arrancó oficialmente el Año Jubilar Paulino, que conmemora los dos mil años del nacimiento de Saulo de Tarso, perseguidor de cristianos y "apóstol de los gentiles" ya como Pablo. Una celebración que arrancó de la manera posible, con el llamamiento a la unidad de los cristianos formulado por el Papa Benedicto XVI, a cuyo lado se situaba el Patriarca Ecuménico Bartolomé I. Dos iglesias separadas desde hace casi un milenio, que trabajan para conseguir una unidad que, a día de hoy, parece factible.
Así lo han expresado durante el rezo del Angelus, que en esta ocasión especial se llevó a cabo en el interior de la basílica de San Pedro, Benedicto XVI pidió a los fieles que rezasen por la unidad de los cristianos, la evangelización y la comunión en la Iglesia.
Del mismo modo, en la celebración que tuvo lugar ayer, y en la que recibió al patriarca Bartolomé (líder de 250 millones de cristianos), el Santo Padre destacó la figura de San Pablo, quien "alienta los esfuerzos para la búsqueda de la plena unidad entre los cristianos, tan necesaria para ofrecer a los hombres del tercer milenio un siempre y más luminoso testimonio de Cristo, Camino, Verdad y Vida. Solamente en Cristo y su Evangelio la humanidad puede encontrar respuesta a sus más íntimas expectativas". El encuentro con el Patriarca Ecuménico fue, a juicio del Papa, "una ocasión especial para poder avanzar hacia la plena unidad, en obediencia al mandato del Señor".
Tras resaltar cómo el Apóstol de los gentiles llamaba a la unidad de los cristianos en sus cartas a los Efesios y a los Corintios, Benedicto XVI destacó que "en nuestro mundo, en el que se va consolidando el fenómeno de la globalización pero en el que también y sin embargo continúan las divisiones y los conflictos, ese mismo mundo advierte una creciente necesidad de certeza y paz. Al mismo tiempo, se mantiene perdido y sumergido en una cultura hedonista y relativista, que pone en duda la existencia misma de la verdad".
"Que pueda el Año Paulino ayudar al pueblo cristiano a renovar el esfuerzo ecuménico, y se intensifiquen las iniciativas comunes en el camino hacia la comunión entre todos los discípulos de Cristo. De este camino su presencia aquí, hoy, es ciertamente un signo alentador. Por ello expreso una vez más a todos ustedes mi alegría, mientras juntos dirigimos al Señor nuestra oración de gracias", culminó el Santo Padre, refiriéndose a la presencia del líder ortodoxo.
baronrampante@hotmail.es (transpuesto de Periodista Digital Religión)
Nada sucede sin la venia del Señor. Todo encaja en su Divina Providencia, por lo que abandonarse en sus brazos y repetir la oración de cada dia "Hágase tu Voluntad..." es la forma más sabia y más humana de aceptar la vida con sus grandezas y sus miserias.
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lunes, 30 de junio de 2008
jueves, 26 de junio de 2008
los fieles recibirán la hostia de rodillas en la reforma de la liturgia
Los fieles deberán arrodillarse para tomar la Comunión El papa Benedicto XVI ha puesto la vigencia de la norma en todas las iglesias. El Pontífice realizará otros cambios en los símbolos utilizados durante la celebración de la liturgia. Vuelve la tradición romana.
El Papa distribuirá la Comunión a los fieles directamente en la boca y puestos de rodillas, para incrementar “la devoción y el misterio”, según adelantó ayer el maestro de ceremonias del Vaticano, Guido Marini.
“Creo que será así. No hay que olvidar que la distribución de la comunión en la mano es todavía desde el punto de vista jurídico una dispensa a la ley universal, concedida por la Santa Sede a aquellas conferencias episcopales que lo pidieron”, afirma el arzobispo Marini en una entrevista que publica ayer el diario vespertino vaticano L’Osservatore Romano”.
Marini recordó que Benedicto XVI ya había distribuido de este modo la Comunión durante su reciente visita a las ciudades sureñas italianas de Brindisi y Santa María di Leuca.
Según el Maestro de las Celebración Litúrgicas Pontificias, la modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma, “válida en toda la Iglesia”.
Con la distribución de la Comunión en la boca, agregó, se intenta resaltar “la presencia real en la Eucaristía, se ayuda la devoción de los fieles y se introduce con más facilidad el sentido de misterio, aspectos que en este tiempo es urgente recuperar”.
El Maestro de Ceremonias también manifestó que a partir del próximo 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, Benedicto XVI cambiará el Palio (estola de lana, símbolo del obispo Buen Pastor) que usa en la celebración de liturgias solemnes por otro más corto y más práctico.
El nuevo Palio tendrá forma circular, cerrado, con dos puntas que caen en la mitad del pecho y de la espalda.
Mantendrá el color rojo de las cruces que le adornan y con él Benedicto XVI pretende continuar el desarrollo de esta prenda en los últimos doce siglos.
Este nuevo Palio supone el adiós al que el propio Benedicto XVI introdujo al principio de su pontificado en homenaje a los usos del primer milenio de la Iglesia. Esto no supone un regreso a lo antiguo, sino un desarrollo de la tradición romana. Vaticano, EFE
El Papa distribuirá la Comunión a los fieles directamente en la boca y puestos de rodillas, para incrementar “la devoción y el misterio”, según adelantó ayer el maestro de ceremonias del Vaticano, Guido Marini.
“Creo que será así. No hay que olvidar que la distribución de la comunión en la mano es todavía desde el punto de vista jurídico una dispensa a la ley universal, concedida por la Santa Sede a aquellas conferencias episcopales que lo pidieron”, afirma el arzobispo Marini en una entrevista que publica ayer el diario vespertino vaticano L’Osservatore Romano”.
Marini recordó que Benedicto XVI ya había distribuido de este modo la Comunión durante su reciente visita a las ciudades sureñas italianas de Brindisi y Santa María di Leuca.
Según el Maestro de las Celebración Litúrgicas Pontificias, la modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma, “válida en toda la Iglesia”.
Con la distribución de la Comunión en la boca, agregó, se intenta resaltar “la presencia real en la Eucaristía, se ayuda la devoción de los fieles y se introduce con más facilidad el sentido de misterio, aspectos que en este tiempo es urgente recuperar”.
El Maestro de Ceremonias también manifestó que a partir del próximo 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, Benedicto XVI cambiará el Palio (estola de lana, símbolo del obispo Buen Pastor) que usa en la celebración de liturgias solemnes por otro más corto y más práctico.
El nuevo Palio tendrá forma circular, cerrado, con dos puntas que caen en la mitad del pecho y de la espalda.
Mantendrá el color rojo de las cruces que le adornan y con él Benedicto XVI pretende continuar el desarrollo de esta prenda en los últimos doce siglos.
Este nuevo Palio supone el adiós al que el propio Benedicto XVI introdujo al principio de su pontificado en homenaje a los usos del primer milenio de la Iglesia. Esto no supone un regreso a lo antiguo, sino un desarrollo de la tradición romana. Vaticano, EFE
miércoles, 25 de junio de 2008
obispos de Bolivia y Brasil condenan el tráfico de drogas
El X Encuentro de Obispos de Frontera Brasil-Bolivia se ha realizado en la ciudad de Guajará Mirin, Brasil, del 17 al 19 de junio con la presencia de obispos bolivianos y brasileños. El encuentro abordó temas como el narcotráfico y contrabando, la pastoral carcelaria, la Amazonía y la misión.
El X encuentro de obispos de frontera se desarrolló en un ambiente de fraternidad para compartir experiencias y temas comunes con el ánimo de crecer juntos como Iglesia, informa la página web de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB).
Los obispos bolivianos participantes fueron: Jesús Juárez, de El Alto, Julio María Elías, del Vicariato del Beni, Carlos Stetter, de San Ignacio de Velasco, Eugenio Scarpellini, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal Boliviana, y el padre Jaime Susli del Vicariato de Pando.
Por su parte la Iglesia brasileña estuvo representada por los arzobispos Geraldo Lyrio, de Mariana y Luis Soares, de Manaus y los obispos Dimas Lara, auxiliar de Rio de Janeiro, Segismundo Martinez, de Corumba, Geraldo Verdier, de Guajará Mirim, Joaquin Pertiñez, de Rio Branco y Meinrad Merkel, de Humaita
El padre Eugenio Scarpellini, secretario adjunto de la CEB, destacó que un momento particular durante los días de encuentro fue el 18 de junio cuando los obispos bolivianos y brasileros celebraron la Eucaristía con la presencia de muchos asistentes de la zona en Guajará Mirim.
