La oración de petición nace siempre de un grito del hombre dirigido a Dios con el que pretende arrebatarle una respuesta eficaz a una necesidad humana concreta.
Con la oración de súplica, el hombre desea fervientemente que Dios intervenga en la historia particular del hombre, y la cambie.
Sin embargo, pedir con intenciones de eficacia, no parece ser el modo cristiano de rezar que Dios desea para el hombre.
Cuando se piensa que Dios puede alterar el curso normal de los acontecimientos de la historia, por petición o capricho del hombre, nos aleja de la idea del Dios cristiano que los Evangelios nos enseñan. Rezar buscando siempre un resultado eficaz es más propio del que se pone en manos de un mago que de la actitud de un creyente.
La oración cristiana es en sí misma gratuita y materialmente ineficaz, porque no busca resultados inmediatos, ni puede ser nunca moneda de cambio para conseguir cualquier tipo de beneficio contable.
La oración del creyente se establece en una tesitura totalmente diferente y difícilmente cuantificable, porque no sabe ni de resultados, ni de números, ni de cantidades.
La oración cristiana y gratuita es ante todo incondicional. A Dios no se le pueden poner condiciones, para arrebatarle nada que no nos haya concedido por adelantado. En Jesucristo se nos ha dado todo y no hay nada nuevo que ya no se nos haya ofrecido y que se pueda pretender conseguir de nuevas.
El misterio de la oración parte justamente del descubrimiento que hace el creyente al descubrir que en Cristo ya se ha recibido todo. Se reza para poder percibir lo que Dios le ha regalado al hombre y que ya le pertenece a éste por pura iniciativa generosa y amorosa de Dios.
En ese sentido, la oración de petición va dirigida a Dios para abrirse a la percepción de lo que ya se posee. La oración cristiana es más teológica o trascendente si cabe que antropológica.
En otras palabras, Dios no necesita de nuestros ruegos. En la oración de súplica se pide entonces descubrir la presencia de Dios en todo aquello que configura la vida del creyente.
La súplica de la oración no es causal, sino expresión de alabanza y diálogo interpersonal, porque en el caso contrario la oración se convertiría en un medio para manipular a Dios. Mucho antes de que se lo pidamos, y sin ni si quiera pedirlo, Dios sabe bien lo que el hombre necesita.
El orante no debe desafiar nunca a Dios, porque distorsiona la calidad y la esencia misma de la oración.
Dicho en otros términos, me atrevería a afirmar que la oración, por su esencia gratuita e incondicional, no es eficaz en sí misma, vista desde la óptica material, entendiendo esto como si Dios pudiese intervenir en la historia personal del hombre para modificar su curso natural.
Luego si la oración no es eficaz, ¿qué función desempeña en la vida del creyente? Simplemente, es el modo que el hombre tiene de establecer un diálogo abierto con Dios. Y si hay diálogo es que primero existe la escucha.
La escucha de Dios se posibilita a través de su Palabra, del ejemplo de los demás, y de los acontecimientos de la vida en los que es posible percibir su presencia.
Todo está habitado por la presencia del Misterio, pero hay que saber percibirlo, y eso sí es objeto de la oración de petición. A Dios le pedimos que nos abra los ojos para descubrir su paso sigiloso a través de los pequeños gestos que componen nuestra vida.
Con esto no estoy afirmando que la oración de petición sea inútil, sino que forma parte de un proceso que debe conducir al creyente desde la rebeldía por la falta de aceptación de una realidad vital, hasta llegar al diálogo de Padre a hijo donde se experimenta el consuelo de la presencia del Amado, que sin modificar la materialidad de la necesidad concreta, nos permite comprender y aceptar el dolor y el sufrimiento que la vida inflige al hombre en determinada situación.
No se trata ni de derrotismo ni de resignación mal entendida. La palabra re-signación está compuesta de dos términos muy importantes: darle un nuevo significado a la historia personal que nos tiene afligidos.
Sólo Dios, a través de su intervención en el corazón del orante, puede lograr que tengamos una nueva y mejor comprensión de ese acontecimiento de nuestra vida que nos ha quitado la paz interior.
En ese sentido, la historia dolorosa del hombre se convierte, de repente, por el poder de la oración, en un símbolo de la presencia de Dios, capaz de transformar el enfoque distorsionado que nos tenía anclados a una visión excesivamente material de la realidad.
