Con la sabia previsión de la Santa Sede, se va preparando el Sínodo de Obispos, acontecimientos al cual, el Papa Benedicto XVI le concede singular importancia.El acntecimiento bien merece un seguimiento minuciosos que nos irá dando el cuadro exacto de sus objetivos.
Viernes, 27 abr (RV).- Han sido presentados esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede los Lineamenta para la XIIª Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma del 5 al 26 de octubre de 2008. El argumento que su Santidad Benedicto XVI ha establecido para los futuros trabajos sinodales lleva por título: “La palabra de Dios en la vida y en la misión del Iglesia”.
El secretario general del Sínodo, Mons. Nikola Eterovic, que ha presentado el texto de preparación de la reunión sinodal a los medios informativos, ha subrayado que “los Lineamenta son un documento importante en la preparación del Sínodo” porque su “objetivo es suscitar una reflexión a nivel de Iglesia Universal sobre el tema del Sínodo”. “Un tema que en cierto sentido -ha dicho- se relaciona y se complementa con el tema de la anterior asamblea dedicada a la Eucaristía. De hecho, en la celebración de la Santa Misa, forman un único acto de culto sus dos partes esenciales: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística”.
La estructura de los Lineamenta, que serán enviados a todas las Conferencias Episcopales del mundo para ser valorados y debatidos, refleja el tema de la cumbre sinodal. Están divididos en tres grandes capítulos. El primero, trata sobre la Revelación, Palabra de Dios e Iglesia; el segundo, lleva por título La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia; y el tercero La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia. El texto se abre y se cierra, respectivamente, con una Introducción y una breve Conclusión.
En la Introducción, se indican las principales motivaciones que han llevado a la elección de la “Palabra de Dios” para que sea base de estudio y debate sinodal. Se subraya la importancia de situarse en la Tradición viva de la Iglesia. De hecho, los Lineamenta hacen referencia directa a la Constitución dogmática Dei Verbum, aprobada por el Concilio Vaticano II en 1965, y se dice que “después de más de 40 años de este documento conciliar es oportuno valorar, a nivel de Iglesia universal, los resultados positivos que ha suscitado en el Pueblo de Dios, en particular en lo que se refiere a renovación bíblica en ámbito litúrgico, teológico y catequético”.
La Asamblea sinodal tendrá un objetivo principalmente pastoral profundizando en las razones doctrinales. Para facilitar la reflexión, después de cada Lineamenta se plantean una serie de preguntas sobre el argumento tratado. El Cuestionario presentado de manera completa al final del Documento es un instrumento indispensable en la metodología sinodal. Pues, facilita la discusión y ayuda a focalizar los puntos principales en vista a las respuestas que los organismos colegiales en todo el mundo están llamados a dar a la Secretaria General del Sínodo de los Obispos. Estas respuestas vienen estudiadas y clasificadas por el Consejo de la Secretaria y con la ayuda de los expertos se elabora un documento de trabajo para la Asamblea sinodal denominado Instrumentum laboris.
Nada sucede sin la venia del Señor. Todo encaja en su Divina Providencia, por lo que abandonarse en sus brazos y repetir la oración de cada dia "Hágase tu Voluntad..." es la forma más sabia y más humana de aceptar la vida con sus grandezas y sus miserias.
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lunes, 30 de abril de 2007
miércoles, 25 de abril de 2007
El Papa no deja de orar por Palestina
Audiencia del Papa al presidente palestino Abas: la Santa Sede aprecia el compromiso de impulsar el proceso de paz entre israelíes y palestinos, gracias también a la comunidad internacional
Martes, 24 abr (RV).- Benedicto XVI ha recibido esta mañana al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás – Abu Mazen. Después de esta audiencia pontificia, el mandatario palestino ha mantenido un encuentro con el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, acompañado de mons. Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados.
Un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede señala que «en el curso de las cordiales conversaciones, se examinó la situación en Oriente Medio. En particular, se manifestó aprecio por el compromiso - gracias también a la ayuda de la comunidad internacional - en favor de la reanudación del proceso de paz entre israelíes y palestinos. También se habló sobre la situación interna palestina, con referencia, entre otros temas, a las dificultades que encuentran los católicos y al valor de su contribución en esta sociedad».
Martes, 24 abr (RV).- Benedicto XVI ha recibido esta mañana al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás – Abu Mazen. Después de esta audiencia pontificia, el mandatario palestino ha mantenido un encuentro con el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, acompañado de mons. Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados.