Durante la eucaristía hubo momentos muy emotivos -señaló el P. Scarpellini- como la introducción de las banderas, los himnos nacionales de cada país y los cantos que se entonaron en portugués y español, también se presentaron signos de ambas culturas y la participación de la gente fue muy animada.
Durante el encuentro, los obispos de ambos países abordaron temas como el narcotráfico que lamentablemente esta muy presente en esta región y por el que sensiblemente muchas personas están en la cárcel. En esa línea también se trató el tema de la pastoral carcelaria con el fin de apoyar acciones humanitarias y en defensa de los derechos humanos.
Los encuentros de obispos de frontera Brasil-Bolivia se vienen realizando desde 1982 y esto marca un caminar entre las dos iglesias con el deseo de continuar hacia delante, se ha fijado el próximo encuentro para el año 2010 en Bolivia.
Fue también abordada la misión continental, convocada por la Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe (Aparecida 2007), un tema que interesa e involucra a ambos países considerando importante impulsar acciones concretas de misión en las comunidades de frontera principalmente en el tema de evangelización.
El X encuentro de obispos de frontera se desarrolló en un ambiente de fraternidad para compartir experiencias y temas comunes con el ánimo de crecer juntos como Iglesia, informa la página web de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB).
Los obispos bolivianos participantes fueron: Jesús Juárez, de El Alto, Julio María Elías, del Vicariato del Beni, Carlos Stetter, de San Ignacio de Velasco, Eugenio Scarpellini, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal Boliviana, y el padre Jaime Susli del Vicariato de Pando.
Por su parte la Iglesia brasileña estuvo representada por los arzobispos Geraldo Lyrio, de Mariana y Luis Soares, de Manaus y los obispos Dimas Lara, auxiliar de Rio de Janeiro, Segismundo Martinez, de Corumba, Geraldo Verdier, de Guajará Mirim, Joaquin Pertiñez, de Rio Branco y Meinrad Merkel, de Humaita
El padre Eugenio Scarpellini, secretario adjunto de la CEB, destacó que un momento particular durante los días de encuentro fue el 18 de junio cuando los obispos bolivianos y brasileros celebraron la Eucaristía con la presencia de muchos asistentes de la zona en Guajará Mirim.
Durante la eucaristía hubo momentos muy emotivos -señaló el P. Scarpellini- como la introducción de las banderas, los himnos nacionales de cada país y los cantos que se entonaron en portugués y español, también se presentaron signos de ambas culturas y la participación de la gente fue muy animada.
Durante el encuentro, los obispos de ambos países abordaron temas como el narcotráfico que lamentablemente esta muy presente en esta región y por el que sensiblemente muchas personas están en la cárcel. En esa línea también se trató el tema de la pastoral carcelaria con el fin de apoyar acciones humanitarias y en defensa de los derechos humanos.
Los encuentros de obispos de frontera Brasil-Bolivia se vienen realizando desde 1982 y esto marca un caminar entre las dos iglesias con el deseo de continuar hacia delante, se ha fijado el próximo encuentro para el año 2010 en Bolivia.
Fue también abordada la misión continental, convocada por la Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe (Aparecida 2007), un tema que interesa e involucra a ambos países considerando importante impulsar acciones concretas de misión en las comunidades de frontera principalmente en el tema de evangelización.
domingo, 15 de junio de 2008
san pablo es sin duda cofundador de la iglesia, instrumento de NSJ para cimentar su obra
Pablo ha concebido la iglesia como un cuerpo, no en jerarquía (unos sobre otros), sino en reciprocidad, tomando como más valiosos a los inferiores y a los menos honrados del mundo que, como la tradición sinóptica sabía (cf. Mc 9, 33-37; 10, 35-45), son los más importantes (1Cor 12, 12-26; cf. 1Cor 1-4 y Flp 2). Pablo sabe también que un tipo de “ley ministerial” eleva a quienes pueden realizar obras mejores, fundando así una sociedad piramidal.En contra de eso, la comunión de la iglesia se expresa en claves de gratuidad; en esa línea siguiendo a Jesús, Pablo ofrece el primer puesto a los pobres y excluidos (pecadores), superando así el talión de la justicia y juicio de este mundo. Sólo a partir de este principio (perdón del pecador: Gal 3-4; Rom 1-6) se entienden los ministerios en la Iglesia Pablo. No sirven para organizar lo que existe o repartir funciones y méritos entre los más capaces (conforme al orden de una buena ley judía), sino para anunciar y expresar la salvación que Dios ofrece gratuitamente a todos por el Cristo. Así lo indicaré, destacando la unidad de un cuerpo eclesial no jerárquico (Rom 12) y la función de las mujeres que es igual que la de los varones (Rom 16).
1. Rom 12, 4-10. Cuerpo y Carismas.
Pablo había presentado a Cristo como Cuerpo (cf. 1Cor 12, 12) en el principio de su exposición sobre la iglesia. Ahora (Rom 12) reasume el símbolo y vuelve a presentar al Cristo mesiánico como cuerpo entero, donde todos son miembros de todos, sin cabeza superior ni cuerpo subordinado (tema que sólo aparece más tarde: cf. Col 1, 18; Ef 1, 22) El mismo Cristo es un Cuerpo, cuyos miembros despliegan diversos carismas al servicio del único amor que laounifica y congrega. La unidad no se establece de forma jerárquica, de modo que los superiores dirigen a los inferiores, sino por servicio carismático de todos:
[Cuerpo] Así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, y todos no tienen la misma función; así los muchos somos un cuerpo en Cristo, pero cada uno es miembro de los otros,[Carismas]teniendo carismas distintos, según la gracia que nos ha sido concedida: o bien profecía, conforme a la medida de la fe;o bien diaconía, para servir; o bien el que enseña para enseñar;o bien el que consuela, para consolar; el que comparte, con liberalidad;el que preside, con diligencia; y el que hace misericordia, con alegría.[Amor]Que el amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndoos a lo bueno: amándoos unos a otros en fraternidad; cada uno honrando más a los demás (Rom 12, 4-10).
Estos carismas de Rom 12 pueden dividirse en dos grupos: unos vinculados a la palabra, otros a la acción (verba et gesta). Son dones gratuitos que no pueden estructurarse de manera impositiva, como función que planea por encima de las personas. Sirven a la comunión, es decir, al encuentro personal; por eso, el cuerpo no se puede entender como sistema autónomo, que busca un bien superior a expensas de los miembros, sino a modo de comunicación y encuentro de todos.
Ministerios de la Palabra. Esa comunicación se realiza por la palabra: profecía (testimonio de fe), enseñanza (despliegue del misterio) y consuelo (exhortación dirigida a los más débiles), faltando aquí el apostolado, pues en Roma la iglesia se encuentra ya formada.
Ministerios de la acción. La misma comunicación se realiza también por una actividad, que se expresa en la diaconía (servicio comunitario), participación (entrega generosa de los bienes en favor de los demás), presidencia (dirección de los asuntos comunes) y acción misericordiosa (cercanía humana).
Estos siete ministerios (tres de palabra, cuatro de acción) expresan la comunicación de amor que define y mantiene en unidad el cuerpo de la iglesia. Los dos primeros son profecía (palabra) y diaconía (acción) y a partir de ellos se entienden los restantes. No son funciones burocráticas, al servicio del sistema, ni se estructuran en forma jerárquica, sino que se identifican con la palabra-acción de los creyentes y su gesto de comunicación o apertura mutua. No están aún personalizados de manera que unos sean sólo profetas, otros sólo presidentes...
Todos son ministros, todos carismáticos. No hay en el cuerpo cristiano activos y pasivos, jerarquía y pueblo, pues todos, cada uno en su función, son portadores de palabra y obra en Cristo. Esta es la paradoja: los ministerios deben expresarse, pues forman un cuerpo visible; pero si en un momento dado se vuelven función y se desligan de la vida personal de cada miembro, la iglesia se destruye, volviéndose sistema sobre los creyentes. El carisma o ministerio de la presidencia está al final. Ciertamente, hay en el cuerpo mesiánico algunos que presiden, pero no se dice cuando ni cómo: no se les llama obispos o presbíteros, en el sentido posterior; ni se les concibe como sacerdotes, pues la función sagrada pertenece a todos los creyentes, que deben elevar y elevan su vida a Dios como ofrenda santa y gozosa (cf. Rom 12, 1-2). Organizar la iglesia en función de una presidencia con funciones sacerdotales jerárquicas, iría en contra de la visión de Pablo.