Cuando se logra re-significar la vida, Dios se hace el cercano, el perceptible, el palpable, donde se le puede experimentar sin necesidad de que altere la naturaleza de nuestra historia.
El dolor no me lo quita nadie, ni Dios si quiera, pero Él sí lo llena de sentido, dejándose percibir por el orante como mediación generadora de consuelo y esperanza, pese a todo, allí mismo donde antes sólo se veía desolación y sufrimiento. Ahí, precisamente, es donde está Dios, porque la oración ha logrado que la realidad se convierta en símbolo de su misma presencia.
Al final del proceso de maduración de la oración, que va de la súplica al diálogo, se comprende bien que el ejercicio del creyente no ha sido un monólogo ineficaz y absurdo, sino un diálogo con alguien silencioso que “eficazmente” ha modificado la visión del mundo, permitiendo que nazca la experiencia personal de Dios, sin haber alterado el curso natural de la historia individual.
Nada sucede sin la venia del Señor. Todo encaja en su Divina Providencia, por lo que abandonarse en sus brazos y repetir la oración de cada dia "Hágase tu Voluntad..." es la forma más sabia y más humana de aceptar la vida con sus grandezas y sus miserias.
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domingo, 21 de octubre de 2007
domingo, 14 de octubre de 2007
Si Dios es Amor, qué es creer?
Propongo contemplar la fe cristiana como compromiso de amor con el ser humano, compromiso con una vida digna para cada uno de los seres humanos y para todos juntos. Hace años estuvo muy en boga referirse a la fe bajo esta preocupación encarnada y liberadora. En nuestros días, por razones que aquí no vamos a exponer, otras dimensiones de la fe han adquirido un protagonismo más destacado. Con todo, nadie duda ya, al menos no debería hacerlo, de que la teología y la experiencia cristianas son inteligencia del amor y práctica misericordiosa. Se discute de uno u otro modo sobre los significados de esta definición, advirtiendo de su especificidad y diferencias por comparación con las luchas humanas identificadas con la justicia “política”, pero, en cuanto a su puesto característico en la vida de fe, nadie deja de reconocer la condición comprometidamente liberadora de la fe cristiana.¡Porque no es cualquier compromiso al que convoca la fe, sino aquél que puede ser reconocido en sintonía con la vida y palabra de Jesús, es decir, integralmente liberador del ser humano en todas sus dimensiones! Con ello estoy diciendo que no elegimos nosotros el carácter liberador de la fe, ni depende de nuestros gustos personales entender de uno u otro modo lo de liberador. Ciertamente es objeto de un discernimiento prudente y concreto en cada circunstancia personal y social, sí, pero bajo las pautas fundamentales de la persona de Jesús, el Cristo de Dios, de su vida, de sus palabras, de sus actitudes y de sus preferencias, y, entre todas ellas, la compasión por los pobres, débiles y pecadores. Discernimiento, por supuesto, en comunión con la Iglesia, pero que ella misma tiene que obedecer para vivir y actuar en el Espíritu de Jesucristo.
Al contemplar la fe por el lado del compromiso, como he dicho, no olvidamos ni callamos que su última raíz es una experiencia personal y honda de Dios, una experiencia religiosa. El compromiso cristiano, lo que llamamos práctica de la caridad personal y social, está referido a Dios, a la experiencia que tenemos del Amor de Dios, como a su raíz más profunda. ¡Cuidado, por tanto, con que no se nos reseque! Reconocemos la necesidad de cultivar esa experiencia religiosa radical, la nuestra, experiencia de la misericordia entrañable de Dios con nosotros. Corregir nuestros olvidos y descuidos en este sentido, es muy importante. Vital, diría yo. Pero, añado de inmediato, ¡atención!, que nadie crea que puede encontrar a Dios, el gran Otro, fuera y lejos de los otros, nuestros prójimos; que nadie crea que, si se debilita esta experiencia religiosa, ya no merece la pena la acción solidaria y justa de los cristianos, pues puede ser, en épocas de invierno para la Iglesia y la fe, el rescoldo que nos queda para calentar nuestros espíritus, mientras llega la primavera del Espíritu; y que nadie crea, menos aún, que la oración desencarnada puede sustituir con ventaja la falta de compromiso cristiano. Sigue siendo necesario subrayar y probar, yo así lo creo todavía, que el olvido del compromiso nunca puede ser suplido por la oración fervorosa; y es que nunca las buenas intenciones son igual a las mejores acciones caritativas. Rectas intenciones tenían todos en la parábola del buen samaritano, pero sólo éste confesó la fe en el verdadero Dios, haciéndose prójimo del necesitado. Este vuelco en la fe es sustancial, para comprender el compromiso caritativo liberador como el comienzo real de la oración cristiana y de su teología.