Un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede señala que «en el curso de las cordiales conversaciones, se examinó la situación en Oriente Medio. En particular, se manifestó aprecio por el compromiso - gracias también a la ayuda de la comunidad internacional - en favor de la reanudación del proceso de paz entre israelíes y palestinos. También se habló sobre la situación interna palestina, con referencia, entre otros temas, a las dificultades que encuentran los católicos y al valor de su contribución en esta sociedad».
sábado, 21 de abril de 2007
El limbo, nunca fue artículo de fe! (Radio Vaticana)
Sábado, 21 abr (RV).- «El destino de los niños que mueren sin haber recibido el bautismo es el Cielo». Es la conclusión de la Comisión Teológica Internacional, que, después de algunos años de estudio, ha publicado un documento que se titula, precisamente: «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin haber sido bautizados». El Documento aclara que el tradicional concepto de limbo, lugar donde los niños no bautizados viven eternamente sin comunión con Dios, refleja una «visión excesivamente restrictiva de la salvación”.
La agencia de información de los obispos de Estados Unidos, Catholic Nwes Service, ha publicado amplias partes de este mismo documento, cuyo texto integral en italiano será publicado el próximo 5 de mayo, en la revista Civiltá Cattolica, de los jesuitas italianos.
«Las razones fundamentales que han llevado a aclarar, desde el punto de vista teológico, que los niños que mueren sin haber sido bautizados van al Cielo – ha declarado ante nuestros micrófonos el Secretario General de la Comisión Teológica Internacional – están representadas, en primer lugar, por la misericordia infinita de Dios, que quiere que todos los hombres se salven».
El padre Luís Ladaria ha hecho hincapié asimismo en «la mediación única y universal de Cristo, que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres», sin olvidar que «Jesús mostró de forma especial su cercanía a los pequeños y su predilección por ellos». Por lo que «todas estas razones llevan a la esperanza de la salvación de los niños que han muerto sin ser bautizados».
Al ser preguntado sobre cuál ha sido la aportación de Benedicto XVI en la redacción de este documento el mismo sacerdote jesuita español ha explicado también que la redacción es obra de de la Comisión Teológica Internacional, pero que «Benedicto XVI - habiendo sido además presidente de la misma Comisión, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siendo entonces el cardenal Ratzinger – indicó este tema de estudio. Probablemente de acuerdo con el Papa Juan Pablo II. Y, como sabemos, ha dado su consenso para la publicación de este texto».
Con este documento, la Comisión Teológica Internacional sale al paso de la urgencia de la esperanza, en el marco de este tema que contempla a los pequeños inocentes que mueren sin haber sido bautizados y a los niños no nacidos víctimas de los abortos. Explicando que «el limbo nunca fue definido como dogma», el padre Ladaria recuerda además que «el Catecismo de la Iglesia Católica no lo menciona».
La agencia de información de los obispos de Estados Unidos, Catholic Nwes Service, ha publicado amplias partes de este mismo documento, cuyo texto integral en italiano será publicado el próximo 5 de mayo, en la revista Civiltá Cattolica, de los jesuitas italianos.
«Las razones fundamentales que han llevado a aclarar, desde el punto de vista teológico, que los niños que mueren sin haber sido bautizados van al Cielo – ha declarado ante nuestros micrófonos el Secretario General de la Comisión Teológica Internacional – están representadas, en primer lugar, por la misericordia infinita de Dios, que quiere que todos los hombres se salven».
El padre Luís Ladaria ha hecho hincapié asimismo en «la mediación única y universal de Cristo, que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres», sin olvidar que «Jesús mostró de forma especial su cercanía a los pequeños y su predilección por ellos». Por lo que «todas estas razones llevan a la esperanza de la salvación de los niños que han muerto sin ser bautizados».
Al ser preguntado sobre cuál ha sido la aportación de Benedicto XVI en la redacción de este documento el mismo sacerdote jesuita español ha explicado también que la redacción es obra de de la Comisión Teológica Internacional, pero que «Benedicto XVI - habiendo sido además presidente de la misma Comisión, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siendo entonces el cardenal Ratzinger – indicó este tema de estudio. Probablemente de acuerdo con el Papa Juan Pablo II. Y, como sabemos, ha dado su consenso para la publicación de este texto».
Con este documento, la Comisión Teológica Internacional sale al paso de la urgencia de la esperanza, en el marco de este tema que contempla a los pequeños inocentes que mueren sin haber sido bautizados y a los niños no nacidos víctimas de los abortos. Explicando que «el limbo nunca fue definido como dogma», el padre Ladaria recuerda además que «el Catecismo de la Iglesia Católica no lo menciona».
