
Nada sucede sin la venia del Señor. Todo encaja en su Divina Providencia, por lo que abandonarse en sus brazos y repetir la oración de cada dia "Hágase tu Voluntad..." es la forma más sabia y más humana de aceptar la vida con sus grandezas y sus miserias.
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domingo, 19 de julio de 2009
fantasías inventadas para distraernos. es el momento del compromiso frente a antiguos resentimientos contra nuestra fe. aseguró el Cardenal.

viernes, 17 de julio de 2009
Jaime Ortega cardenal de Cuba negó que el odio a los sacerdotes haya sido la causa del crimen. no hay tal ha dicho el Pastor
El arzobispo católico de La Habana, cardenal Jaime Ortega, negó hoy que los asesinatos de dos sacerdotes españoles en Cuba este año sean manifestación de odio contra los religiosos o contra España en la isla, o que tengan significado político.
En la homilía que leyó en la catedral habanera durante el funeral del cura cántabro Mariano Arroyo Merino, torturado y asesinado el lunes pasado, el prelado protestó porque en medios de prensa de otros países se ha hablado de "desamor de los cubanos a los sacerdotes''.
''Hay preguntas insidiosas que algún comentarista se atrevió a hacer, buscándole una significación anti-religiosa y aún anti-española, con matices políticos, al asesinato del padre Arroyo'', agregó.
''¡Por Dios! -exclamó- No es odio a los sacerdotes por su condición de tales, ni odio a los españoles. No se juzgan los sentimientos de un pueblo a partir de la actuación de unos delincuentes, vulgares criminales de la peor especie que, desgraciadamente, existen en todas partes, incluyendo los sitios de donde proceden esos juicios''.
Ortega también dijo que "los detalles de la tortura a que fue sometido el padre Mariano, de la crueldad desplegada por sus asesinos para llevar a cabo su acción criminal, nos llevaron a todos los que conocimos, tratamos y quisimos a ese sacerdote ejemplar, del estupor y la tristeza a la indignación y al ansia de esclarecer tan terrible injusticia''.
El cadáver de Arroyo Merino, de 74 años, fue encontrado en la casa anexa a la parroquia del barrio habanero de Regla, en la madrugada del lunes, amordazado, maniatado, acuchillado y parcialmente quemado.
El cardenal reiteró su anuncio del jueves de que la policía cubana ya detuvo al asesino confeso del sacerdote cántabro, así como al autor del homicidio del otro cura español asesinado, Eduardo de la Fuente Serrano.
El madrileño De la Fuente, de 61 años, era párroco de la iglesia de Santa Clara, en el barrio habanero de Lawton, y su cuerpo fue encontrado apuñalado y estrangulado en febrero pasado.
''Agradecemos a los servicios policiales su premura y eficiencia'', dijo Ortega, hasta ahora única fuente oficial sobre esos crímenes y los resultados de las investigaciones.
Sobre el primer asesinato el prelado dijo que ha sido apresado "el ejecutor'', que confesó su crimen, y agregó que en ese caso el proceso de investigación "fue más complejo y demorado'' y será llevado ahora a juicio.
En aquella ocasión, los delincuentes ignoraban que habían matado a un sacerdote, dijo Ortega, que en su comunicado del jueves rechazó "cualquier intento de vincular un caso con otro, o a darle un matiz religioso o político ajeno totalmente a la realidad del hecho criminal en sí mismo''.
El comunicado y la homilía del cardenal son las primeras informaciones públicas que se divulgan sobre las investigaciones de esos asesinatos, de las que habían guardado silencio total hasta ahora el arzobispado, las autoridades cubanas y la embajada española en la Habana.
Los medios de comunicación cubanos, todos oficiales, no han publicado nada sobre esos dos crímenes. EFE
los ataques de Morales a la Iglesia son para ocultar su incapacidad

A tiempo de referirse a las aseveraciones del presidente Evo Morales contra la Iglesia Católica, la principal autoridad de la Cámara Alta, Oscar Ortiz, sostuvo que el gobierno busca distraer la atención de la opinión pública ante su incapacidad de resolver los problemas económicos del país, desempleo y sobre todo de salud.
La autoridad mencionó que “el gobierno crea circos y no da pan, porque es más fácil atraer la atención pública con peleas que con gestión, creo que la estrategia de confrontación permanente en realidad lo que busca es ocultar su falta de capacidad para resolver los problemas de los bolivianos”.