Por tanto, al pensar la fe como compromiso personal y social, no podemos caer en el error de querer vivirla con olvido de los pobres reales, los predilectos de Dios, “la niña de sus ojos”. Esta idea debe estar clara, antes de profundizar en el alma caritativa de la fe, es decir, en cómo la fe cristiana es esencialmente, ¡también!, compromiso práctico, histórico, social y público. Debemos además pensar todo esto, finalmente, sin olvido de los contextos o escenarios sociales del compromiso de los cristianos: contextos de injusticia estructural, creciente, globalizada y televisada. No es el momento de describirlos, pero están ahí condicionándonos en todo y a todos. Olvidarlos al hablar de la fe como compromiso liberador, sería tanto como hablar de las bondades del alpinismo sin hablar de la orografía y el clima del lugar al que vamos a viajar.
(de Periodista Digital. Suplemento Religión. I de IV)
Al contemplar la fe por el lado del compromiso, como he dicho, no olvidamos ni callamos que su última raíz es una experiencia personal y honda de Dios, una experiencia religiosa. El compromiso cristiano, lo que llamamos práctica de la caridad personal y social, está referido a Dios, a la experiencia que tenemos del Amor de Dios, como a su raíz más profunda. ¡Cuidado, por tanto, con que no se nos reseque! Reconocemos la necesidad de cultivar esa experiencia religiosa radical, la nuestra, experiencia de la misericordia entrañable de Dios con nosotros. Corregir nuestros olvidos y descuidos en este sentido, es muy importante. Vital, diría yo. Pero, añado de inmediato, ¡atención!, que nadie crea que puede encontrar a Dios, el gran Otro, fuera y lejos de los otros, nuestros prójimos; que nadie crea que, si se debilita esta experiencia religiosa, ya no merece la pena la acción solidaria y justa de los cristianos, pues puede ser, en épocas de invierno para la Iglesia y la fe, el rescoldo que nos queda para calentar nuestros espíritus, mientras llega la primavera del Espíritu; y que nadie crea, menos aún, que la oración desencarnada puede sustituir con ventaja la falta de compromiso cristiano. Sigue siendo necesario subrayar y probar, yo así lo creo todavía, que el olvido del compromiso nunca puede ser suplido por la oración fervorosa; y es que nunca las buenas intenciones son igual a las mejores acciones caritativas. Rectas intenciones tenían todos en la parábola del buen samaritano, pero sólo éste confesó la fe en el verdadero Dios, haciéndose prójimo del necesitado. Este vuelco en la fe es sustancial, para comprender el compromiso caritativo liberador como el comienzo real de la oración cristiana y de su teología.
Por tanto, al pensar la fe como compromiso personal y social, no podemos caer en el error de querer vivirla con olvido de los pobres reales, los predilectos de Dios, “la niña de sus ojos”. Esta idea debe estar clara, antes de profundizar en el alma caritativa de la fe, es decir, en cómo la fe cristiana es esencialmente, ¡también!, compromiso práctico, histórico, social y público. Debemos además pensar todo esto, finalmente, sin olvido de los contextos o escenarios sociales del compromiso de los cristianos: contextos de injusticia estructural, creciente, globalizada y televisada. No es el momento de describirlos, pero están ahí condicionándonos en todo y a todos. Olvidarlos al hablar de la fe como compromiso liberador, sería tanto como hablar de las bondades del alpinismo sin hablar de la orografía y el clima del lugar al que vamos a viajar.