El limbo desapareció
No era justo que los niños que mueren sin ser bautizados fuesen a parar al Limbo, que no era ni el cielo, ni el infierno. Un sitio neutral que un Decreto del Papa Benedicto XVI acaba de emitir. Así la existencia del Limbo tenida como una parte de la doctrina del catecismo, ha dejado de existir, en buena hora. No era un artículo de fe, pero sí era parte de la explicación sobre la vida, más allá de la muerte física. Ver más en la crónica de la derecha. La Iglesia de Roma, santa María La Mayor, considerada uno de los templos más grandes del mundo.
miércoles, 18 de abril de 2007
Sinopsis del libro de Benedicto XVI
«El camino del Papa hacia Jesús. Una meditación personal y no un documento del Magisterio». Se ha presentado la sinopsis de este libro de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, titulado «Jesús de Nazaret». Libro que es la primera parte de una obra, cuya realización – como afirma el mismo autor - «ha sido precedida por un ‘largo camino interior’». Y en cuya segunda parte el Papa espera «poder ofrecer también un capítulo sobre las narraciones de la infancia de Jesús y tratar sobre el misterio de su pasión, muerte y resurrección».
Es reflejo de la búsqueda personal del ‘Rostro del Señor’ por parte de Joseph Ratzinger. «No quiere ser un documento del Magisterio», por lo que «cada uno tiene la libertad de contradecirme», como subraya el mismo Pontífice en la premisa. El objetivo principal de esta obra es el de «favorecer en el lector el crecimiento de una relación viva con Jesucristo».
El que ha sido presentado hoy es «en primer lugar un libro pastoral», subrayando luego que es también «obra de un teólogo riguroso, que justifica cada una de sus afirmaciones sobre la base de un conocimiento inmenso de los textos sagrados y de la literatura crítica». Analizando el método histórico-crítico y sus límites, el Papa declara que su libro «considera a Jesús a partir de su comunión con el Padre». Joseph Ratzinger presenta «el Jesús de los Evangelios como Jesús real, como Jesús histórico».
«Para Benedicto XVI, en el texto bíblico se encuentran todos los elementos para afirmar que el personaje histórico, Jesucristo, es también efectivamente el Hijo de Dios que vino a la tierra para salvar a la humanidad y, página tras página, va examinando cada uno de esos elementos. Va guiando al lector – creyente y no creyente – en una cautivadora aventura intelectual».
«Con el hombre de fe, que anhela explicar el misterio divino sobre todo a sí mismo. Con el culto teólogo, que abarca resultados de análisis doctrinales antiguos y recientes», «en este libro, emerge el pastor que logra verdaderamente su anhelo de impulsar en el lector el crecimiento de una relación viva con Jesucristo, casi implicándolo poco a poco en su amistad personal con el Señor».
La sinopsis del libro de Benedicto XVI concluye haciendo hincapié en que «en esta perspectiva, el Pontífice no teme denunciar un mundo que, excluyendo a Dios y aferrándose sólo a las realidades visibles y materiales, corre el riesgo de autodestruirse en la búsqueda egoísta de un bienestar sólo material, volviéndose sordo a la verdadera llamada del ser humano a ser, en el Hijo, hijo de Dios y a alcanzar así la verdadera libertad en ‘la Tierra prometida’ del ‘Reino de Dios».
Extractos del libro
Dando una mirada al libro podemos extraer la afirmación de que el Hijo de Dios es el Jesús histórico. Confieso, escribe el Papa, que precisamente Jesús –el del Evangelio– es una figura históricamente sensata y convincente. Aludiendo a la carta de Pablo a los Filipenses, el Santo Padre manifiesta que veinte años después de la muerte de Jesús encontramos en el gran himno a Cristo, en la carta mencionada del Apóstol, una cristología, en la que se dice que Jesús era igualmente Dios, pero que se despojó a sí mismo, que se hizo hombre, se humilló hasta al muerte en la Cruz y que a Él espera el homenaje de lo creado, la adoración que en el profeta Isaías, Dios había proclamado como debida solamente a Él.
Mirando esta realidad Benedicto XVI cree conveniente preguntarse, qué ocurrió en estos veinte años tras la crucifixión. ¿Cómo se ha llegado a esta cristología? Naturalmente, creer que precisamente como hombre Él era Dios y que esto lo ha hecho ver en las parábolas, va más allá del método histórico. Al contrario, si a la luz de esta convicción de fe se leen los textos con el método histórico y con su apertura a lo más grande, ellos se entreabren, y nos muestran un camino y una figura que son dignas de fe.
Respecto a la prueba de la existencia de Dios que el tentador propone cuando pide a Jesús que transforme las piedras en pan, Benedicto XVI se pregunta: ¿qué hay de más trágico y contradictorio con un Dios bueno, y la fe en un redentor de los hombres, que el hambre de la humanidad? ¿La primera nota identificativa de un redentor del mundo no debería ser el acabar con el hambre en el mundo?
El Papa recuerda cómo Dios alimentaba al pueblo de Israel con el maná, con el pan del cielo, cuando caminaba por el desierto. ¿No debería el salvador del mundo demostrar la propia identidad dando de comer a todos? ¿El problema de la alimentación del mundo –y en general los problemas sociales– no son posiblemente el primer y auténtico criterio para la redención? ¿Alguien que no colme este criterio puede llamarse redentor?