Al mismo tiempo, cuestionó la permanente campaña electoral del Movimiento Al Socialismo y la falta de gestión pública durante estos tres últimos años.
“Uno de los principales problemas que tenemos, es que el presidente y su gobierno viven en campaña electoral y realmente no se dedican a la gestión publica, los tres años anteriores habían ingresos muy altos al país por el auge económico internacional, hoy día, hay una situación distinta y se requiere realmente que haya capacidad de gestión, que haya preocupación por los problemas de la gente”, apuntó el senador cruceño.
lunes, 13 de julio de 2009
valiente y clara la postura asumida en Honduras por su Cardenal frente a intrigas de la gente de Zelaya

El cardenal Óscar Andrés Rodríguez recibe a elmundo.es en una austera oficina a la que ha tenido que trasladarse por razones de seguridad y después de recibir amenazas de muerte tras el claro posicionamiento de la iglesia hondureña.
¿Cómo valora la reacción de la comunidad internacional?
- A la comunidad internacional le ha ocurrido lo mismo que dice el Salmo: “Tiene ojos y no ve, tiene oídos y no escucha, tiene lengua y no habla”.
Tristemente no han querido ver la realidad ni lo que aquí estaba pasando. Lo que pasa en Honduras no es solo lo que pasó la noche del 28 de junio, es algo que viene ocurriendo desde hace un año, cuando el ex presidente Zelaya apuesta por la Alba (Alianza Bolivariana para las Américas) y por un proyecto bien definido para cambiar la Constitución.
En los últimos días (antes del 28 de junio) hay una constante violación de leyes por parte del poder Ejecutivo. El presidente llega a asaltar con una turba la Fuerza Aérea, donde estaba el material para la consulta ilegal que pretendía hacer, resguardada por orden judicial.
¿El resto de países han sido injustos con Honduras?
- Somos un país pequeño e insignificante y da la sensación de que a los pobres se nos abandona a su suerte. Ya vivimos 20 años bajo regímenes dictatoriales y lo que se estaba preparando ahora era otra dictadura.
¿Fue un golpe de Estado?
- Yo diría que no. Porque si usted ve los pasos dados, son los previstos en la Constitución. Golpe hubiera sido si el jefe de Estado fuera un militar, si los ministros fueran militares y si se hubiera disuelto el Congreso o la Corte Suprema de Justicia.
Aquí, incluso algunos ministros del gobierno anterior siguen siendo ministros. Lo que hizo el Ejército fue cumplir una orden de un juez.
¿Pero no creo que la Constitución hable de sacarlo del país de noche y en pijama...?
- Ese es el punto más negativo de todo lo que ha pasado. Lo condeno absolutamente pero pensaron que en ninguna cárcel del país iba a ser posible garantizar su seguridad ni evitar su fuga.
¿Fue difícil para usted tomar partido?
- La Iglesia Católica tiene fieles entre los partidarios y los detractores de Zelaya y nuestra misión no es optar por una posición concreta, sino tratar de buscar la reconciliación y la paz y por eso me llaman ahora el Cardenal golpista.
No soy golpista y yo he trabajado más que muchos de los que ahora me llaman golpista para que aquí no hubiera golpes militares.
¿Su postura cuenta con el aval del Vaticano?
- La Santa Sede confía en obispos locales y suponiendo que me desautorizara la Santa Sede lo haría con los once obispos de Honduras que firmaron el comunicado después de documentarnos y en conciencia.
El político puede que haga componendas pero el religioso no puede pactar cuando su conciencia le marca un camino.
¿Qué conclusiones pueden sacar las élites políticas y económicas del país después de lo sucedido?
- Todo esto es consecuencia de la injusticia social en la que se ha vivido. Zelaya infundó esperanza a las clases más pobres porque supo hacer cosas buenas y dio esperanza.
La misma clase política tiene que entender que las cosas no pueden seguir como hasta ahora y que si no se hace un esfuerzo para luchar contra la corrupción y las condiciones de pobreza se puede llegar a una situación que no queremos.
¿Cómo eran sus relaciones con Zelaya?
- Mire, el Presidente es mi amigo. ¡Incluso fue mi alumno! Hablábamos con mucha frecuencia y siempre ha tenido mucho respeto por mi persona pero desde agosto, cuando vino Chávez (y hasta atacó la memoria de un Cardenal), tuvo vergüenza de volver a llamarme.