(de Periodista Digital. Suplemento Religión. I de IV)
lunes, 8 de octubre de 2007
Para cuando te sientas enojado con Dios
¿Alguna vez te has enfadado con Dios? La pregunta va dirigida, como es lógico, a los que creen en Dios. Tendría guasa que te hubieras enfadado, aunque sólo fuera una vez, con quien crees que no existe. Insisto ¿alguna vez te has enfadado con Dios? ó ¿Tú eres de los que se enfadan pero lo llaman de otra manera? Déjame hacerte otra pregunta: ¿Te gustaría saber cómo reaccionaría Dios si nos enfadáramos con él aunque no tuviéramos razón?
Hace muchos años hubo un profeta que se llamaba Jonás. Si, aquel que pasó tres noches en la suite principal del hotel “El Gran pez” y — ya ves — ¡cuánto ha dado que hablar todo aquello! Pues este tal Jonás se enfadó con Dios un día porque lo consideró incongruente, incoherente, inconsecuente y contradictorio.
La cosa vino al enviarlo a Nínive con un mensaje de destrucción y perdonar luego a todos sus habitantes porque se arrepintieron de su maldad.
— ¿Tienes acaso razón para enojarte? — Le preguntó Dios al ver su estado de ánimo y comprobar acto seguido que estaba tan enfadado que lo dejó plantado y se marchó sin decir palabra —.
— ¿Tienes acaso razón para enojarte? — Volvió a preguntar Dios con paciencia en un nuevo y posterior encuentro con su irritable siervo —.
— Tengo razón para enojarme hasta la muerte —respondido Jonás dando rienda suelta a la ira acumulada —. (Nosotros hubiéramos dicho: ¡Esto es para morirse!).
Es curioso pero Dios no destruyó de un soplo al protagonista de tal insolencia, al contrario, “le aguantó el tirón con serenidad” y optó por dialogar. Le dio sus razones pues no se podía perder de vista que lo mandó con un mensaje contundente que era un aviso serio pero con la sana intención de perdonar. Hasta se lo ilustró con una planta que nació y despareció en veinticuatro horas — ya conoces la historia —.
Por último le dio tiempo, por lo menos eso parece indicar la manera en que acaba el libro. Como si Dios, después de haber puesto a su alcance los elementos necesarios para aceptar la situación, le diera tiempo y ocasión para asimilar todo aquello.
Tal vez las muchas cosas de Dios que no entendemos nos producen malestar y ocasionalmente hasta enfado. Podemos callarlas permitiendo que se nos queden dentro mientras nos engañamos a nosotros mismos pensando que las hemos aceptado, pero eso nos lleva a la desilusión y al escepticismo.
En cambio es bueno decirle con toda sinceridad lo que sentimos, sin reservas ni tapujos ¿No crees que quien pudo perdonarnos y salvarnos también tendrá la capacidad para comprendernos?
Luis Ruiz es ingeniero y escritor
Hace muchos años hubo un profeta que se llamaba Jonás. Si, aquel que pasó tres noches en la suite principal del hotel “El Gran pez” y — ya ves — ¡cuánto ha dado que hablar todo aquello! Pues este tal Jonás se enfadó con Dios un día porque lo consideró incongruente, incoherente, inconsecuente y contradictorio.
La cosa vino al enviarlo a Nínive con un mensaje de destrucción y perdonar luego a todos sus habitantes porque se arrepintieron de su maldad.
— ¿Tienes acaso razón para enojarte? — Le preguntó Dios al ver su estado de ánimo y comprobar acto seguido que estaba tan enfadado que lo dejó plantado y se marchó sin decir palabra —.
— ¿Tienes acaso razón para enojarte? — Volvió a preguntar Dios con paciencia en un nuevo y posterior encuentro con su irritable siervo —.
— Tengo razón para enojarme hasta la muerte —respondido Jonás dando rienda suelta a la ira acumulada —. (Nosotros hubiéramos dicho: ¡Esto es para morirse!).
Es curioso pero Dios no destruyó de un soplo al protagonista de tal insolencia, al contrario, “le aguantó el tirón con serenidad” y optó por dialogar. Le dio sus razones pues no se podía perder de vista que lo mandó con un mensaje contundente que era un aviso serio pero con la sana intención de perdonar. Hasta se lo ilustró con una planta que nació y despareció en veinticuatro horas — ya conoces la historia —.
Por último le dio tiempo, por lo menos eso parece indicar la manera en que acaba el libro. Como si Dios, después de haber puesto a su alcance los elementos necesarios para aceptar la situación, le diera tiempo y ocasión para asimilar todo aquello.