El marxismo, que ha hecho suyo este ideal, el corazón de su promesa de salvación, escribe el Pontífice, habría hecho posible que el desierto se convirtiera en pan. “Si tu eres el Hijo de Dios…” ¿Qué desafío? ¿No se debería decir lo mismo a la Iglesia? La respuesta de Jesús no se puede entender solamente a la luz de lo que se relata en las tentaciones. El tema del pan permeabiliza todo el Evangelio y debe ser visto en toda su extensión.
A este punto el Papa recuerda dos pasajes evangélicos, precisamente sobre el pan en la vida de Jesús: la multiplicación de los panes y la Última Cena. En el primero, la gente fue a escuchar la palabra de Dios, como personas que han abierto el propio corazón a Dios y a los demás recíprocamente, así pueden recibir el pan de manera justa.
El segundo pasaje sobre el pan nos lleva al anticipo del tercero y constituye su preparación, el de la Última Cena, que se convierte en Eucaristía de la Iglesia y el milagro permanente de Jesús sobre el pan. Él mismo se ha convertido en pan para nosotros, y esta multiplicación de los panes durará de manera inagotable hasta el final de los tiempos. Así, ahora, comprendemos la palabra de Jesús, que Él toma del Antiguo Testamento, para rechazar al tentador: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. A este propósito, el Papa recuerda una frase de un jesuita alemán condenado a muerte por los nazis: “El pan es importante, la libertad es más importante, pero la cosa más importante de todas, es la constante fidelidad y la adoración jamás traicionada”.
El Santo Padre finaliza este extracto de su libro, contrastando este pasaje con la realidad del llamado Tercer Mundo y advierte que está en juego el primado de Dios: “No se puede gobernar la historia, advierte, con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, entonces ninguna otra cosa puede convertirse en buena. Y la bondad de corazón solamente puede venir de Aquel que es Él mismo la Bondad, el Bien”.
La cuestión joánica
Dos temas decisivos en la cuestión joánica: quién es el autor de este Evangelio y cuál es su credibilidad histórica. Respecto a la primera pregunta es el mismo Evangelio quien ofrece una clara afirmación en el relato de la Pasión, cuando se alude a uno de los soldados que atravesó el costado de Jesús con una lanza: “en seguida salió sangre y agua”, e inmediatamente añade: “quien lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis”. Y este era un testigo ocular, el mismo de quien se había dicho que estaba junto a la cruz y que era el discípulo a quien Jesús amaba, discípulo que después viene mencionado como el autor del Evangelio.
No obstante el nombre de este autor venga voluntariamente mantenido en secreto, sin embargo el Evangelio le atribuye la función de testigo y garante de lo sucedido, figura histórica, porque si no fuera así, las frases anteriores se vaciarían de significado, carecerían de sentido.
Aunque la tradición, desde tiempos de San Ireneo, muerto en torno al año 202, reconoce a este discípulo como San Juan, hoy han surgido dudas respecto a este nombre. Al mismo tiempo, estudios exegéticos modernos, inclinan la balanza de la autoría hacia San Juan, en base a los datos que examina el exegeta francés Henri Caselles, quien ha demostrado, con una investigación sociológica sobre las familias de pescadores, el sacerdocio del templo, la Cena en el Cenáculo, etc… que pueda ser Juan, el de Zebedeo, aquel testigo ocular como el autor del Evangelio.
La complejidad en la redacción del texto levanta, sin embargo, ulteriores preguntas. Si por una parte, Eusebio de Cesarea, en el año 338 dice haber conocido al “presbítero Juan”, perteneciente a la escuela joánica de Éfeso, que a su vez puede ser el autor de la 2ª y 3ª Carta de Juan, las dos figuras se sobrepondrían. Pero en cualquier caso, aunque Juan el presbítero no sea el mismo que Juan el evangelista, y fuera el primero quien dio estructura al evangelio, siempre se consideró como el administrador de la herencia del hijo del Zebedeo, el testigo ocular de la muerte de Jesús.
Es reflejo de la búsqueda personal del ‘Rostro del Señor’ por parte de Joseph Ratzinger. «No quiere ser un documento del Magisterio», por lo que «cada uno tiene la libertad de contradecirme», como subraya el mismo Pontífice en la premisa. El objetivo principal de esta obra es el de «favorecer en el lector el crecimiento de una relación viva con Jesucristo».
El que ha sido presentado hoy es «en primer lugar un libro pastoral», subrayando luego que es también «obra de un teólogo riguroso, que justifica cada una de sus afirmaciones sobre la base de un conocimiento inmenso de los textos sagrados y de la literatura crítica». Analizando el método histórico-crítico y sus límites, el Papa declara que su libro «considera a Jesús a partir de su comunión con el Padre». Joseph Ratzinger presenta «el Jesús de los Evangelios como Jesús real, como Jesús histórico».
