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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Gregorio Iriarte con 85 años se siente cansado. problemas de respiración. eso sí respira humildad y sencillez. la U.Católica le distingue como su Doctor Honoris Causa


"Yo llegué a Bolivia en 1964, en un momento de conflicto tremendo, lo que ahora llamamos la Guerra Fría entre EEUU y la URSS. Y, según se decía entonces, el sindicato poderoso, el glorioso, de Siglo XX, era comunista; y, al lado estaba la parroquia de la Radio Pío XII. Había un conflicto no solamente de palabra, realmente era un conflicto con dinamitazos, agresiones, insultos. Yo llegué en ese momento cuando el sindicato y la parroquia no estaban bien”.
Fue una posibilidad para transformar el conflicto en una oportunidad de vida y de trascendencia.
“Resulta que compró el Sindicato una máquina de cine. Yo que llevaba tres meses y tenía una idea de lo que era el comunismo, dije: cómo voy a ir, no puede ser. Pero insistían en que fuera. Al fin fui no con la idea de bendecir, sino de charlar un poco. Bueno, me subieron donde estaban las máquinas; el lugar permanecía medio oscuro; y ahí se encontraban Irineo Pimentel y el gran dirigente Federico Escobar, el Control Minero, y unos dos o tres más. Cuando entré, vi que sobre la máquina de cine había seis botellas de cerveza. Y me quedé así sin pensar. Federico Escobar agachó la cabeza y se sacó su gorro en plan de oración. Yo una cosa les digo: vamos a empezar con las cervezas, porque aquí no va a haber agua bendita. Federico Escobar levanta la cabeza y dice: Si no hay agua bendita tampoco va a haber cerveza. Y allí comenzó un diálogo que terminó de la siguiente manera.
Él dijo y es verdad: Padre: ¿La bendición usted cree que solamente es para bendecir lo bueno? No, la bendición sobre todo es para corregir lo malo, para orientar. Para eso le hemos llamado a usted, es su obligación. Total, me convenció, hubo agua bendita y hubo cerveza. Y surgió una amistad. Y dijimos: vamos a trabajar juntos por la gente, por la justicia social. Y desde entonces hemos sido muy amigos. Yo después le tuve que salvar a él, porque le perseguían, le llevamos hasta Chile”.
¿Acaso entonces fue la realidad minera y las circunstancias políticas del país que indujeron al padre Iriarte a su compromiso contra la violencia y la injusticia?
“No, yo creo que ya lo traía. Soy hijo de un obrero y cristiano”.
Su compromiso de descifrar la injusticia social se advierte en la constancia de sus escritos que, como el emblemático: “Análisis Crítico de la Realidad”, señala a la vez el empeño de los 19 títulos de sus obras escritas, tras la inquietud de revelar el compromiso humano que asume y la realidad social de Bolivia que denuncia con valentía.
De pronto, la respiración de los 85 años del padre Iriarte se torna densa. Está cansado. Le ayudamos con cierta dificultad a entrar a su humilde alcoba donde él ha aniquilado toda ostentación. Destacan los libros y sus archivos. Se sienta en su silla cotidiana. No dice que nos vayamos. Nos mira con ternura y silencioso. Su discreción es sabia. Nos obsequia su libro: “Sé amigo de ti mismo” (2011). Y leemos: La paz interior es la meta de tu vida. Abraza todo lo que tengas a tu lado”.

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