Hay, pues, una iglesia o cuerpo mesiánico donde todos son ministros unos de otros. Así lo había resaltado ya 1 Cor 12, 12-26, diciendo que los miembros son del cuerpo, unos de otros (1 Cor 12, 12). Así lo destaca el final, añadiendo que cada uno ha tomar por más honrados a los demás, especialmente a los más débiles y amenazados (1 Cor 12, 22), invirtiendo así la experiencia religiosa de tipo jerárquico que era dominante en el entorno helenista. La sociedad civil y religiosa se sustentaba en el honor de los honrados, a cuyo servicio debían ponerse los otros. En contra de eso, Pablo quiere que cada creyente se ponga al servicio de los demás, especialmente de aquellos que, conforme al honor del entorno, eran menos honrados. Se rompe así el organigrama de poderes del sistema, que eleva a los grandes (ricos, poderosos, sabios), de manera que en la iglesia han de ser más importantes los que menos tienen, pueden y saben (cf. 1 Cor 12, 23-26).
Unidad desde abajo. De esa forma ha invertido Pablo el principio básico de la antropología cultural y social de su tiempo, presentando el evangelio como principio radical de subversión, en la línea de las bienaventuranzas y el canto de María (derribó a los potentados de sus tronos, elevó a los oprimidos: Lc 1, 53-54). No podía haberse dicho una palabra más revolucionaria contra un orden social y sacral que distingue los "grados de ser", donde los superiores o más nobles dominan por ley sobre los inferiores, como ha ratificado la "filosofía oficial" del platonismo: los buenos dioses moran arriba, los mortales en las partes inferiores; los más perfectos encima, los imperfectos abajo... Esta es la filosofía y religión oficial, este el sistema de la República de Sabios que dirigen por el propio peso de su ciencia y su saber al resto de la sociedad (trabajadores inferiores). Pues bien, fundado en la experiencia de Jesús y convencido de que la ley u orden del mundo ha sido superada, Pablo expone y defiende un anti-orden de gratuidad radical, donde los más importantes son los menos honrados, los expulsados del "cuerpo" (del sistema). Un mundo al revés, esto es lo que ha parecido el evangelio a los "buenos romanos". Quien no haya sentido extrañeza ante esa iglesia de Jesús que rompe la estructura "sacral" del sistema de honores del mundo (del buen platonismo), quien no haya descubierto que ella es, con Cristo, necedad para los griegos y escándalo para los romanos (cf. 1Cor 1), porque quiebra las leyes sagradas de sabiduría y de poder del mundo no ha entendido a Pablo, no ha sentido la inversión del evangelio .
Desde los menos honrados. En este cuerpo eclesial invertido, donde los menos honrados han de recibir más honra (1 Cor 12, 24-25) no puede alzarse un estamento de honoratiores, más honrados, ni establecerse un ordo (senatorial, ecuestre....), como aquel que define la sociedad civil romana. Allí donde la iglesia posterior se afirme afirmando la unidad del cuerpo desde una jerarquía sagrada, de tipo episcopal o presbiteral, definida como signo de Dios o su Cristo, ella podrá ser platónica o romana, pero no paulina, ni cristiana. Según Pablo, los ministerios eclesiales son servicios concretos, no honores, y por eso no se pueden institucionalizar de un modo objetivo, separado de la vida de sus portadores, ni volverse sistema independiente del carisma y de la vida de los creyentes y del cuerpo de la iglesia. Si en un momento dado ella se institucionaliza como sistema perfecto, de manera que el honor de un estamento clerical o la "gracia de estado" de sus miembros superiores se desliga del carisma personal de cada uno y del servicio a los más pobres, ella deja de ser cuerpo mesiánico del Cristo y se vuelve organización sacral del mundo, quizá mejor que otras, pero igualmente mundana, en la línea de los dioses paganos, ontologizados de manera genial por el platonismo.
2.. Rom 16. La mujer y los carismas eclesiales.
Todo lo que ha dicho Pablo, tanto aquí (Rom 12) como en 1 Cor 12-14 (prescindiendo de la glosa posterior de 1 Cor 14, 33b-36) vale igualmente para varones y mujeres, esclavos o libres, griegos o judíos (cf. Gal 3, 28).
Aquí se fundamenta un modelo de iglesia ministerial abierta a todos, varones y mujeres, por igual,que después ha sido poco desarrollado. Por razón de fondo y novedad cristiana, varones y mujeres son, por igual, portadores del carisma de Jesús y así debía haberse expresado en la iglesia.
Pero la misma tradición paulina posterior ha dado marcha atrás, como muestran las Pastorales (1Tim, 2Tim, Tito), reservando los ministerios de presidencia a los varones dentro de un esquema de honores que es propio del buen entorno religioso greco-romano, pero que no responde al evangelio. Aquí recogemos dos textos de las cartas originales de Pablo.
1. Punto de partida. Flp 4 No hay en ese cuerpo jerarquías superiores, que se imponen, ni funciones exclusivas de varones (o mujeres), pues todos han sido llamados al servicio mutuo, en amor gozoso y claridad creadora, donde los más valiosos son aquellos que este mundo tiene en menos. De manera comprensible, la sociedad romana antigua frenó esa novedad y así ha quedado, en la iglesia católica, hasta tiempos actuales. Sólo ahora, superados aquellos condicionamientos sociales, podemos descubrir el cuerpo mesiánico de Pablo, como experiencia y camino de encuentro universal e igualitario en Cristo, superando el jerarquismo sacral y la exclusión de las mujeres. Desde ese fondo podemos entender su ruego y confesión:
"Suplico a Evodia y suplico a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, mi compañero de fatigas, te pido que las ayudes, pues han combatido conmigo, a favor del evangelio" (Flp 4, 2-3).Encontramos aquí dos mujeres (Evodia y Síntique), divididas por algún problema (como tantos que ha tenido Pablo), pero que se han esforzado y se siguen esforzando lo mismo que Pablo y este otro compañero (cuyo nombre ignoramos) a favor de la causa de Jesús. Aquí no hallamos la más mínima expresión de inferioridad o subordinación de los ministerios femeninos: estas mujeres han hecho lo mismo que hace Pablo; son "atletas" del evangelio, portadoras del mensaje de Jesús. Pablo les suplica que se reconcilien, pero no como un padre a sus hijos o como señor a sus inferiores, sino de igual a igual.
2. El ministerio de las mujeres. Rom 16. En este misma línea se sitúa el rico final de Rom, que muchos han tomado como texto independiente, dirigido a otra comunidad (quizá Éfeso), por el conocimiento de personas que supone. No mediamos en la discusión. Nos basta con saber que es un pasaje personal de Pablo que evoca, de forma directa, algunos datos de la vida de una iglesia que él conoce, recordando la extensa gama de su equipo ministerial. Así nos muestra lo que ya sabíamos. Él no esta aislado, sino que anima, acoge y asume como propio un grupo de colaboradores donde predominan las mujeres. Así las presenta de forma normal, sin justificar su presencia, igual que a los varones, como responsables de la vida de la iglesia:
Febe es diaconisa de la iglesia en Cencres (16, 1-2) Prisca (esposa) y Áquila (esposo), son colaboradores de Pablo y presiden una iglesia en su casa (16, 3-5). Pablo no distingue funciones, pero aquí nombra primero a la mujer (cf. 1 Cor 16, 19). María ha trabajado mucho por los cristianos de Roma (16, 6). Andrónico y Junia (¿su esposa?) son parientes de Pablo y le han precedido como apóstoles (16, 7 ). Trifena y Trifosa y Pérsida han trabajado (se han fatigado) por el Señor (16, 12).
