de Chapare, que además le exigieron disculpas públicas. ¿El motivo? haber hecho notar la presencia y la utilización de niños y adolescentes en la comercialización de droga en aquella zona, donde es muy fuerte la influencia del narcotráfico.  

Poco tiempo después, la Asociación Nacional de la Prensa le hizo entrega del Premio Libertad Juan Javier Zeballos “por sus servicios a la justicia, la verdad y la paz”, reconociendo, además, su larga y destacada trayectoria consagrada con profunda creencia y devoción cristianas en pro de sus semejantes. “Vivir amando y sirviendo a los demás”, fue uno de los lemas de Monseñor Tito, que también alcanzó notable protagonismo en la mediación de diversos conflictos, así como en la lucha por la defensa de los derechos humanos y las reivindicaciones sociales en Bolivia bajo los principios del respeto mutuo y la solidaridad.

El pastor ha cumplido su misión. Amando y sirviendo al prójimo se ganó el respeto y el aprecio de la comunidad católica boliviana y se ha vuelto grato a los ojos de Dios. Su apostolado y entrega por los demás despierta un profundo y espontáneo sentimiento de gratitud. 

Consejo Editorial: Pedro F. Rivero Jordán, Juan Carlos Rivero Jordán, Tuffí Aré Vázquez, Lupe Cajías, Agustín Saavedra Weise y Percy Áñez Rivero

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