Páginas vistas en total

domingo, 11 de septiembre de 2011

infatigable el príncipe de la Iglesia Católica Julio ha pedido recibir un sacudón fuerte para escuchar la voz de Dios sin odiar a nadie, especialmente al hermano que sufre (Foto y texto de OPINION)


Que la gangrena del odio sea desterrada del corazón de los bolivianos, pide el Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), cardenal Julio Terrazas, al recordar que Dios absuelve los pecados del ser humano, pero también es una enseñanza para que sigamos el ejemplo.

“La capacidad de perdón es un regalo de Dios, no es una consigna que se la va a fabricar para pasar unos días o unos años más o menos tranquilos”, remarcó el prelado en la homilía de este domingo 11 de septiembre. 

“El Señor está listo a perdonar nuestros pecados, los que no estamos listos somos nosotros y por eso es más fácil entrar en esas corrientes subterráneas de odios y rencores que se destapan por aquí y por allá para enfrentarnos”, puntualizó.

FATÍDICO DÍA

El cardenal Terrazas señaló que esta fecha, 11 de septiembre, “va pasar a la historia como el día de las calamidades”, recordando el terror sembrado que “conmovió al mundo entero”, pues hace diez años ocurrió el atentado de las Torres Gemelas, la muerte de 2.800 personas.

La otra “aconteció dentro de nuestra patria y que constituye aún una herida que entre todos tenemos que curar para evitar que la gangrena comience a matar lo poco de vida que nos queda en algunas circunstancias”, remarcó el Presidente de la CEB.
Justamente, un día como hoy hace tres años, ocurría el conflicto en Porvenir, población de Pando, que dejó como saldo la muerte de trece personas, la detención de otras, entre ellas el ex prefecto Leopoldo Fernández, y un juicio que no avanza.

“En medio de estos y otros acontecimientos, en medio de tantas expresiones de desconfianza, en medio de tantas actitudes de soberbia, la Palabra del Señor nos viene a recordar que si bien Él nos perdona y comprende nuestras situaciones, nos pide un cambio, nos pide que seamos capaces de repetir también nosotros el gesto de misericordia y de perdón que Él tiene con aquellos que lo ofenden”. 

NO NOS NEGUEMOS AL PERDÓN DE DIOS



Este domingo, las lecturas hablan del perdón, con la pregunta de Pedro al Jesucristo, consultándole si había que perdonar siete veces y el Señor le dice “hasta 70 veces siete”, lo que implica “perdonar siempre” y no llevar la cuenta de cuántas veces conmutamos a quienes nos ofenden o nos hacen daño.

“No solo hay que perdonar porque está mandado”, remarcó el Cardenal al manifestar que el perdón no debe ser sólo palabras huevas, sino desde el corazón.
La clemencia de Dios “nos enseña, nos mete dentro del alma una capacidad, una capacidad que viene de Dios y no de ningún proyecto humano, la capacidad de perdonar, la capacidad de olvidar, la capacidad que nos pone en marcha no para ir multiplicando odios y rencores por todas partes, sino la capacidad de ir creando caminos de convergencia, caminos de solidaridad, caminos de perdón”.

“Necesitamos hacer un sacudón fuerte entre nosotros creyentes, un sacudón fuerte en nuestra sociedad”, remarcó el Presidente de la CEB y Arzobispo de Santa Cruz, señalando que al ser el mes cruceño también “se escuche la voz de Dios que nos pide cumplir los mandamientos y no odiar a nadie, no ser de aquellos que dicen amar a Dios y no pueden ver al hermano, sobre todo al hermano que sufre”.
En la homilía, el cardenal Terrazas también expresó la solidaridad de la Iglesia con el dolor de las familias que han perdido sus seres queridos en el accidente de Aerocon. Y destacó que en Minor Vidal “¡se cumple en él la palabra de Pablo!“ Si vivimos, con el Señor vivimos, si morimos, con el Señor morimos” porque tanto la vida como la muerte tienen sentido en este Señor que nos quiere, que nos ama y que siempre nos busca para que podamos responderle con más claridad”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

invitación a comentar lo publicado. la única restricción está en un lenguaje pulcro, directo, sin insultos ni palabras soeces que dañen la dignidad