Estas mujeres son apóstoles (testigos de Jesús, creadoras de iglesia), servidoras de la comunidad y dirigentes (presidentes) de una iglesia doméstica. Esta situación concuerda con la de Galilea e incluso con la de Jerusalén, donde María, madre de Marcos daba nombre a la comunidad reunida en su casa (Hech 12, 12). Estos y otros ministerios, compartidos por varones y mujeres, han brotado de un modo normal, según las necesidades apostólicas y organizativas de la iglesia, por iniciativa de Pablo y sus comunidades, conforme al carisma del Espíritu santo. Todo es, por una parte, humano y muy humano; todo es, por otra, divino en este despliegue que expresa la comunicación del cuerpo de Cristo. Todavía no se ha implantado en la iglesia el patriarcalismo, que triunfará con Pastorales, imponiendo una estructura de poder que es, en principio, extraña al evangelio. Ciertamente, el Jesús pascual sigue actuando por su Espíritu; por eso, Pablo y sus colaboradores han ido suscitando ministerios y trabajos que desbordan los modelos de organización anteriores (sinagoga, casa, escuela filosófica o asociación civil). (Aparecido en
1. Rom 12, 4-10. Cuerpo y Carismas.
Pablo había presentado a Cristo como Cuerpo (cf. 1Cor 12, 12) en el principio de su exposición sobre la iglesia. Ahora (Rom 12) reasume el símbolo y vuelve a presentar al Cristo mesiánico como cuerpo entero, donde todos son miembros de todos, sin cabeza superior ni cuerpo subordinado (tema que sólo aparece más tarde: cf. Col 1, 18; Ef 1, 22) El mismo Cristo es un Cuerpo, cuyos miembros despliegan diversos carismas al servicio del único amor que laounifica y congrega. La unidad no se establece de forma jerárquica, de modo que los superiores dirigen a los inferiores, sino por servicio carismático de todos:
[Cuerpo] Así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, y todos no tienen la misma función; así los muchos somos un cuerpo en Cristo, pero cada uno es miembro de los otros,[Carismas]teniendo carismas distintos, según la gracia que nos ha sido concedida: o bien profecía, conforme a la medida de la fe;o bien diaconía, para servir; o bien el que enseña para enseñar;o bien el que consuela, para consolar; el que comparte, con liberalidad;el que preside, con diligencia; y el que hace misericordia, con alegría.[Amor]Que el amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndoos a lo bueno: amándoos unos a otros en fraternidad; cada uno honrando más a los demás (Rom 12, 4-10).
Estos carismas de Rom 12 pueden dividirse en dos grupos: unos vinculados a la palabra, otros a la acción (verba et gesta). Son dones gratuitos que no pueden estructurarse de manera impositiva, como función que planea por encima de las personas. Sirven a la comunión, es decir, al encuentro personal; por eso, el cuerpo no se puede entender como sistema autónomo, que busca un bien superior a expensas de los miembros, sino a modo de comunicación y encuentro de todos.
Ministerios de la Palabra. Esa comunicación se realiza por la palabra: profecía (testimonio de fe), enseñanza (despliegue del misterio) y consuelo (exhortación dirigida a los más débiles), faltando aquí el apostolado, pues en Roma la iglesia se encuentra ya formada.
Ministerios de la acción. La misma comunicación se realiza también por una actividad, que se expresa en la diaconía (servicio comunitario), participación (entrega generosa de los bienes en favor de los demás), presidencia (dirección de los asuntos comunes) y acción misericordiosa (cercanía humana).
Estos siete ministerios (tres de palabra, cuatro de acción) expresan la comunicación de amor que define y mantiene en unidad el cuerpo de la iglesia. Los dos primeros son profecía (palabra) y diaconía (acción) y a partir de ellos se entienden los restantes. No son funciones burocráticas, al servicio del sistema, ni se estructuran en forma jerárquica, sino que se identifican con la palabra-acción de los creyentes y su gesto de comunicación o apertura mutua. No están aún personalizados de manera que unos sean sólo profetas, otros sólo presidentes...
Todos son ministros, todos carismáticos. No hay en el cuerpo cristiano activos y pasivos, jerarquía y pueblo, pues todos, cada uno en su función, son portadores de palabra y obra en Cristo. Esta es la paradoja: los ministerios deben expresarse, pues forman un cuerpo visible; pero si en un momento dado se vuelven función y se desligan de la vida personal de cada miembro, la iglesia se destruye, volviéndose sistema sobre los creyentes. El carisma o ministerio de la presidencia está al final. Ciertamente, hay en el cuerpo mesiánico algunos que presiden, pero no se dice cuando ni cómo: no se les llama obispos o presbíteros, en el sentido posterior; ni se les concibe como sacerdotes, pues la función sagrada pertenece a todos los creyentes, que deben elevar y elevan su vida a Dios como ofrenda santa y gozosa (cf. Rom 12, 1-2). Organizar la iglesia en función de una presidencia con funciones sacerdotales jerárquicas, iría en contra de la visión de Pablo.
Hay, pues, una iglesia o cuerpo mesiánico donde todos son ministros unos de otros. Así lo había resaltado ya 1 Cor 12, 12-26, diciendo que los miembros son del cuerpo, unos de otros (1 Cor 12, 12). Así lo destaca el final, añadiendo que cada uno ha tomar por más honrados a los demás, especialmente a los más débiles y amenazados (1 Cor 12, 22), invirtiendo así la experiencia religiosa de tipo jerárquico que era dominante en el entorno helenista. La sociedad civil y religiosa se sustentaba en el honor de los honrados, a cuyo servicio debían ponerse los otros. En contra de eso, Pablo quiere que cada creyente se ponga al servicio de los demás, especialmente de aquellos que, conforme al honor del entorno, eran menos honrados. Se rompe así el organigrama de poderes del sistema, que eleva a los grandes (ricos, poderosos, sabios), de manera que en la iglesia han de ser más importantes los que menos tienen, pueden y saben (cf. 1 Cor 12, 23-26).
Unidad desde abajo. De esa forma ha invertido Pablo el principio básico de la antropología cultural y social de su tiempo, presentando el evangelio como principio radical de subversión, en la línea de las bienaventuranzas y el canto de María (derribó a los potentados de sus tronos, elevó a los oprimidos: Lc 1, 53-54). No podía haberse dicho una palabra más revolucionaria contra un orden social y sacral que distingue los "grados de ser", donde los superiores o más nobles dominan por ley sobre los inferiores, como ha ratificado la "filosofía oficial" del platonismo: los buenos dioses moran arriba, los mortales en las partes inferiores; los más perfectos encima, los imperfectos abajo... Esta es la filosofía y religión oficial, este el sistema de la República de Sabios que dirigen por el propio peso de su ciencia y su saber al resto de la sociedad (trabajadores inferiores). Pues bien, fundado en la experiencia de Jesús y convencido de que la ley u orden del mundo ha sido superada, Pablo expone y defiende un anti-orden de gratuidad radical, donde los más importantes son los menos honrados, los expulsados del "cuerpo" (del sistema). Un mundo al revés, esto es lo que ha parecido el evangelio a los "buenos romanos". Quien no haya sentido extrañeza ante esa iglesia de Jesús que rompe la estructura "sacral" del sistema de honores del mundo (del buen platonismo), quien no haya descubierto que ella es, con Cristo, necedad para los griegos y escándalo para los romanos (cf. 1Cor 1), porque quiebra las leyes sagradas de sabiduría y de poder del mundo no ha entendido a Pablo, no ha sentido la inversión del evangelio .
Desde los menos honrados. En este cuerpo eclesial invertido, donde los menos honrados han de recibir más honra (1 Cor 12, 24-25) no puede alzarse un estamento de honoratiores, más honrados, ni establecerse un ordo (senatorial, ecuestre....), como aquel que define la sociedad civil romana. Allí donde la iglesia posterior se afirme afirmando la unidad del cuerpo desde una jerarquía sagrada, de tipo episcopal o presbiteral, definida como signo de Dios o su Cristo, ella podrá ser platónica o romana, pero no paulina, ni cristiana. Según Pablo, los ministerios eclesiales son servicios concretos, no honores, y por eso no se pueden institucionalizar de un modo objetivo, separado de la vida de sus portadores, ni volverse sistema independiente del carisma y de la vida de los creyentes y del cuerpo de la iglesia. Si en un momento dado ella se institucionaliza como sistema perfecto, de manera que el honor de un estamento clerical o la "gracia de estado" de sus miembros superiores se desliga del carisma personal de cada uno y del servicio a los más pobres, ella deja de ser cuerpo mesiánico del Cristo y se vuelve organización sacral del mundo, quizá mejor que otras, pero igualmente mundana, en la línea de los dioses paganos, ontologizados de manera genial por el platonismo.
2.. Rom 16. La mujer y los carismas eclesiales.
Todo lo que ha dicho Pablo, tanto aquí (Rom 12) como en 1 Cor 12-14 (prescindiendo de la glosa posterior de 1 Cor 14, 33b-36) vale igualmente para varones y mujeres, esclavos o libres, griegos o judíos (cf. Gal 3, 28).
Aquí se fundamenta un modelo de iglesia ministerial abierta a todos, varones y mujeres, por igual,que después ha sido poco desarrollado. Por razón de fondo y novedad cristiana, varones y mujeres son, por igual, portadores del carisma de Jesús y así debía haberse expresado en la iglesia.