«Para Benedicto XVI, en el texto bíblico se encuentran todos los elementos para afirmar que el personaje histórico, Jesucristo, es también efectivamente el Hijo de Dios que vino a la tierra para salvar a la humanidad y, página tras página, va examinando cada uno de esos elementos. Va guiando al lector – creyente y no creyente – en una cautivadora aventura intelectual».
«Con el hombre de fe, que anhela explicar el misterio divino sobre todo a sí mismo. Con el culto teólogo, que abarca resultados de análisis doctrinales antiguos y recientes», «en este libro, emerge el pastor que logra verdaderamente su anhelo de impulsar en el lector el crecimiento de una relación viva con Jesucristo, casi implicándolo poco a poco en su amistad personal con el Señor».
La sinopsis del libro de Benedicto XVI concluye haciendo hincapié en que «en esta perspectiva, el Pontífice no teme denunciar un mundo que, excluyendo a Dios y aferrándose sólo a las realidades visibles y materiales, corre el riesgo de autodestruirse en la búsqueda egoísta de un bienestar sólo material, volviéndose sordo a la verdadera llamada del ser humano a ser, en el Hijo, hijo de Dios y a alcanzar así la verdadera libertad en ‘la Tierra prometida’ del ‘Reino de Dios».
Extractos del libro
Dando una mirada al libro podemos extraer la afirmación de que el Hijo de Dios es el Jesús histórico. Confieso, escribe el Papa, que precisamente Jesús –el del Evangelio– es una figura históricamente sensata y convincente. Aludiendo a la carta de Pablo a los Filipenses, el Santo Padre manifiesta que veinte años después de la muerte de Jesús encontramos en el gran himno a Cristo, en la carta mencionada del Apóstol, una cristología, en la que se dice que Jesús era igualmente Dios, pero que se despojó a sí mismo, que se hizo hombre, se humilló hasta al muerte en la Cruz y que a Él espera el homenaje de lo creado, la adoración que en el profeta Isaías, Dios había proclamado como debida solamente a Él.
Mirando esta realidad Benedicto XVI cree conveniente preguntarse, qué ocurrió en estos veinte años tras la crucifixión. ¿Cómo se ha llegado a esta cristología? Naturalmente, creer que precisamente como hombre Él era Dios y que esto lo ha hecho ver en las parábolas, va más allá del método histórico. Al contrario, si a la luz de esta convicción de fe se leen los textos con el método histórico y con su apertura a lo más grande, ellos se entreabren, y nos muestran un camino y una figura que son dignas de fe.
Respecto a la prueba de la existencia de Dios que el tentador propone cuando pide a Jesús que transforme las piedras en pan, Benedicto XVI se pregunta: ¿qué hay de más trágico y contradictorio con un Dios bueno, y la fe en un redentor de los hombres, que el hambre de la humanidad? ¿La primera nota identificativa de un redentor del mundo no debería ser el acabar con el hambre en el mundo?
El Papa recuerda cómo Dios alimentaba al pueblo de Israel con el maná, con el pan del cielo, cuando caminaba por el desierto. ¿No debería el salvador del mundo demostrar la propia identidad dando de comer a todos? ¿El problema de la alimentación del mundo –y en general los problemas sociales– no son posiblemente el primer y auténtico criterio para la redención? ¿Alguien que no colme este criterio puede llamarse redentor?
El marxismo, que ha hecho suyo este ideal, el corazón de su promesa de salvación, escribe el Pontífice, habría hecho posible que el desierto se convirtiera en pan. “Si tu eres el Hijo de Dios…” ¿Qué desafío? ¿No se debería decir lo mismo a la Iglesia? La respuesta de Jesús no se puede entender solamente a la luz de lo que se relata en las tentaciones. El tema del pan permeabiliza todo el Evangelio y debe ser visto en toda su extensión.
A este punto el Papa recuerda dos pasajes evangélicos, precisamente sobre el pan en la vida de Jesús: la multiplicación de los panes y la Última Cena. En el primero, la gente fue a escuchar la palabra de Dios, como personas que han abierto el propio corazón a Dios y a los demás recíprocamente, así pueden recibir el pan de manera justa.
El segundo pasaje sobre el pan nos lleva al anticipo del tercero y constituye su preparación, el de la Última Cena, que se convierte en Eucaristía de la Iglesia y el milagro permanente de Jesús sobre el pan. Él mismo se ha convertido en pan para nosotros, y esta multiplicación de los panes durará de manera inagotable hasta el final de los tiempos. Así, ahora, comprendemos la palabra de Jesús, que Él toma del Antiguo Testamento, para rechazar al tentador: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. A este propósito, el Papa recuerda una frase de un jesuita alemán condenado a muerte por los nazis: “El pan es importante, la libertad es más importante, pero la cosa más importante de todas, es la constante fidelidad y la adoración jamás traicionada”.