Pero el 11 de junio teníamos reunión de la Conferencia Episcopal y el presidente Zelaya me pidió asistir.
Tuvimos una reunión donde tratamos de convencerlo de que quitara esa cláusula de la encuesta, porque no era en realidad una encuesta...
Me reprochó que en la homilía del sábado anterior yo le dijera: Presidente ¿por qué la prisa en cambiar la Constitución? Estuvimos con él tres horas y media y entendimos que había desistido, pero no fue así. "Ahora solo pedimos a Chávez nos deje en paz y que se dedique a gobernar con justicia"
El país parece estar más dividido que nunca. Es lo que más me duele. Ni en los tiempos de las guerras centroamericanas en Honduras hubo el odio de ahora, y es un odio de clases.
Y es algo que aparece de forma sistemática. “Mel” Zelaya tenía asesores y el odio de clases era la estrategia. Nosotros queremos la paz. Y el que dude que la quiero, el que por cumplir un deber de conciencia me llame golpista, está siendo injusto.
¿Qué pasa si Zelaya intenta volver?
- Faltan meses para que acabe este gobierno y me pregunto con quién gobernaría. Zelaya no tiene ya ni autoridad jurídica ni moral.
La jurídica la perdió porque violó las leyes y la moral con su discurso lleno de falsedades. Entonces, a qué va a volver un gobierno que fracasó.
Lo más patriótico sería retirarse, lo demás es tratar de imponer a toda costa el proyecto de Hugo Chávez. Y si eso sigue adelante nos prepararemos para la esclavitud.
sábado, 11 de julio de 2009
la última homilía del cardenal Terrazas es comentada por El Deber. A no perder la Fe.
La máxima autoridad eclesiástica hizo su emocionada exhortación en la principal ceremonia de homenaje a los 400 años de la Arquidiócesis de Sucre, en presencia de las máximas autoridades católicas bolivianas y el Nuncio Apostólico de su Santidad Benedicto XVI.
En la oportunidad, el prelado expresó que vale la pena luchar para que nadie nos arrebate la fe y pidió al pueblo que se mantenga firme y despierto en dirección al proyecto de Dios.
También se refirió enfáticamente a la necesidad de despojar el odio, la venganza y cualquier actitud violenta. Durante la eucaristía, Terrazas formuló asimismo una autocrítica recordando que los religiosos fueron llamados a cumplir una misión evangélica y no a incentivar “discursos trillados”.
“Hay que ser discípulo del único Maestro, no de aquel que viene a echar discursos fugaces”, remarcó.
Y en estos tiempos inciertos en que la humanidad, casi toda, y nosotros en particular, nos debatimos a veces desorientados, la exhortación, expresada con sencillez pero con la hondura del pastor, nos sacude y reaviva el ánimo.
Usualmente hacemos alarde de nuestra bien dotada fe que recibimos de nuestros mayores y que, en tiempos más cortos o más largos, vamos a transmitir a la progenie, quizás más robusta, quizás menos, pero fe, al fin. No nos desentendamos, ganémosles al derrotismo y a la adversidad convencidos de estar en posesión del don más preciado que no es otro que el de la vida.
Estamos, imposible presentarlo con otras características, transitando páramos tortuosos nada prometedores, dejando gruesos jirones de alma en cada día de lucha. Pero el hálito de vida nos mantiene de pie desde que el sol brilla en el cielo. Y si en medio de esa bendición que es el calor del sol se escucha un llamado sonoro a la fe, pues cómo no percibir el vislumbre, al menos, de días mejores para un mañana no lejano.
Largos, interminables se harán los caminos del abatimiento, de la postración, si no alimentamos, cada cual a su modo, la fe. A eso, a alimentar la fe de su rebaño, aporta en estas horas inciertas el Cardenal con su palabra que desde ya obra eficazmente como un bálsamo. Un toque de esperanza enciende los rostros de los hombres y las mujeres de la grey boliviana.
viernes, 10 de julio de 2009
Presidenta Cristina participa piadosa en Te Deum celebrado en Tucumán, Argentina
En el tradicional tedeum por el Día de la Declaración de la Independencia, el arzobispo de Tucumán, Luis Héctor Villalba, pronunció una homilía que la presidenta Cristina Kirchner pudo interpretar como una velada crítica a su gobierno, por cuanto exhortó a la clase dirigente a desarrollar las "virtudes del amor, la benevolencia y la mansedumbre", mientras que criticó la "prepotencia" y el "hablar mal del otro".