Pero la misma tradición paulina posterior ha dado marcha atrás, como muestran las Pastorales (1Tim, 2Tim, Tito), reservando los ministerios de presidencia a los varones dentro de un esquema de honores que es propio del buen entorno religioso greco-romano, pero que no responde al evangelio. Aquí recogemos dos textos de las cartas originales de Pablo.
1. Punto de partida. Flp 4 No hay en ese cuerpo jerarquías superiores, que se imponen, ni funciones exclusivas de varones (o mujeres), pues todos han sido llamados al servicio mutuo, en amor gozoso y claridad creadora, donde los más valiosos son aquellos que este mundo tiene en menos. De manera comprensible, la sociedad romana antigua frenó esa novedad y así ha quedado, en la iglesia católica, hasta tiempos actuales. Sólo ahora, superados aquellos condicionamientos sociales, podemos descubrir el cuerpo mesiánico de Pablo, como experiencia y camino de encuentro universal e igualitario en Cristo, superando el jerarquismo sacral y la exclusión de las mujeres. Desde ese fondo podemos entender su ruego y confesión:
"Suplico a Evodia y suplico a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, mi compañero de fatigas, te pido que las ayudes, pues han combatido conmigo, a favor del evangelio" (Flp 4, 2-3).Encontramos aquí dos mujeres (Evodia y Síntique), divididas por algún problema (como tantos que ha tenido Pablo), pero que se han esforzado y se siguen esforzando lo mismo que Pablo y este otro compañero (cuyo nombre ignoramos) a favor de la causa de Jesús. Aquí no hallamos la más mínima expresión de inferioridad o subordinación de los ministerios femeninos: estas mujeres han hecho lo mismo que hace Pablo; son "atletas" del evangelio, portadoras del mensaje de Jesús. Pablo les suplica que se reconcilien, pero no como un padre a sus hijos o como señor a sus inferiores, sino de igual a igual.
2. El ministerio de las mujeres. Rom 16. En este misma línea se sitúa el rico final de Rom, que muchos han tomado como texto independiente, dirigido a otra comunidad (quizá Éfeso), por el conocimiento de personas que supone. No mediamos en la discusión. Nos basta con saber que es un pasaje personal de Pablo que evoca, de forma directa, algunos datos de la vida de una iglesia que él conoce, recordando la extensa gama de su equipo ministerial. Así nos muestra lo que ya sabíamos. Él no esta aislado, sino que anima, acoge y asume como propio un grupo de colaboradores donde predominan las mujeres. Así las presenta de forma normal, sin justificar su presencia, igual que a los varones, como responsables de la vida de la iglesia:
Febe es diaconisa de la iglesia en Cencres (16, 1-2) Prisca (esposa) y Áquila (esposo), son colaboradores de Pablo y presiden una iglesia en su casa (16, 3-5). Pablo no distingue funciones, pero aquí nombra primero a la mujer (cf. 1 Cor 16, 19). María ha trabajado mucho por los cristianos de Roma (16, 6). Andrónico y Junia (¿su esposa?) son parientes de Pablo y le han precedido como apóstoles (16, 7 ). Trifena y Trifosa y Pérsida han trabajado (se han fatigado) por el Señor (16, 12).
Estas mujeres son apóstoles (testigos de Jesús, creadoras de iglesia), servidoras de la comunidad y dirigentes (presidentes) de una iglesia doméstica. Esta situación concuerda con la de Galilea e incluso con la de Jerusalén, donde María, madre de Marcos daba nombre a la comunidad reunida en su casa (Hech 12, 12). Estos y otros ministerios, compartidos por varones y mujeres, han brotado de un modo normal, según las necesidades apostólicas y organizativas de la iglesia, por iniciativa de Pablo y sus comunidades, conforme al carisma del Espíritu santo. Todo es, por una parte, humano y muy humano; todo es, por otra, divino en este despliegue que expresa la comunicación del cuerpo de Cristo. Todavía no se ha implantado en la iglesia el patriarcalismo, que triunfará con Pastorales, imponiendo una estructura de poder que es, en principio, extraña al evangelio. Ciertamente, el Jesús pascual sigue actuando por su Espíritu; por eso, Pablo y sus colaboradores han ido suscitando ministerios y trabajos que desbordan los modelos de organización anteriores (sinagoga, casa, escuela filosófica o asociación civil). (Aparecido en
sábado, 31 de mayo de 2008
Benedicto Papa recibió en audiencia al Presidente del Senado de Bolivia

El presidente del Senado boliviano, dirigente del conservador Poder Democrático y Social (Podemos), explicó a Mamberti en qué consisten las autonomías departamentales que están promoviendo tanto las regiones como su agrupación,Ortiz habló a Mamberti del proyecto de nueva Constitución para Bolivia impulsado por el presidente, Evo Morales, y de los procesos autonomistas de varias regiones del país, que las autoridades estatales rechazan por ilegales y separatistas.
Oscar Ortiz explicó al arzobispo que su partido cree que el proyecto de nueva Carta Magna por un lado no ha sido aprobado legalmente y por otro lado no contiene los principios y fundamentos básicos de un sistema auténticamente democrático.
El presidente del Senado dijo que lo quieren es 'un país descentralizado, democrático y con sistema económico viable, en contraposición al proyecto de concentración y perpetuación en el poder que el presidente está buscando, siguiendo el modelo del señor Hugo Chávez'.
Además, Ortiz habló de la importancia de contar con la participación de la Iglesia en el proceso de negociación, de búsqueda de concertación que se tiene que desarrollar en Bolivia, para lograr en algún momento un pacto nacional para consensuar un nuevo texto constitucional.
No obstante, el presidente de la cámara alta boliviana indicó que Morales 'está teniendo muchas controversias con la Conferencia Episcopal' boliviana y 'una actitud muy contradictoria'.
Por otra parte, Ortiz señaló a EFE que durante una breve conversación con el Papa le pidió que rece por 'la paz, la democracia y la libertad' en Bolivia y Benedicto XVI envió su bendición al país andino.
Publicado por BOLIVIA CONFIDENCIAL
domingo, 25 de mayo de 2008
se ha celebrado en Europa el Corpus Christi con algunos días de retraso a Latinoamérica
El Papa ha querido que la celebración tenga un especial significado en un momento de recorte de la fe católica como se pretende en algunos países, de ahí la importancia de ciertas reflexiones que se nos pueden estar olvidando afectados por el bombardeo que recibimos de los medios que nos quieren apartar de la idea de Dios. El texto:
Se celebra hoy la fiesta del Corpus et Sanguinis Christi, es decir, del Cuerpo y la Sangre del Cristo. Ese Cuerpo mesiánico lo forman los cristianos y, en un sentido más amplio y verdadero, todos los hombres y mujeres, es decir, la humanidad entera, pues en ella se ha encarnado el Cristo, es decir, el mismo Dios hecho hombre. Jesús mismo constituye y alimenta ese Cuerpo de la Iglesia (es decir, de la humanidad), ofreciendo para ello su vida, compartíendola con todos los que quieran, expresándola en el signo del pan y del vino, es decir, de la comida compartida. Que todos los hombres y muejeren coman y beban en amor, ésa es la verdad cristiana. Que los hombres y mujeres "compartan corporalamente" la vida (no en puro espíritu desencarnado), ésa es la verdad del Cristo, que sus amigos celeban cada domingo En ese contexto quiero ofrecer una breve teología de la Eucaristía , acudiendo otra vez a los temas de mi libro Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa común y Eucaristía (Verbo Divino, Estella 2005).
1. La Cena de Jesús. Contexto histórico.
Jesús no ha sido un profeta de ayunos, sino que ha sabido beber y ha bebido, compartiendo con los marginados de su pueblo, el pan y los peces, como han destacado los evangelios en los diversos relatos de las “multiplicaciones”, que debemos entender como comidas mesiánicas de Jesús, a cielo abierto, con todos los que vienen (cf Mc 6,30-44; (, 1-10 par). En ese fondo se sitúa mejor su manera de asumir la muerte. Sintiéndose amenazado, Jesús quiso beber con sus amigos el vino de fiesta final, compartiendo con ellos el pan de la vida. Así lo recuerda la liturgia cristiana, recreando lo que pudo ser (lo que fue en su verdad más honda) la última cena. Éstos son los datos básicos.