El Santo Padre finaliza este extracto de su libro, contrastando este pasaje con la realidad del llamado Tercer Mundo y advierte que está en juego el primado de Dios: “No se puede gobernar la historia, advierte, con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, entonces ninguna otra cosa puede convertirse en buena. Y la bondad de corazón solamente puede venir de Aquel que es Él mismo la Bondad, el Bien”.
La cuestión joánica
Dos temas decisivos en la cuestión joánica: quién es el autor de este Evangelio y cuál es su credibilidad histórica. Respecto a la primera pregunta es el mismo Evangelio quien ofrece una clara afirmación en el relato de la Pasión, cuando se alude a uno de los soldados que atravesó el costado de Jesús con una lanza: “en seguida salió sangre y agua”, e inmediatamente añade: “quien lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis”. Y este era un testigo ocular, el mismo de quien se había dicho que estaba junto a la cruz y que era el discípulo a quien Jesús amaba, discípulo que después viene mencionado como el autor del Evangelio.
No obstante el nombre de este autor venga voluntariamente mantenido en secreto, sin embargo el Evangelio le atribuye la función de testigo y garante de lo sucedido, figura histórica, porque si no fuera así, las frases anteriores se vaciarían de significado, carecerían de sentido.
Aunque la tradición, desde tiempos de San Ireneo, muerto en torno al año 202, reconoce a este discípulo como San Juan, hoy han surgido dudas respecto a este nombre. Al mismo tiempo, estudios exegéticos modernos, inclinan la balanza de la autoría hacia San Juan, en base a los datos que examina el exegeta francés Henri Caselles, quien ha demostrado, con una investigación sociológica sobre las familias de pescadores, el sacerdocio del templo, la Cena en el Cenáculo, etc… que pueda ser Juan, el de Zebedeo, aquel testigo ocular como el autor del Evangelio.
La complejidad en la redacción del texto levanta, sin embargo, ulteriores preguntas. Si por una parte, Eusebio de Cesarea, en el año 338 dice haber conocido al “presbítero Juan”, perteneciente a la escuela joánica de Éfeso, que a su vez puede ser el autor de la 2ª y 3ª Carta de Juan, las dos figuras se sobrepondrían. Pero en cualquier caso, aunque Juan el presbítero no sea el mismo que Juan el evangelista, y fuera el primero quien dio estructura al evangelio, siempre se consideró como el administrador de la herencia del hijo del Zebedeo, el testigo ocular de la muerte de Jesús.
sábado, 14 de abril de 2007
Jesús de Nazaret. Autor: Benedicto XVI
El Vaticano presentó ayer Gezù di Nazaret (Jesús de Nazaret), el primer libro de Benedicto XVI, en el que se muestra a un Jesús ''real, el histórico'' y donde se afirma que Cristo es una figura ``históricamente sensata y convincente''.
El libro, de 448 páginas, saldrá a la venta el próximo lunes 16 de abril, coincidiendo con el cumpleaños 80 de Benedicto XVI, en italiano, alemán y polaco.
Posteriormente será traducido a una veintena de idiomas, entre ellos español y portugués.
El texto es la primera parte de una obra de dos volúmenes, en la que Benedicto XVI analiza la vida pública de Jesús de Nazaret desde el bautismo en el río Jordán hasta la Transfiguración.
Joseph Ratzinger empezó a escribirlo cuando era cardenal, en el 2003, y lo concluyó a finales de septiembre del 2006, siendo ya Papa.
El volumen está dividido en 10 capítulos: bautismo de Jesús, las tentaciones de Jesús, el Evangelio del Reino de Dios, el Discurso del Monte, las plegarias del Señor, los discípulos, el mensaje de la palabra, el tema de Juan (evangelista), la confesión de Pedro, la Transfiguración y las afirmaciones de Jesús sobre sí mismo.
En el libro, Benedicto denuncia que el mundo que excluye a Dios y se agarra sólo a la realidad visible y material corre el riesgo de autodestruirse en la búsqueda egoísta de un bienestar solo material.
Benedicto XVI, que en el análisis de la vida de Jesús también hace referencia al mundo actual, advierte que las ayudas de Occidente a los países en vías de desarrollo, ''basadas en principios puramente técnicos-materiales, no sólo han dejado a un lado a Dios sino que también han alejado a los hombres de él con el orgullo de la pedantería'', y han hecho del Tercer Mundo un mundo de tercera clase.
El Papa denunció que esas ayudas han dejado a un lado las estructuras sociales, religiosas y morales existentes y han introducido ``la mentalidad del vacío''.
A ello se refiere en las tentaciones y, en velada referencia al marxismo --del que dice que ``su promesa era que el desierto se convirtiera en pan''-- afirma: ``creían poder transformar las piedras en pan, pero han dado piedras en lugar del pan''.
''No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, nada podrá ser bueno y la bondad del corazón sólo puede venir de Dios, que es la bondad y el bien'', escribe el Papa.
El libro, de 448 páginas, saldrá a la venta el próximo lunes 16 de abril, coincidiendo con el cumpleaños 80 de Benedicto XVI, en italiano, alemán y polaco.
Posteriormente será traducido a una veintena de idiomas, entre ellos español y portugués.
El texto es la primera parte de una obra de dos volúmenes, en la que Benedicto XVI analiza la vida pública de Jesús de Nazaret desde el bautismo en el río Jordán hasta la Transfiguración.
Joseph Ratzinger empezó a escribirlo cuando era cardenal, en el 2003, y lo concluyó a finales de septiembre del 2006, siendo ya Papa.
El volumen está dividido en 10 capítulos: bautismo de Jesús, las tentaciones de Jesús, el Evangelio del Reino de Dios, el Discurso del Monte, las plegarias del Señor, los discípulos, el mensaje de la palabra, el tema de Juan (evangelista), la confesión de Pedro, la Transfiguración y las afirmaciones de Jesús sobre sí mismo.
En el libro, Benedicto denuncia que el mundo que excluye a Dios y se agarra sólo a la realidad visible y material corre el riesgo de autodestruirse en la búsqueda egoísta de un bienestar solo material.
Benedicto XVI, que en el análisis de la vida de Jesús también hace referencia al mundo actual, advierte que las ayudas de Occidente a los países en vías de desarrollo, ''basadas en principios puramente técnicos-materiales, no sólo han dejado a un lado a Dios sino que también han alejado a los hombres de él con el orgullo de la pedantería'', y han hecho del Tercer Mundo un mundo de tercera clase.
El Papa denunció que esas ayudas han dejado a un lado las estructuras sociales, religiosas y morales existentes y han introducido ``la mentalidad del vacío''.
A ello se refiere en las tentaciones y, en velada referencia al marxismo --del que dice que ``su promesa era que el desierto se convirtiera en pan''-- afirma: ``creían poder transformar las piedras en pan, pero han dado piedras en lugar del pan''.
''No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, nada podrá ser bueno y la bondad del corazón sólo puede venir de Dios, que es la bondad y el bien'', escribe el Papa.
miércoles, 11 de abril de 2007
Exitosa gestión del Papa ante Irán
Confirman que envió una carta a Irán pidiendo la liberación de los soldados.
Por Julio Algañaraz - Corresponsal de Clarín en Roma
El Papa intervino personalmente en la crisis que estalló tras la captura de 15 militares británicos en el confín marítimo entre Irán e Irak, con una carta que envió hace cuatro días al Guía Supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei. En la misiva, Benedicto XVI le pidió la liberación de los marinos de Su Majestad como "una prueba de buena voluntad".
Lo reveló ayer The Guardian de Londres. La noticia, que causó mucha sorpresa y tantas especulaciones, fue confirmada por el Vaticano como un paso diplomático del pontífice "por razones exclusivamente humanitarias". La carta fue consignada a Irán el miércoles pasado, horas antes de que se anunciara la liberación de los 15 marinos británicos.
El Papa auspició en la misiva que los súbditos de la reina pudieran ser restituidos a sus familias para celebrar con ellos la Pascua. Se trataría de un significativo gesto religioso, escribió Benedicto XVI.
Es obvio que el Papa no envió la carta a través de los canales diplomáticos (hay un embajador iraní en el Vaticano y un nuncio apostólico en Teherán) en forma espontánea. En estos casos siempre se hacen consultas previas en el más alto nivel y el ayatollah Jamenei debe haber comunicado a Roma que una misiva del Santo Padre sería bien recibida.
¿Cuál fue el impacto de la carta del pontífice en la solución de la crisis? En la conferencia de prensa que armó en Teherán el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad el miércoles para anunciar la liberación dijo que se había decidido "perdonar" a los prisioneros.
Muy importante, Ahmadinejad afirmó que la decisión había sido tomada en ocasión del aniversario del gran profeta Mahoma y de la Pascua que recuerda la pasión y muerte de Cristo. No hay que olvidar que Jesús es también uno de los profetas de la religión musulmana.
Entre la Santa Sede y el régimen de Irán hay una intensa actividad diplomática. Ahmadinejad escribió en diciembre al Papa para pedirle "en nombre de la cooperación entre las diferentes religiones", ayuda en el conflicto por el desarrollo del plan nuclear iraní, condenado por las Naciones Unidas.