Tal vez las muchas cosas de Dios que no entendemos nos producen malestar y ocasionalmente hasta enfado. Podemos callarlas permitiendo que se nos queden dentro mientras nos engañamos a nosotros mismos pensando que las hemos aceptado, pero eso nos lleva a la desilusión y al escepticismo.
En cambio es bueno decirle con toda sinceridad lo que sentimos, sin reservas ni tapujos ¿No crees que quien pudo perdonarnos y salvarnos también tendrá la capacidad para comprendernos?
Luis Ruiz es ingeniero y escritor
martes, 25 de septiembre de 2007
Gracias María Asunción, que tengas contigo siempre las bendiciones del Señor en abundancia.
Es cierto que te marchas dentro de algunas horas, un nuevo destino te ha señalado la obediencia como tu nuevo campo de apostolado religioso. No es fácil aceptar los designios de la Providencia, y menos aún aceptarlos con alegría y con humildad como tú lo haces, en señal de tu profunda religiosidad. Dejas en Suecia muchos hermanos, muchos amigos que hemos seguido de cerca tu trabajo, tu dedicación a los más débiles de la comunidad, a los perseguidos y desamparados. Al recibir el mandato de tus superioras para venir a Suecia tuviste el coraje de aceptar el reto, aprender un nuevo idioma, convivir en una sociedad diferente a todas las demás, misionar en un reino donde la mayoría son ateos y descreídos y donde los cristianos somos una minoría quizá algo más del 10% de toda la población. Rápidamente te integraste a la familia sueca y tu labor no se dejó esperar, será por ello que sentimos una gran pena por tu ausencia que la empezamos a sentir, al mismo tiempo compartimos tu satisfacción íntima del deber cumplido.
Fiat voluntas tua! Hoy y siempre. Estaremos contigo sin fallarte en la oración.
El Papa renunciará a sus ochenta años
Esta es la tesis que sostiene Germán Gorraiz López en el Diario de Noticias de Navarra. Tal y como la escribe se la transmitimos. De ser cierta, podrría provocar un auténtico cataclismo en la Iglesia. Aunque no se confirmase, plantea interrogantes de fondo serios. ¿Debería renunciar el Papa al cumplir los 75 (como todos los demás obispos) o a los 80? ¿Sería bueno o malo para la Iglesia institucional?. En cualquier caso y como dicen los italianos "si non é vero é ben trovato".
"Sin lugar a dudas, el año próximo va a ser una auténtica encrucijada para la Iglesia católica, con dos acontecimientos que van a conducirla inexorablemente a dos extremos aparentemente irreconciliables.
1.-Renuncia al papado de Benedicto XVI:
Coincidiendo con su 80 cumpleaños, el actual Papa presentará la renuncia al Papado, con el consiguiente sobresalto de todos los estamentos de la actual Curia católica, ya que significará un precedente peligroso en la historia de la Iglesia de Roma que traerá consecuencias que serán notorias a lo largo del siglo en que nos encontramos.
Las razones que va a aportar se reducen básicamente a dos:
-El precedente realizado por la Compañía de Jesús, que en el mismo año 2008 renovará a su Papa negro, previa renuncia aduciendo motivos de edad.
-La necesidad vital de dedicar los últimos años de su vida a intentar demostrar racionalmente los misterios que encierra el credo cristiano.
Su marcha será traumática para el actual devenir de la Iglesia romana, pues dejará como herencia para los próximos obispos de Roma la inestimable labor de derribo total del ideario del Concilio Vaticano II con el consiguiente fortalecimiento en el poder de los sectores más conservadores de la Iglesia, que acabarán eligiendo a un Papa probablemente italiano y afín a sus estrictos dogmas.
2.- Elección del nuevo papa negro:
Por coincidencias del destino, en el 2008 el actual general de la Compañía de Jesús, previa renuncia por razones de edad aceptada en la Congregación General, será sustituido en el cargo que ahora ostenta y que como el Papado era vitalicio.
Aparte de la revolución que representa para las inamovibles estructuras de la iglesia romana (fin de los mandatos vitalicios), esta renovación traerá consecuencias para la Compañía de Jesús, que iremos viendo asimismo a lo largo del presente siglo y que posiblemente serán dramáticas para toda la Iglesia como estructura jerarquizada.
El testigo será tomado probablemente por un teólogo cercano a la Doctrina de la Liberación, con el consiguiente bandazo en la dirección de la nave jesuita, dirigiendo la proa a la celebración de un nuevo Concilio, lo que le acarreará accidentes varios y sensibles pérdidas de miembros relevantes, y que finalmente acabará impactando en la popa de la nave vaticana, quedando como restos del naufragio el nacimiento de la última Iglesia".
Germán Gorráiz López
"Sin lugar a dudas, el año próximo va a ser una auténtica encrucijada para la Iglesia católica, con dos acontecimientos que van a conducirla inexorablemente a dos extremos aparentemente irreconciliables.
1.-Renuncia al papado de Benedicto XVI:
Coincidiendo con su 80 cumpleaños, el actual Papa presentará la renuncia al Papado, con el consiguiente sobresalto de todos los estamentos de la actual Curia católica, ya que significará un precedente peligroso en la historia de la Iglesia de Roma que traerá consecuencias que serán notorias a lo largo del siglo en que nos encontramos.
Las razones que va a aportar se reducen básicamente a dos:
-El precedente realizado por la Compañía de Jesús, que en el mismo año 2008 renovará a su Papa negro, previa renuncia aduciendo motivos de edad.
-La necesidad vital de dedicar los últimos años de su vida a intentar demostrar racionalmente los misterios que encierra el credo cristiano.
Su marcha será traumática para el actual devenir de la Iglesia romana, pues dejará como herencia para los próximos obispos de Roma la inestimable labor de derribo total del ideario del Concilio Vaticano II con el consiguiente fortalecimiento en el poder de los sectores más conservadores de la Iglesia, que acabarán eligiendo a un Papa probablemente italiano y afín a sus estrictos dogmas.
2.- Elección del nuevo papa negro:
Por coincidencias del destino, en el 2008 el actual general de la Compañía de Jesús, previa renuncia por razones de edad aceptada en la Congregación General, será sustituido en el cargo que ahora ostenta y que como el Papado era vitalicio.
Aparte de la revolución que representa para las inamovibles estructuras de la iglesia romana (fin de los mandatos vitalicios), esta renovación traerá consecuencias para la Compañía de Jesús, que iremos viendo asimismo a lo largo del presente siglo y que posiblemente serán dramáticas para toda la Iglesia como estructura jerarquizada.
El testigo será tomado probablemente por un teólogo cercano a la Doctrina de la Liberación, con el consiguiente bandazo en la dirección de la nave jesuita, dirigiendo la proa a la celebración de un nuevo Concilio, lo que le acarreará accidentes varios y sensibles pérdidas de miembros relevantes, y que finalmente acabará impactando en la popa de la nave vaticana, quedando como restos del naufragio el nacimiento de la última Iglesia".
Germán Gorráiz López
viernes, 14 de septiembre de 2007
Evo reabre un frente contra la Iglesia Católica
Sin motivo, como fruto de una reacción espontánea, quizá impensada el Presidente Morales ha reabierto el frente religioso al increpar al Arzobispo salesiano Tito Solari en un acto público, en presencia de cientos de invitados, tal cual nos lo refiere Los Tiempos en nota que está dando la vuelta al mundo. Morales debe saber que Bolivar padre de la Patria era extranjero, Sucre su presidente organizador de la República era extranjero, que muchos religiosos, que han realizado extraordinarias obras en beneficio directo y exclusivo de los bolivianos han sido y otros que aún están con vida son extranjeros como el padre Antonio Díez del Pozo que "ama a Bolivia más que a su propia patria", de manera que lejos de ser un insulto, o una ofensa, hacer referencia a la condición de "no boliviano" de monseñor Solari, cuya humildad, pobreza, espíritu de servicio ya quisieran tener muchos bolivianos, es un timbre de orgullo, porque "muchos son bolivianos porque nacieron en Bolivia, otros unos pocos la eligieron como su Patria para servir en ella"
"¡Quién es la Iglesia para pedir paz a los campesinos! Nos acusan de buscar confrontación y violencia. El campesino es humilde y vive en paz pero con justicia social. Esta mañana hemos tenido una fiesta con tractores y con música". Con estas palabras, el presidente de la República, Evo Morales Aima, increpó anoche al arzobispo de Cochabamba, Tito Solari, durante la sesión de honor del Concejo Municipal, en el teatro Achá, en el marco de la celebración del 197 aniversario de la revolución de Cochabamba, acto en el que también se hallaba presente el Arzobispo, además unos 200 invitados de honor, funcionarios del Municipio de Cercado y seguidores del Movimiento al Socialismo (MAS). Momentos antes, Morales dirigió una mirada a Solari cuando se dio cuenta de que él no aplaudía cuando el Presidente anunció un incremento en la producción neta de petróleo de la planta de Valle Hermoso, de 22.800 barriles por día con Petrobras a 42 mil barriles por día con la nacionalización. Morales, fijándose en el Arzobispo, dijo: "Seguramente este padre no aplaude porque no es cochabambino". Solari permaneció en su sitio con serenidad. Un día antes, el Arzobispo hizo una exhortación en un acto público para que tanto los campesinos que llegasen a Cochabamba como los habitantes de la ciudad celebren la efeméride cochabambina en un marco de paz, diálogo y tolerancia. Los pedidos de Solari se dieron cuando circulaban rumores de que tanto el Presidente de la República como el prefecto Manfred Reyes Villa movilizaban sectores campesinos hacia la ciudad de Cochabamba con el consecuente riesgo de un enfrentamiento similar a los hechos ocurridos en enero pasado.
"¡Quién es la Iglesia para pedir paz a los campesinos! Nos acusan de buscar confrontación y violencia. El campesino es humilde y vive en paz pero con justicia social. Esta mañana hemos tenido una fiesta con tractores y con música". Con estas palabras, el presidente de la República, Evo Morales Aima, increpó anoche al arzobispo de Cochabamba, Tito Solari, durante la sesión de honor del Concejo Municipal, en el teatro Achá, en el marco de la celebración del 197 aniversario de la revolución de Cochabamba, acto en el que también se hallaba presente el Arzobispo, además unos 200 invitados de honor, funcionarios del Municipio de Cercado y seguidores del Movimiento al Socialismo (MAS). Momentos antes, Morales dirigió una mirada a Solari cuando se dio cuenta de que él no aplaudía cuando el Presidente anunció un incremento en la producción neta de petróleo de la planta de Valle Hermoso, de 22.800 barriles por día con Petrobras a 42 mil barriles por día con la nacionalización. Morales, fijándose en el Arzobispo, dijo: "Seguramente este padre no aplaude porque no es cochabambino". Solari permaneció en su sitio con serenidad. Un día antes, el Arzobispo hizo una exhortación en un acto público para que tanto los campesinos que llegasen a Cochabamba como los habitantes de la ciudad celebren la efeméride cochabambina en un marco de paz, diálogo y tolerancia. Los pedidos de Solari se dieron cuando circulaban rumores de que tanto el Presidente de la República como el prefecto Manfred Reyes Villa movilizaban sectores campesinos hacia la ciudad de Cochabamba con el consecuente riesgo de un enfrentamiento similar a los hechos ocurridos en enero pasado.
lunes, 3 de septiembre de 2007
El órgano de Habo Kyrka
El día 28 de agosto, cerca de 40 jubilados que pertenecemos a la Ilgesia Católica de Gotemburgo (Parroquia de Cristo Rey) emprendimos la peregrinación por tres templos cristianos uno de ellos llamado "la Catedral de las pinturas) muy conocida en el mundo por su arquitectura y la pintura de sus paredes y cúpulas. Los primeros misioneros llegaron a Suecia por el Año Mil y comenzaron a construir Iglesias a partir del 1100, la fuente del bautismo data de 1250 y el altar el 1300, aunque fue reconstruída varias veces desde entonces, la construcción actual data de 1723 y su arquitectura imitaa a la de una Catedral, no obstante ser de madera en forma de basílica con una nave central más alta que las dos naves laterales. La división de su interior nos recuerda la división de clases entonces existente hombres separados de mujeres, los nobles, los servidores, los campesinos y con capacidad de 600 asientos. Hoy mostramos la postal del órgano construído por Johan Nicklas Cahman con su cordetas reconstruídas en 1962 y adaptaciones modernas. Se puede apreciar su magnificencia en sus estatuas, su decoración, en todo el armonioso conjunto.
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