(a) Los defensores del sistema religioso y político han condenado a Jesús como socialmente peligroso. Los sanedritas pueden acusarle de blasfemo, diciendo que ha querido colocarse en el lugar más alto, como Dios para su pueblo (cf. Mc 14, 64); en realidad le han rechazado por a-social o antisocial: no encaja dentro del orden de su “templo” (cf. Mc 12, 10-11). Los romanos le condenan a muerte porque quiere hacerse Rey de los judíos (Mc 15, 12), ocupando así un lugar que estaba ya ocupado por el César, rey de Roma y portador de un “orden sagrado” sobre el mundo.
(b) Jesús ha muerto como representante mesiánico de Dios, c omo amigo de los pobres y de todos los hombres. Profundizando en esa experiencia, los cristianos han comprendido que la última razón de su condena no ha sido la dureza de aquellos sus jueces y verdugos, sino el modo de actuar del mismo Jesús. Su forma de vida, su proyecto de reino, le ha convertido en un hombre peligroso. Por portarse como se ha portado, por defender lo que ha defendido, ha tenido que estar dispuesto a morir. Ciertamente, le han matado. Pero ha sido él quien ha dado la vida, la ha puesto en manos de Dios Padre. Pues bien, precisamente allí donde los poderes de este mundo le condenan como hombre peligroso, quitándole la vida, se eleva Jesús en la mesa de la despedida y ofrece a los suyos el pan y vino de su reino. Este recuerdo está en el fondo del relato litúrgico de la fundación de la eucaristía, que sirve para interpretar el sentido de la muerte de Jesús y de su presencia en la comida de la comunidad: «Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y bebieron todo de él. Y les dijo: Ésta es la sangre de mi alianza que se derrama por muchos» (Mc 14, 24).
2. La estirpe de Jesús.
Así aparece Jesús como iniciador de estirpe, fundador de la nueva familia de aquellos que comparten su cuerpo y su forma de vida (sangre). El judaísmo era en aquel tiempo un grupo de solidaridad de sangre (descendencia, vida) y de cuerpo (vinculado en torno al pan y la casa). Pues bien, el mismo Jesús que ha superado (ha roto) la estructura de familia antigua, fundada en el poder del los padres y de una genealogía clasista, fundamenta en su entrega la nueva familia de los hijos de Dios, vinculados en carne y sangre. Desde aquí queremos evocar los dos signos.
(a) Esto es mi cuerpo (sôma), simbolizado en el pan que se parte (entrega y comparte) a fin de que todos se vinculen en una misma vida y comunión, rotas las barreras que dividen a varones y mujeres, puros e impuros, enfermos y sanos, judíos y gentiles. Éste es el sacramento mesiánico, el descubrimiento y despliegue de la vida, que Jesús ofrece, no por nacimiento biológico, solidaridad personal, entrega mutua y palabra compartida.
(b) Es la sangre de mi alianza... Esta sangre que vincula con Jesús (desde Jesús) a todos los hombres no es la fuerza biológica de generación (como la que buscan en ese tiempo los judíos), no es una sacralización de los aspectos nacionales o raciales de la vida; tampoco es la sangre ritual de los sacrificios compartidos, la violencia de los animales muertos, pues Jesús transciende el carácter sacral de las religiones de violencia, que identifican la presencia de Dios con un ritual de sacrificios, sino aquella que se expande y crea vida por medio de la entrega de la propia vida. Así aparece Jesús, como padre/madre de nueva humanidad, creador de una estirpe universal de hermanos, vinculados desde el Padre.El cuerpo y la sangre de Jesús vinculan en alianza (comunión de solidaridad humana) a todos los que quieran asumir su proyecto, vivir su evangelio. Normalmente, los hombres transmiten su nombre y recuerdo a través de la generación física. Pues bien, Jesús transmite vida, crea familia, suscita la comunión de los hijos de Dios, entregando su propio ser, como verdadero padre/madre, hermano/compañero de la nueva humanidad. Así viene a presentarse como el hombre pleno, el ser humano, que engendra y sostiene la vida entregándose a sí mismo como principio de humanidad. Situadas así, en el principio y centro de la manifestación de Dios, las dos palabras clave (pan-cuerpo, sangre-alianza) evocan el principio generador y unificador de la realidad humana. No son las partes materiales de un cadáver, como a veces se ha pensado (el cuerpo lo sólido y la sangre lo líquido), sino la totalidad de la vida interpretada como fuente de existencia para todos los humanos.Para muchos judíos, el cuerpo o familia se fundaba en la solidaridad biológica (semen, sangre engendradora) y en la vinculación sacrificial de la sangre animal, vertida en nombre y para unión del pueblo. Pues bien, en contra de eso, la unidad y fuerza del pueblo de Jesús (judío radical) está en la experiencia del pan compartido y de la alianza de la sangre, ofrecida (derramada) por todos.
3. Los tres elementos de la eucaristía.
Conforme a esta experiencia de Jesús y de sus seguidores, la Iglesia cristiana se configura como vinculación concreta de personas que comen y beben, recordando a Jesús. Ciertamente, la Iglesia tiene otros rasgos (es comunidad de fe y de oración). Pero el más importante de ellos, el que define todos los restantes, es el que está vinculado a la comida. Los cristianos son iglesia porque comen juntos. En este contexto se sitúan las tres palabras fundamentales de la liturgia:
a. Eucaristía. Significa acción de gracias y esto es lo que proclama el celebrante principal en el momento más solemne del prefacio: situado ante el misterio de Dios, que aparece de forma generosa en los dones del pan y del vino, en nombre de todos los celebrantes, eleva la voz presentando ante Dios una fuerte acción de gracias, reasumiendo las palabras del Gloria: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias. Dios ha creado al hombre gratis, como madre generosa que regala a su hijo lo mejor que tiene y puede; no le debemos nada, pero es bello que le agradezcamos su regalo. Gratis nos ha regalado Dios la vida; nada puede ya exigirnos por ella. En contra de todas las teorías contractuales que imponen al humano el deber de agradecer a Dios sus dones (de servirle), la eucaristía muestra que no tenemos ninguna obligación de hacerlo. Gratuitamente nos ha dado Dios lo que somos; de igual manera podemos y debemos (si queremos) responderle, con el pan y vino de Jesús, haciendo que resuene en nuestra voz la voz de toda la creación. De esa forma, el Dios de la eucaristía se muestra Padre/Madre en el principio, centro y el fin de su camino. De esa forma, después de habernos dado lo que es y lo que tiene, queda frágil e indefenso en nuestras manos, esperando una respuesta de amor, sin poderla imponer, sin imponerse jamás sobre nosotros. De esa forma, siendo Padre/Padre y fundamento de Vida en nuestra vida, se vuelve Amigo, presencia enamorada (cf. Ap 21-22).
b. Memorial o recuerdo de Jesús (Anámnesis). Los diversos ritos recuerdan y actualizan un misterio anterior, algo que sucedió al principio de los tiempos (mito pagano) o en el momento histórico concreto de la fundación de un movimiento religioso (aquí en la Cena de Jesús, que se expresa en la Eucaristía). En ese sentido, la Eucaristía es recuerdo y presencia de la historia de Jesús, Hijo de Dios, el Hombre plenamente realizado (Hijo del humano). Por eso, al celebrarla los cristianos retornan a las raíces mesiánicas y aprenden el oficio gozoso de ser hombre y /o mujer, en el rito liberador y enamorado de darnos mutuamente el pan, compartir el cuerpo y regalarnos la vida (sangre) unos a otros, en camino de resurrección. Éste es el único oficio, la tarea gozosa y salvadora de la historia: aprender a ser (hacerse) humanos en plenitud, con el mismo Dios que por Jesús ha venido a convertirse en compañero de sus fieles, entregándoles su vida (cuerpo, sangre). Recordar significa repetir y actualizar, no por obligación, como si nada hubiera pasado desde entonces, sino en libertad creadora. La iglesia no puede limitarse a copiar lo que hizo Jesús, sino que ha de hacerse ella misma Jesús (=comunidad mesiánica), actualizando en la historia actual la fiesta mesiánica del pan compartido y la sangre entregada, en camino de resurrección.
3. Epíclesis o invocación del Espíritu Santo. Desde el origen de los tiempos llegan las grandes invocaciones, llamadas sacrales, dirigidas a los dioses o genios protectores de la vida. Pues bien, la Eucaristía es invocación dirigida al Espíritu de Dios, para que exprese y realice su obra, por Jesús, en esta misma historia. Reunidos en su nombre, los cristianos pueden invocarle confiados, sabiendo que su fuerza les alienta, que su vida les sostiene. Por dos veces, en el centro de la gran Oración Eucarística, los fieles invocan al Espíritu Santo: para que actúe sobre los dones ofrecidos (pan y vino), convirtiéndolos en cuerpo de Cristo; para que venga sobre los fieles, de forma que ellos mismos sean en su plenitud Cuerpo mesiánico y puedan mantenerse en unidad, dando la sangre (vida) unos por otros. De esa forma, la eucaristía aparece al fin en como aquello que ha sido siempre: la forma primordial de la oración humana; la misma vida concebida y realizada a modo de oración, ante los dones compartidos, en agradecimiento a Dios, en recuerdo de Jesús. De esa manera se supera la distancia que se había establecido entre Dios y los humanos. Sin dejar de ser divino, Dios se ha vuelto, por Jesús, la Vida de la vida humana, en el pan y vino de la fraternidad, en el camino de la sangre derramada en favor de los demás. Aquí se expresa Dios, aquí se manifiesta la verdad del ser humano, como eucaristía y resurrección en Cristo, por medio del Espíritu
Se celebra hoy la fiesta del Corpus et Sanguinis Christi, es decir, del Cuerpo y la Sangre del Cristo. Ese Cuerpo mesiánico lo forman los cristianos y, en un sentido más amplio y verdadero, todos los hombres y mujeres, es decir, la humanidad entera, pues en ella se ha encarnado el Cristo, es decir, el mismo Dios hecho hombre. Jesús mismo constituye y alimenta ese Cuerpo de la Iglesia (es decir, de la humanidad), ofreciendo para ello su vida, compartíendola con todos los que quieran, expresándola en el signo del pan y del vino, es decir, de la comida compartida. Que todos los hombres y muejeren coman y beban en amor, ésa es la verdad cristiana. Que los hombres y mujeres "compartan corporalamente" la vida (no en puro espíritu desencarnado), ésa es la verdad del Cristo, que sus amigos celeban cada domingo En ese contexto quiero ofrecer una breve teología de la Eucaristía , acudiendo otra vez a los temas de mi libro Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa común y Eucaristía (Verbo Divino, Estella 2005).
1. La Cena de Jesús. Contexto histórico.
Jesús no ha sido un profeta de ayunos, sino que ha sabido beber y ha bebido, compartiendo con los marginados de su pueblo, el pan y los peces, como han destacado los evangelios en los diversos relatos de las “multiplicaciones”, que debemos entender como comidas mesiánicas de Jesús, a cielo abierto, con todos los que vienen (cf Mc 6,30-44; (, 1-10 par). En ese fondo se sitúa mejor su manera de asumir la muerte. Sintiéndose amenazado, Jesús quiso beber con sus amigos el vino de fiesta final, compartiendo con ellos el pan de la vida. Así lo recuerda la liturgia cristiana, recreando lo que pudo ser (lo que fue en su verdad más honda) la última cena. Éstos son los datos básicos.
(a) Los defensores del sistema religioso y político han condenado a Jesús como socialmente peligroso. Los sanedritas pueden acusarle de blasfemo, diciendo que ha querido colocarse en el lugar más alto, como Dios para su pueblo (cf. Mc 14, 64); en realidad le han rechazado por a-social o antisocial: no encaja dentro del orden de su “templo” (cf. Mc 12, 10-11). Los romanos le condenan a muerte porque quiere hacerse Rey de los judíos (Mc 15, 12), ocupando así un lugar que estaba ya ocupado por el César, rey de Roma y portador de un “orden sagrado” sobre el mundo.
(b) Jesús ha muerto como representante mesiánico de Dios, c omo amigo de los pobres y de todos los hombres. Profundizando en esa experiencia, los cristianos han comprendido que la última razón de su condena no ha sido la dureza de aquellos sus jueces y verdugos, sino el modo de actuar del mismo Jesús. Su forma de vida, su proyecto de reino, le ha convertido en un hombre peligroso. Por portarse como se ha portado, por defender lo que ha defendido, ha tenido que estar dispuesto a morir. Ciertamente, le han matado. Pero ha sido él quien ha dado la vida, la ha puesto en manos de Dios Padre. Pues bien, precisamente allí donde los poderes de este mundo le condenan como hombre peligroso, quitándole la vida, se eleva Jesús en la mesa de la despedida y ofrece a los suyos el pan y vino de su reino. Este recuerdo está en el fondo del relato litúrgico de la fundación de la eucaristía, que sirve para interpretar el sentido de la muerte de Jesús y de su presencia en la comida de la comunidad: «Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y bebieron todo de él. Y les dijo: Ésta es la sangre de mi alianza que se derrama por muchos» (Mc 14, 24).
2. La estirpe de Jesús.
Así aparece Jesús como iniciador de estirpe, fundador de la nueva familia de aquellos que comparten su cuerpo y su forma de vida (sangre). El judaísmo era en aquel tiempo un grupo de solidaridad de sangre (descendencia, vida) y de cuerpo (vinculado en torno al pan y la casa). Pues bien, el mismo Jesús que ha superado (ha roto) la estructura de familia antigua, fundada en el poder del los padres y de una genealogía clasista, fundamenta en su entrega la nueva familia de los hijos de Dios, vinculados en carne y sangre. Desde aquí queremos evocar los dos signos.
(a) Esto es mi cuerpo (sôma), simbolizado en el pan que se parte (entrega y comparte) a fin de que todos se vinculen en una misma vida y comunión, rotas las barreras que dividen a varones y mujeres, puros e impuros, enfermos y sanos, judíos y gentiles. Éste es el sacramento mesiánico, el descubrimiento y despliegue de la vida, que Jesús ofrece, no por nacimiento biológico, solidaridad personal, entrega mutua y palabra compartida.
(b) Es la sangre de mi alianza... Esta sangre que vincula con Jesús (desde Jesús) a todos los hombres no es la fuerza biológica de generación (como la que buscan en ese tiempo los judíos), no es una sacralización de los aspectos nacionales o raciales de la vida; tampoco es la sangre ritual de los sacrificios compartidos, la violencia de los animales muertos, pues Jesús transciende el carácter sacral de las religiones de violencia, que identifican la presencia de Dios con un ritual de sacrificios, sino aquella que se expande y crea vida por medio de la entrega de la propia vida. Así aparece Jesús, como padre/madre de nueva humanidad, creador de una estirpe universal de hermanos, vinculados desde el Padre.El cuerpo y la sangre de Jesús vinculan en alianza (comunión de solidaridad humana) a todos los que quieran asumir su proyecto, vivir su evangelio. Normalmente, los hombres transmiten su nombre y recuerdo a través de la generación física. Pues bien, Jesús transmite vida, crea familia, suscita la comunión de los hijos de Dios, entregando su propio ser, como verdadero padre/madre, hermano/compañero de la nueva humanidad. Así viene a presentarse como el hombre pleno, el ser humano, que engendra y sostiene la vida entregándose a sí mismo como principio de humanidad. Situadas así, en el principio y centro de la manifestación de Dios, las dos palabras clave (pan-cuerpo, sangre-alianza) evocan el principio generador y unificador de la realidad humana. No son las partes materiales de un cadáver, como a veces se ha pensado (el cuerpo lo sólido y la sangre lo líquido), sino la totalidad de la vida interpretada como fuente de existencia para todos los humanos.Para muchos judíos, el cuerpo o familia se fundaba en la solidaridad biológica (semen, sangre engendradora) y en la vinculación sacrificial de la sangre animal, vertida en nombre y para unión del pueblo. Pues bien, en contra de eso, la unidad y fuerza del pueblo de Jesús (judío radical) está en la experiencia del pan compartido y de la alianza de la sangre, ofrecida (derramada) por todos.
3. Los tres elementos de la eucaristía.
Conforme a esta experiencia de Jesús y de sus seguidores, la Iglesia cristiana se configura como vinculación concreta de personas que comen y beben, recordando a Jesús. Ciertamente, la Iglesia tiene otros rasgos (es comunidad de fe y de oración). Pero el más importante de ellos, el que define todos los restantes, es el que está vinculado a la comida. Los cristianos son iglesia porque comen juntos. En este contexto se sitúan las tres palabras fundamentales de la liturgia:
a. Eucaristía. Significa acción de gracias y esto es lo que proclama el celebrante principal en el momento más solemne del prefacio: situado ante el misterio de Dios, que aparece de forma generosa en los dones del pan y del vino, en nombre de todos los celebrantes, eleva la voz presentando ante Dios una fuerte acción de gracias, reasumiendo las palabras del Gloria: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias. Dios ha creado al hombre gratis, como madre generosa que regala a su hijo lo mejor que tiene y puede; no le debemos nada, pero es bello que le agradezcamos su regalo. Gratis nos ha regalado Dios la vida; nada puede ya exigirnos por ella. En contra de todas las teorías contractuales que imponen al humano el deber de agradecer a Dios sus dones (de servirle), la eucaristía muestra que no tenemos ninguna obligación de hacerlo. Gratuitamente nos ha dado Dios lo que somos; de igual manera podemos y debemos (si queremos) responderle, con el pan y vino de Jesús, haciendo que resuene en nuestra voz la voz de toda la creación. De esa forma, el Dios de la eucaristía se muestra Padre/Madre en el principio, centro y el fin de su camino. De esa forma, después de habernos dado lo que es y lo que tiene, queda frágil e indefenso en nuestras manos, esperando una respuesta de amor, sin poderla imponer, sin imponerse jamás sobre nosotros. De esa forma, siendo Padre/Padre y fundamento de Vida en nuestra vida, se vuelve Amigo, presencia enamorada (cf. Ap 21-22).
b. Memorial o recuerdo de Jesús (Anámnesis). Los diversos ritos recuerdan y actualizan un misterio anterior, algo que sucedió al principio de los tiempos (mito pagano) o en el momento histórico concreto de la fundación de un movimiento religioso (aquí en la Cena de Jesús, que se expresa en la Eucaristía). En ese sentido, la Eucaristía es recuerdo y presencia de la historia de Jesús, Hijo de Dios, el Hombre plenamente realizado (Hijo del humano). Por eso, al celebrarla los cristianos retornan a las raíces mesiánicas y aprenden el oficio gozoso de ser hombre y /o mujer, en el rito liberador y enamorado de darnos mutuamente el pan, compartir el cuerpo y regalarnos la vida (sangre) unos a otros, en camino de resurrección. Éste es el único oficio, la tarea gozosa y salvadora de la historia: aprender a ser (hacerse) humanos en plenitud, con el mismo Dios que por Jesús ha venido a convertirse en compañero de sus fieles, entregándoles su vida (cuerpo, sangre). Recordar significa repetir y actualizar, no por obligación, como si nada hubiera pasado desde entonces, sino en libertad creadora. La iglesia no puede limitarse a copiar lo que hizo Jesús, sino que ha de hacerse ella misma Jesús (=comunidad mesiánica), actualizando en la historia actual la fiesta mesiánica del pan compartido y la sangre entregada, en camino de resurrección.
3. Epíclesis o invocación del Espíritu Santo. Desde el origen de los tiempos llegan las grandes invocaciones, llamadas sacrales, dirigidas a los dioses o genios protectores de la vida. Pues bien, la Eucaristía es invocación dirigida al Espíritu de Dios, para que exprese y realice su obra, por Jesús, en esta misma historia. Reunidos en su nombre, los cristianos pueden invocarle confiados, sabiendo que su fuerza les alienta, que su vida les sostiene. Por dos veces, en el centro de la gran Oración Eucarística, los fieles invocan al Espíritu Santo: para que actúe sobre los dones ofrecidos (pan y vino), convirtiéndolos en cuerpo de Cristo; para que venga sobre los fieles, de forma que ellos mismos sean en su plenitud Cuerpo mesiánico y puedan mantenerse en unidad, dando la sangre (vida) unos por otros. De esa forma, la eucaristía aparece al fin en como aquello que ha sido siempre: la forma primordial de la oración humana; la misma vida concebida y realizada a modo de oración, ante los dones compartidos, en agradecimiento a Dios, en recuerdo de Jesús. De esa manera se supera la distancia que se había establecido entre Dios y los humanos. Sin dejar de ser divino, Dios se ha vuelto, por Jesús, la Vida de la vida humana, en el pan y vino de la fraternidad, en el camino de la sangre derramada en favor de los demás. Aquí se expresa Dios, aquí se manifiesta la verdad del ser humano, como eucaristía y resurrección en Cristo, por medio del Espíritu
viernes, 23 de mayo de 2008
reproducimos de www.hoyBolivia.com un escrito de Centa Reck
Los ataques al Cardenal
El cardenal Julio Terrazas no se imaginó que iba a tener que soportar una árida polémica después que aceptó interceder en el diálogo que el Ejecutivo viene pretendiendo instalar con las regiones autonomistas.
La crisis ha subido tanto los decibeles, que hasta el monseñor Juárez, que se ha mostrado muy inclinado a aprobar las políticas centralistas, autoritarias y populistas de Evo Morales, se vio obligado a declarar: "Si excluyen al cardenal Julio Terrazas la Iglesia solidariamente apoyará al Cardenal y entonces no asistirá a ningún diálogo".
Los ataques al Cardenal han sido duros y sostenidos además de inmerecidos, tratando de diezmar la entereza y la fortaleza que ha demostrado la autoridad eclesiástica, que no ha accedido a hacer lo que el gobierno quería que haga: parcializarse y ponerse incondicionalmente de lado de exigencias que no son ecuánimes, que encierran intereses ocultos y que carecen de transparencia. Los duros del Gobierno hicieron declaraciones advirtiendo que aceptarían a la Iglesia como mediadora, pero sin la presencia del cardenal Terrazas, porque para ellos éste quedó excluido de proceso al participar en el referéndum por el Estatuto Autonómico de Santa Cruz, el 4 de mayo.
Todo se precipitó desde que el cardenal Terrazas consideró infundada la versión del Ejecutivo respecto de la existencia de "esclavos" en la provincia Cordillera de Santa Cruz. Esta versión surgió para hacer frente a las autonomías departamentales, tratando de desacreditar al proyecto autonomista y para proceder a la expropiación de tierras que se quería iniciar en la provincia Cordillera. La declaración del cardenal fue suficiente para que Morales lo tome como su enemigo.
La situación se agravó cuando el cardenal Terrazas acudió a votar en el referéndum del 4 de mayo, ocasión en la que Morales señaló que la Iglesia parece actuar como un "sindicato opositor", con lo que expresó abiertamente que pretende que el cardenal sea oficialista. A partir de ese momento las declaraciones han sido continuas tratando de bombardear al cardenal y de hostigarlo haciéndole sentir el brazo largo del poder.
Los ataques del gobierno son parte de una estrategia para ablandar al cardenal por la mala, pues esta es la única metodología que conoce el Ejecutivo de Morales. El propósito es desacreditar a la iglesia católica y a los lideres religiosos, pues el gobierno de Morales es pagano, no quiere que le iglesia tenga feligresía, pues como todo poder totalitario quiere tener todo el poder en sus manos. Recordamos que exactamente lo mismo está ocurriendo entre los gobiernos de Venezuela, Argentina, Ecuador, Nicaragua y de todos los amigos que intentan copar el continente Sudamericano.
"Conocemos al señor Presidente, pero yo pienso que la institución de la Iglesia merece más respeto, consideración y creo que este lenguaje no es digno de un Primer Mandatario de una nación", subrayó monseñor Juárez, que tuvo que salir al paso ante las declaraciones de mal gusto que siguen haciendo los chicos ateos del poder Ejecutivo.
Mientras tanto los ministros y demás mandos masistas siguen haciendo de las suyas con el método del que hace de malo y pegador y el que viene después a hacer las pases, para que otro pegue de nuevo y así sucesivamente en esa circularidad perversa. A su vez el canciller que no quiere perderse la oportunidad de participar en el tinku, se lanzó a declarar: "Nosotros estamos dispuestos a que la Iglesia juegue un papel facilitador. Debía acercar y no tomar partido, a mí me ha sorprendido sobremanera cuando el máximo representante de la Iglesia ha tomado partido, participando en este referéndum (autonómico) ilegal (del 4 de mayo pasado) que no está dentro de la leyes".
Las palabras del cardenal cuando volvió de su viaje a Roma deberán servirle como un muro de contención a esta avalancha de matonaje político: "El Santo Padre sabe que en todas partes nos cuestionan, además no sólo nos cuestionan porque podamos decir palabras, se cuestiona siempre la palabra de Dios, la palabra del Evangelio, que cuando llega con exigencias no siempre alegra a todos. Y sabemos también por las mismas palabras del Señor, que a quienes no aceptan estas palabras, nosotros no somos jueces y no podemos condenarlos tampoco".
Perdónelos cardenal, aunque estos señores saben bien lo que hacen...
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