El presidente de Irán se refirió en su carta a las "injustas relaciones" que hay entre los países. El Papa le respondió con un llamado para que los problemas entre los pueblos sean "resueltos con el diálogo, la mutua comprensión y la paz". El tono de la respuesta de Benedicto XVI gustó al régimen de Teherán que lo interpretó como un rechazo vaticano de las sanciones diplomáticas y las amenazas bélicas norteamericanas contra Irán.
The Guardian reveló además que, durante la crisis por los marinos prisioneros, los norteamericanos ofrecieron lanzar "patrullas agresivas" aéreas. La versión sostiene que los británicos se apresuraron a declinar la oferta y pidieron a EE.UU. que no echaran leña al fuego. Es preciso tener en cuenta que bastaba otro incidente para que entrara en llamas el Golfo, donde Washington estacionó una gigantesca fuerza naval.
Los norteamericanos creen que hay que darles una lección a los Guardianes de la Revolución, los famosos "pasdarán", que son quienes capturaron a los británicos. El gobierno de Tony Blair quiere alejar la perspectiva de una guerra que siente próxima contra Irán y por eso potenció todos los canales diplomáticos. Esa es otra historia que algún día se conocerá a fondo y que revelará cómo sobre la superficie se mostraron los músculos, mientras que por debajo hubo intensas negociaciones y concesiones.
Por Julio Algañaraz - Corresponsal de Clarín en Roma
El Papa intervino personalmente en la crisis que estalló tras la captura de 15 militares británicos en el confín marítimo entre Irán e Irak, con una carta que envió hace cuatro días al Guía Supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei. En la misiva, Benedicto XVI le pidió la liberación de los marinos de Su Majestad como "una prueba de buena voluntad".
Lo reveló ayer The Guardian de Londres. La noticia, que causó mucha sorpresa y tantas especulaciones, fue confirmada por el Vaticano como un paso diplomático del pontífice "por razones exclusivamente humanitarias". La carta fue consignada a Irán el miércoles pasado, horas antes de que se anunciara la liberación de los 15 marinos británicos.
El Papa auspició en la misiva que los súbditos de la reina pudieran ser restituidos a sus familias para celebrar con ellos la Pascua. Se trataría de un significativo gesto religioso, escribió Benedicto XVI.
Es obvio que el Papa no envió la carta a través de los canales diplomáticos (hay un embajador iraní en el Vaticano y un nuncio apostólico en Teherán) en forma espontánea. En estos casos siempre se hacen consultas previas en el más alto nivel y el ayatollah Jamenei debe haber comunicado a Roma que una misiva del Santo Padre sería bien recibida.
¿Cuál fue el impacto de la carta del pontífice en la solución de la crisis? En la conferencia de prensa que armó en Teherán el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad el miércoles para anunciar la liberación dijo que se había decidido "perdonar" a los prisioneros.
Muy importante, Ahmadinejad afirmó que la decisión había sido tomada en ocasión del aniversario del gran profeta Mahoma y de la Pascua que recuerda la pasión y muerte de Cristo. No hay que olvidar que Jesús es también uno de los profetas de la religión musulmana.
Entre la Santa Sede y el régimen de Irán hay una intensa actividad diplomática. Ahmadinejad escribió en diciembre al Papa para pedirle "en nombre de la cooperación entre las diferentes religiones", ayuda en el conflicto por el desarrollo del plan nuclear iraní, condenado por las Naciones Unidas.
El presidente de Irán se refirió en su carta a las "injustas relaciones" que hay entre los países. El Papa le respondió con un llamado para que los problemas entre los pueblos sean "resueltos con el diálogo, la mutua comprensión y la paz". El tono de la respuesta de Benedicto XVI gustó al régimen de Teherán que lo interpretó como un rechazo vaticano de las sanciones diplomáticas y las amenazas bélicas norteamericanas contra Irán.
The Guardian reveló además que, durante la crisis por los marinos prisioneros, los norteamericanos ofrecieron lanzar "patrullas agresivas" aéreas. La versión sostiene que los británicos se apresuraron a declinar la oferta y pidieron a EE.UU. que no echaran leña al fuego. Es preciso tener en cuenta que bastaba otro incidente para que entrara en llamas el Golfo, donde Washington estacionó una gigantesca fuerza naval.
Los norteamericanos creen que hay que darles una lección a los Guardianes de la Revolución, los famosos "pasdarán", que son quienes capturaron a los británicos. El gobierno de Tony Blair quiere alejar la perspectiva de una guerra que siente próxima contra Irán y por eso potenció todos los canales diplomáticos. Esa es otra historia que algún día se conocerá a fondo y que revelará cómo sobre la superficie se mostraron los músculos, mientras que por debajo hubo intensas negociaciones y concesiones.
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