Llamó a la clase dirigente a "edificar la patria", privilegiando los "gestos valientes" de diálogo y la "convergencia positiva" por encima de las "parcialidades".
La presidenta Cristina Kirchner, vestida con un tapado a cuadros, negro y blanco, y pañuelo al cuello en tonos lila, estuvo acompañada por su gabinete y, por momentos, acusó recibo de los dichos del obispo.
"El país reclama honestidad y transparencia -dijo Villalba-. El manso no guarda rencor; no es vengativo. No da vueltas sobre la ofensa recibida; no reabre las heridas. No se altera; mantiene la propia compostura."
Villalba consideró: "La mansedumbre no pone en el primer lugar el poder y la supremacía. Por el contrario, sabe hacer gestos valientes, de paz, de diálogo".
En lo que constituyó el primer mensaje de la Iglesia después de la dura derrota electoral del Gobierno en los principales distritos del país, monseñor Villalba añadió que el país requiere "hombres virtuosos" en todos los niveles de la sociedad y que esas virtudes deben estar en quienes "tienen mayores responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales y religiosas".
Señaló, además, que esas virtudes se deben dirigir "a esa inmensa multitud de hermanos que necesitan pan, trabajo, educación, seguridad y paz" y que se debe actuar con amor "al prójimo en toda circunstancia".
Y completó: "La virtud de la benevolencia lleva a no tratar mal al otro, a no hablar mal de nadie. Nos hace amplios y de mente abierta. No se debe tener como prédica destructiva para afirmar posturas propias".
El año pasado, monseñor Villalba había aludido también a la necesidad de diálogo en su homilía del 9 de Julio. Pero aquel día, en uno de los momentos más dramáticos del conflicto del Gobierno con el campo, la Presidenta faltó al tedeum y sólo concurrió al acto político por el Día de la Declaración de la Independencia.
Ayer, en cambio, Cristina Kirchner siguió con atención cada palabra del arzobispo de Tucumán.
"La benevolencia privilegia la convergencia positiva. Supera las parcialidades y ve el conjunto, que es el fundamento para promover el bien común. El bien común siempre pedirá el sacrificio de algún aspecto particular y la pretensión de afirmar de manera absoluta el propio punto de vista", aseveró el prelado.
Luego del tedeum, la jefa del Estado rindió homenaje en la Casa Histórica a los próceres que en ese solar declararon la independencia en 1816. Casi como si se hubiera inspirado en las palabras de Villalba, sacó a relucir el mensaje del diálogo político por primera vez luego de un largo tiempo.
martes, 7 de julio de 2009
texto de la nueva encíclica "el amor en la verdad" que está llamado a despertar debate. publicamos cinco primeros acápites

1. La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,22). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1 Co13,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, Él mismo es la Verdad (cf. Jn 14,6).
2. La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Para la Iglesia —aleccionada por el Evangelio—, la caridad es todo porque, como enseña San Juan (cf. 1 Jn 4,8.16) y como he recordado en mi primera Carta encíclica «Dios es caridad» (Deus caritas est): todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo. La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.
Soy consciente de las desviaciones y la pérdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad, con el consiguiente riesgo de ser mal entendida, o excluida de la ética vivida y, en cualquier caso, de impedir su correcta valoración. En el ámbito social, jurídico, cultural, político y económico, es decir, en los contextos más expuestos a dicho peligro, se afirma fácilmente su irrelevancia para interpretar y orientar las responsabilidades morales. De aquí la necesidad de unir no sólo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de la «veritas in caritate» (Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complementario, de «caritas in veritate». Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la «economía» de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad. De este modo, no sólo prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar y persuadir en la concreción de la vida social. Y esto no es algo de poca importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendiéndose de ella, bien rechazándola.
3. Por esta estrecha relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, también las de carácter público. Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión. Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario. La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez «Agapé» y «Lógos»: Caridad y Verdad, Amor y Palabra.
4. Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es «lógos»que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión. La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el lógos del amor: éste es el anuncio y el testimonio cristiano de la caridad. En el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad.
5. La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros. Es amor creador, por el que nosotros somos; es amor redentor, por el cual somos recreados. Es el Amor revelado, puesto en práctica por Cristo (cf. Jn 13,1) y «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» (Rm5,5). Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.
La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es «caritas in veritate in re sociali», anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergia a la vez de los dos ámbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales.